Familiares y amigos se reunieron para brindar un conmovedor y emotivo último adiós a Coleen Ruby Littlejohn, desde su casa de habitación, donde fue recordada entrañablemente como una eterna compañera, valiente defensora de Nicaragua y un ser humano de excepcional generosidad.
Coleen llegó al país en 1980, momento en que quedó cautivada por el pueblo nicaragüense, adoptando esta tierra como su propio hogar hasta su último suspiro. A lo largo de más de cuatro décadas, su trayectoria estuvo marcada por una firmeza incuestionable en la defensa de los derechos de los pueblos y una profunda vocación de servicio.
“Coleen vino a Nicaragua en los años 80, en una Nicaragua libre, y murió en una Nicaragua libre y ella así lo quería. La razón por la que tenemos una Nicaragua libre es por gente como ella y por nuestros héroes y mártires de la Revolución, que permiten que este país camine adelante, que sea libre, que tengamos programas contra la pobreza, que tengamos salud gratuita, universidad gratuita y un gobierno que se preocupa por los más vulnerables, que es lo que siempre ella se enfocó cien por ciento a su llegada a Nicaragua, trabajar por los más vulnerables, sin publicidad, sin pedir querer ser la estrella, siempre se mantuvo al frente de esos grandes ideales de la Revolución, ayudar al prójimo y al más vulnerable”, mencionó Javier Gutiérrez Littlejohn, hijo.

Recordó que su madre siempre mantuvo el ideal de dejar un mejor planeta una vez trascendiera a otro plano de vida y su inestimable calidad humana se tradujo en una entrega desinteresada hacia los sectores más vulnerables. A través de diversos proyectos sociales, recorrió múltiples comunidades llevando no solo asistencia y desarrollo, sino también un profundo respeto, amor y empatía.
“Estoy convencido de que este planeta y este país están mucho mejor, gracias a su aporte y la solidaridad que le brindó al país. Enamorada de la Revolución, pasó a trabajar en el primer gobierno revolucionario en el ámbito de cooperación y desarrollo durante los años 80; después, en los años 90, fundó una organización llamada CAPRI, que se dedicaba a trabajar con los más vulnerables, en programas de agua, salud, educación, en las comarcas y áreas rurales de Nicaragua; luego pasó al Banco Mundial, asegurando que los mejores proyectos fuesen traídos para el beneficio del pueblo de Nicaragua”, detalló.

Javier agradeció al Gobierno de Nicaragua ante las muestras de cariño hacia Coleen, “ayer lloré muchísimo al escuchar las palabras de la Compañera Rosario, palabras que no tienen precio; la describe como que era ella, llena de luz, que decía la verdad a pesar de tanta mentira que se escucha por todos lados; ella decía lo que le parecía y decía las Verdades Verdaderas”, añadió.
Quienes compartieron su vida y obra la recuerdan como una mujer humilde, valiente y comprometida, cuya cercanía con las familias y huella de solidaridad permanecerán vivas en la memoria histórica y afectiva de Nicaragua.
“Para nosotros, Coleen fue una inspiración, para toda la gente de la solidaridad, porque ella había estado en solidaridad desde los años 80. Para nosotros es una pérdida, pero también es una fuente de inspiración y de alegría por el gran legado de su vida, ayudando a tanta gente; son innumerables las familias nicaragüenses, la gente nuestra de la solidaridad internacional. Ella fue inspiración y ella tenía el don de poder comunicar a los demás la verdad verdadera de la Revolución Popular Sandinista y vamos a quedar profundamente agradecidos e inspirados a seguir en la lucha igual que ella”, finalizó Stephen Sefton, amigo de Coleen.













