Intervención del Canciller Bruno Rodríguez Parrilla durante el debate del tema sobre necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, hoy 28 de octubre en la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

Señor Presidente, excelentísimos señores representantes permanentes, distinguidos delegados:

Deseo expresar condolencias al Reino de España por las pérdidas de vidas en el accidente ferroviario de Toledo. Deseo encomiar la manera en que el presidente de la Asamblea General hiciera prevalecer ayer el Reglamento de procedimientos de esta Asamblea.

Debo denunciar la actitud irrespetuosa y provocadora de la delegación de los Estados Unidos ayer en esta sala, en particular el acoso y filmaciones sin consentimiento por parte de uno de sus funcionarios contra nuestra delegación, que implicaron la intervención de personal de seguridad de las Naciones Unidas. Se trata de actos incompatibles con el decoro, el respeto a la dignidad personal y la privacidad que deben prevalecer en este recinto, y también se trata de una maniobra contra una importante candidatura cubana a un órgano de las Naciones Unidas.

Denuncio la presencia en esta sala de un conocido terrorista, responsable de actos de terrorismo contra Cuba, representante de dos organizaciones terroristas asentadas en territorio de los Estados Unidos, invitado por la misión permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Es el número 52 en la lista de personas buscadas internacionalmente por la República de Cuba, según resolución legal y Gaceta Oficial, por actos de terrorismo.

Es también un delincuente responsable de fraudes que ha recibido copioso financiamiento del gobierno de los Estados Unidos y ha desviado para uso personal. Le pido, señor presidente, que solicite a la Secretaría de las Naciones Unidas que chequee la condición en que este sujeto está presente en la galería y solicito que se le retire de inmediato. Es una ofensa, señor presidente, a todas las víctimas del terrorismo, en particular a las víctimas del 11 de septiembre y a las víctimas cubanas de actos terroristas organizados y financiados desde territorio estadounidense. Es un ultraje y una demostración total de que no es Cuba quien debe figurar en la infame Lista de países patrocinadores del terrorismo.

Señores embajadores, señores delegados:

El discurso de ayer del representante de los Estados Unidos de América hace más fácil la tarea de nuestra Asamblea y mi responsabilidad de argumentar las posiciones de la República de Cuba.

Hizo famosa la frase “This is America” (“Esto es América”). No es un lapsus, no es un mero error conceptual ilegal. Esto es Naciones Unidas, es la Organización de Naciones Unidas, es la capital del multilateralismo, es la capital de un orden internacional que tendría que estar basado en el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, es el órgano más universal y democrático de las Naciones Unidas.

Esa frase refleja una visión del mundo que trata y considera al planeta como si fuera parte del territorio estadounidense, que mira a Cuba y los mira a ustedes como si fueran algo cercano a uno de los 50 Estados de la Unión. Es la base del concepto de la paz mediante la fuerza, de la imposición de la paz mediante la fuerza. 

Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí. 

Demuestra el cinismo y la hipocresía cuando se califica a Cuba de una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de la mayor potencia nuclear del planeta.

El representante de Estados Unidos dijo ayer una segunda frase muy importante que hace más claras las cosas. Dijo: “el bloqueo contra Cuba no existe”.

Cada minuto de dilación procesal, cada minuto de nuestras deliberaciones, implica daños extraordinarios a nuestro pueblo. No puede medirse por el reloj de esta sala, puede medirse, y pido al webcast que haga zoom, puede medirse por este contador que marca los daños del bloqueo a Cuba que se han producido desde el principio de esta sesión en el día de ayer, contados a precios corrientes en dólares estadounidenses. Desde que comenzó esta sesión, los daños del bloqueo equivalen a más de 22,9 millones de dólares.

Señor Presidente:

Una gran potencia agrede por vía de la guerra económica a un Estado miembro de esta Organización, una nación independiente, pacífica, solidaria y pequeña. Lo hace con fines de dominación y “cambio de régimen”. Esta agresión incluye un bloqueo de combustible que equivale a un bloqueo naval, que es un acto de guerra y un acto de castigo colectivo y de genocidio, proscritos por el Derecho Internacional. Sus durísimas consecuencias recaen sobre las personas, limitan sus derechos fundamentales, afectan a terceros países y convierten necesidades esenciales de la población en instrumentos de coerción política.

