A Tomás Borge le viene de Darío la palabra, 

de la tierra que conoció de niño, de los volcanes, 

de la sonrisa con que lo encandilan 

las mujeres que en la cabeza llevan 

las más hermosas flores de Nicaragua. 

El amor por la patria le nace, huesos adentro, 

de lo más profundo de las entrañas. 

En las riberas de los ríos, en los puertos, en las montañas, 

en la oscuridad de los cines, acuclillado, en las calles, 

en las multitudes que vitorean a la libertad, 

en el centro de los reclamos populares, 

aprendió a querer a la gente sencilla 

que busca el pan y la alegría y es fraterna 

con los propios y con los que vienen de fuera 

con los brazos abiertos de paz y esperanza. 

Fue un amante de la justicia y la puso por delante 

todos los días, los meses y los años de su vida.