La personalidad del Comandante Tomás Borge es de tanta transcendencia para la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional y la Revolución, que la historia no fuera la misma sin él, según el Comandante Guerrillero Juan José Úbeda.

Úbeda estuvo en la Revista En Vivo con Alberto Mora, y habló del legado, de la lucha revolucionaria y de la entrega del Comandante Tomás Borge Martínez, en víspera del aniversario número 8 de su paso a la inmortalidad.

Lo calificó como un ícono, una especie de espejo en que se han reflejado las generaciones que le dan continuidad a la Revolución y transformación de la sociedad nicaragüenses.

El Comandante Juan José Úbeda abordó sobre la vida del Comandante Tomás, destacando su carisma, audacia, lealtad, estratega militar y su faceta intelectual.

Tomás Borge solo con el ejemplo supo educar a varias generaciones de sandinistas, ejemplo de firmeza, de dureza frente al enemigo.

Fue torturado todas las veces que cayó preso, y particularmente la última vez que estuvo detenido, que lo iban a matar, y no lo matan porque no se sacaron información, si Tomás se hubiera rendido a sus torturadores lo matan. Si le hubieran sacado la información ya no le servía más y lo matan”, relató.

El Comandante Úbeda destaca que en 8 meses que estuvo preso junto al Comandante Tomás escuchó de viva voz, en largas pláticas, toda la historia del Frente Sandinista y que él había vivido como protagonista, historias que luego las reflejó en el libro La Paciente Impaciencia.

“Otro de los legados, es que Tomás fue capaz de transmitirnos su confianza en que la Revolución iba a triunfar, para nosotros quizás hubiera sido más fácil porque nuestra vida política era más corta, pero él que había luchado tantos años y seguía con fe, con confianza y convicción, para nosotros era una inyección de optimismo y de seguridad que al final que les daba ese empuje contra la dictadura”, comentó.

La muerte del Comandante Carlos Fonseca quizás fue uno de los golpes más duro para el comandante Tomás Borge, y lo resume la frase que resuena en la memoria de cada sandinista: Carlos Fonseca es de los muertos que nunca mueren, y según relata Úbeda, “eran uña y carne, y si hay algo que lo estremeció fue la caída de Carlos”.

Ya como dirigente de la Revolución después del triunfo, al frente del Ministerio del Interior, fue capaz de hacer cosas increíbles, imprimirles un espíritu humanista a estas instituciones. A la Policía Nacional, Centinelas de la Alegría del Pueblo. En el sistema penitenciario pululaban las granjas donde los privados de libertad trabajaban sembrando sus alimentos. “Todo esto fue obra del pensamiento de Tomás”, comentó.