Sus efectos terminan en la mesa de las familias cubanas, en la cama de un enfermo, en un parto o en un quirófano, en la alimentación o el aula de un niño, en la falta de electricidad, agua potable y medicamentos, en los altos precios de bienes indispensables para la vida.

La Asamblea General se ha pronunciado sobre este tema desde 1992, pero hoy lo hace en un escenario nuevo y extraordinario. El gobierno de Estados Unidos ha desatado una ola de presiones, intimidación y chantaje sobre muchos Estados miembros con la exigencia coercitiva, ilegal, inmoral e injustificada de que cambien su tradicional posición y asuman una postura contraria a la que, de manera fundada y coherente, han ejercido por décadas como acto soberano. Puedo demostrarlo con un documento que me acompaña. Seguramente está en poder de muchos de ustedes.

Se trata de definir la postura de la Asamblea General ante el uso de la intimidación y las medidas coercitivas unilaterales para intentar dictarle al resto de los Estados miembros qué decir y cómo votar; con cuáles naciones pueden comerciar libremente y con cuáles no; a dónde pueden transportar sus empresas navieras y a dónde no; con qué país pueden sostener relaciones financieras y con cuáles no.

Hoy la presión la dirigen contra Cuba; ¿contra qué Estado podrían emplearla mañana?

Se trata también de definir hoy si las Naciones Unidas condenan o aceptan el castigo colectivo y el empeño de doblegar la voluntad política de un Estado soberano por vía de la asfixia económica y la imposición del hambre, el sufrimiento y la desesperación a toda la población o la destrucción de una nación.

Todos conocen que el gobierno de Estados Unidos ha reforzado en extremo la agresión contra Cuba desde inicios de este año, con la pretensión pública y oficialmente manifiesta de apoderarse del país, controlar su economía y ejercer dominación. Ha utilizado abiertamente la amenaza de uso de la fuerza militar e impuesto decenas de medidas económicas coercitivas adicionales a las existentes desde hace décadas, reforzadas en extremo desde 2019 y convertidas en un asedio medieval desde el pasado mes de enero.

Desde julio, la agresión adquiere una nueva y descarnada dimensión, con los esfuerzos del gobierno estadounidense por obstaculizar, entorpecer y sabotear el amplio programa de transformaciones económicas y sociales que, soberanamente, se ha trazado nuestro país en su ordenamiento económico y empresarial para adaptarse a los nefastos cambios en el orden económico internacional y frente a la guerra económica impuesta.

Pese a todo, no cejaremos en este empeño por el bienestar y la dignidad de los cubanos.

El Secretario de Estado, refiriéndose a los esfuerzos de Cuba, expresó el pasado 7 de agosto públicamente, y cito: “lo que estamos tratando de hacerles entender es que no hay ninguna válvula de escape … cada vez que creen un nuevo mecanismo para intentar librarse del lazo de la horca, nosotros simplemente lo apretaremos más”. Fin de la cita.

El pretexto más empleado y manipulado por el gobierno de Estados Unidos para tratar de justificar su actuación es presentar a Cuba como una supuesta amenaza para la súper potencia nuclear o, incluso, para el hemisferio. Se sabe que ningún gobierno aquí representado admite o acepta tan burda falacia. Carecen de argumentos.

Además de otras consideraciones que son conocidas y evidentes, al gobierno de Estados Unidos le consta y podría reconocer si actuara con honestidad que, lejos de constituir una amenaza, Cuba ha contribuido a las prioridades de seguridad nacional de ese país.

El gobierno cubano ha aportado en varias ocasiones, a lo largo de los años, información sensible relativa a amenazas vinculadas al narcotráfico, al terrorismo y otros delitos transnacionales de potencial impacto para Estados Unidos y la región. Es información aportada incluso en tiempos recientes, a pesar de la hostilidad manifiesta de este gobierno.

El bloqueo de combustible es un acto de castigo colectivo que amenaza la vida de los cubanos.

Las imputaciones mendaces sobre Cuba son conocidas y ninguna resiste el más mínimo escrutinio. Agregan como pretexto acusaciones fantasiosas sobre desigualdades, supuesto acaparamiento de riquezas y élites favorecidas. Lo hace la mayor y más corrupta plutocracia de la historia, donde manda el dinero en vez de los electores, que tiene el más grande y políticamente influyente complejo militar-industrial, considerado para esta disfuncional democracia un peligro por ella misma.

También esgrimen como pretexto que Cuba supuestamente practica la esclavitud o la trata de personas, calumniando al personal médico y los programas de cooperación internacional de salud en más de 50 de los Estados aquí representados, y despliegan crueles presiones y chantajes para abortarlos.

El bloqueo mata y castiga silenciosamente a nuestra población como nunca antes. Desde el inicio de la política de máxima presión nuestra tasa de mortalidad infantil se ha duplicado. No son estadísticas, no son cifras, son niños, son vidas cercenadas al nacer con inmenso dolor para esas familias.

Muchos de ustedes son madres o padres, saben que ninguna estadística expresa lo que significa no disponer del medicamento para un hijo o la espera de una familia por una cirugía que se aplaza.

Hoy falta el 70% de los medicamentos del esquema básico a pesar de que todos, casi todos podemos producirlos, y unas 100.000 personas, incluidos 12.000 niños, esperan por cirugías. Por esos niños y sus familias en Cuba estamos hoy aquí y por nuestro pueblo abnegado, estrechamente unido, instruido y consciente, noble y solidario, patriótico y digno que no se detiene, que se levanta todos los días superando obstáculos, buscando y participando en las soluciones con extraordinario esfuerzo.

Ningún pueblo merece el sufrimiento y abuso que hoy se nos impone.

Este es el medicamento Pemetrexed, lo produce la empresa Eli Lilly, aquí en Estados Unidos. Es idóneo para el cáncer de pulmón.

En mi país hay pacientes que lo necesitan y no pueden tenerlo, no porque no exista, no porque no lo podríamos pagar, no lo tenemos porque es estadounidense y el bloqueo impide comprarlo.

El número de muertes por cáncer en Cuba ha aumentado significativamente. Aunque los índices de supervivencia cubanos siguen siendo superiores a los de la mayoría de los países de ingresos medios y bajos, y comparables al primer mundo y por encima de las metas de la Organización Mundial de la Salud, han disminuido en los últimos años. En el caso de los niños y jóvenes, la supervivencia cayó de un 85% a un 65%, tendencia que coincide con los momentos más duros del cerco energético.

Este es el medicamento Neuralcim. Es un medicamento cubano.

¿Por qué el bloqueo contra Cuba impide que 7 millones de estadounidenses reciban los beneficios de este medicamento que es único, que puede hacer frente al Alzheimer, a la demencia senil, a las enfermedades neurodegenerativas, con un tratamiento de efectividad demostrada, incomparablemente superior con sus similares?

Es que la política absurda del gobierno EE. UU. bloquea todo aquello que sostiene la vida. Este fármaco contra el cáncer y este otro, que porta una molécula que ayuda a que miles de personas retarden el doloroso proceso de olvidar, es bloqueado por una política infame.

No hablamos de números, hablamos de vidas, oportunidades de curación, tragedias y traumas, de las angustias cotidianas del personal médico y sanitario.

La generación de electricidad de las instalaciones móviles y grupos electrógenos de fuel y diésel del país se redujo extremadamente.

El 85% de los sistemas de bombeo de agua potable en Cuba dependen de la electricidad; 2,6 millones de personas sufren problemas de acceso al agua potable.

El gobierno de Estados Unidos obstaculizó el envío de 7 mil contenedores contratados incluso por compañías privadas cubanas, mayormente con alimentos, medicamentos, equipos médicos e incluso insumos para hemodiálisis que no pudieron arribar oportunamente a nuestros puertos.

La persecución a las navieras, la intercepción de buques y la imposición de sanciones secundarias contra quien interactúe con Cuba, violan las normas de comercio internacional y la libertad de navegación.

Seis de cada diez estadounidenses desean normalizar las relaciones con Cuba, se oponen a una acción militar, se oponen a “tomar control” de la isla y dicen que no confían en las decisiones de su gobierno al respecto. La mitad de los estadounidenses se opone al bloqueo de combustible, que solo apoya una cuarta parte de estos. En la conversación social de las últimas semanas, el 72% de los ciudadanos estadounidenses, de los contribuyentes que sostienen a esta misión, de los electores que eligen gobiernos se oponen al bloqueo a Cuba.

El gobierno de Estados Unidos no tiene derechos ni prerrogativas para intentar gobernar a la población cubana, hacer injerencia en los asuntos internos del país, determinar el destino de la Nación, apropiarse de la riqueza o ejercer dominio sobre nuestro territorio.

Las escasas, draconianas y onerosas excepciones al bloqueo, mediante muy limitadas licencias gubernamentales no demuestran que el bloqueo no exista, precisamente demuestran lo contrario.

La cifra engañosa de un ayuda humanitaria de 100 millones de dólares, de la que apenas ha arribado a Cuba unos pocos cientos de miles equivale o equivaldría la totalidad de los 100 millones, a los daños económicos que provoca el bloqueo en 5 días y alcanzaría sólo para financiar una limitada generación eléctrica para apenas dos semanas. Damos la bienvenida a esa ayuda humanitaria y esperamos que no se intente manipularla políticamente. Pero la ayuda humanitaria no puede sustituir el derecho de Cuba a comerciar sin sanciones estadounidenses, sin manipulaciones políticas.

Estamos convencidos de que una relación respetuosa y de cooperación con los Estados Unidos sería beneficiosa para el pueblo de Cuba y también para el pueblo estadounidense, para sus intereses, su bienestar y sus naturales deseos de paz. Sería beneficiosa además para los pueblos de Nuestra América y el hemisferio.

Las medidas tomadas contra mi país han sido diseñadas expresamente para causar el mayor daño en el menor tiempo posible contra todo un pueblo. No son como los llamados y también inaceptables “daños colaterales”. Los daños a las personas, a las familias, al pueblo de Cuba son deliberadamente infligidos, por diseño, por decisión política.

Se intenta provocar en Cuba una crisis humanitaria para usarla como un arma. Lo hemos impedido y lo impediremos gracias a la solidaridad en nuestras comunidades, la comprensión y participación democrática de las personas en la adopción e implementación de medidas económicas y sociales, de las organizaciones populares, la sociedad civil, por la eficacia de los órganos del Poder Popular y la eficacia de la gestión de Gobierno; debido a nuestras ventajas comparativas, a una rápida y significativa inversión fotovoltaica, al incremento de la producción de crudo nacional, de petróleo quiero decir, al desarrollo de una tecnología cubana para refinarlo en sus especiales características, mediante la protección energética de nuestros hospitales y de las fuentes de abasto de agua y centros sociales.

También, mediante la reorganización eficiente de los servicios de salud y educacionales, intensas y eficaces políticas sociales, bajo la protección a las personas de bajos ingresos y más vulnerables, debido al desarrollo del transporte eléctrico, el crecimiento y compromiso social del sector privado, el incremento de tierras
sembradas y la agroecología.

Esta Asamblea General habrá de decidir en pocos minutos si es admisible o repudiable que continúe el crimen contra Cuba y su pueblo, y que persista o no la pretensión de una superpotencia de imponer su voluntad sobre las decisiones políticas, los derechos soberanos del resto de la comunidad internacional, de cada uno de los Estados que ustedes representan.

Para Cuba, no hay disyuntiva. Con la conducción del líder de la Revolución Cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz y del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, persistiremos en la defensa de la independencia y la soberanía nacional y en el rechazo a las ambiciones de conquista y dominación de una potencia imperialista. Lo haremos porque son derechos inalienables y obligaciones irrenunciables de Cuba, de la nación cubana. Nos amparan el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Lo que Cuba reclama es que la dejen en paz, que permitan al pueblo cubano vivir en paz, resolver en paz nuestros propios problemas y encontrar soluciones a las grandes dificultades del mundo actual, libres de la agresión política, militar, cognitiva o económica.

¡Cuba no es una amenaza! ¡El bloqueo sí!

El bloqueo energético es un acto de castigo colectivo.

Por tanto, al proceder a considerar el proyecto de resolución A/81/L.5, que tengo el honor de presentar en nombre del heroico, solidario y noble pueblo cubano, cada país dará una muestra de cuál es su sentido de justicia y valentía frente al mundo y frente a sus propios pueblos.

En el Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, repetimos hoy con él:

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

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