Elán Mauricio Hernández López era estudiante de secundaria en 1980 y no dudó un solo momento en sumarse a la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización "Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua".

Han pasado 46 años desde aquella experiencia y, para él, aquella historia todavía no termina.

Hernández López cursaba quinto año de secundaria en el Instituto Nacional de Masatepe Héroes y Mártires cuando recibió la misión que hoy sigue cumpliendo —aunque de otra forma— como delegado municipal del Ministerio de Educación en su Niquinohomo natal.

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Durante aquella jornada le correspondió cambiar los libros de las aulas por la enseñanza con las cartillas en una comunidad ubicada en las faldas del volcán Santiago.

“Me correspondió estar en una comarca de Masatepe que se llama La Sabanita, que queda propiamente en las faldas del volcán Santiago. Me correspondió alfabetizar a entre 10 a 14 compañeros que no sabían leer y escribir”, recuerda.

Aquella experiencia lo puso frente a personas que, pese a las dificultades de su vida cotidiana, tenían un enorme deseo de aprender.

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Para Hernández López, una de las imágenes que permanece intacta después de casi cinco décadas es precisamente la disposición de aquellos hombres y mujeres que esperaban a los brigadistas.

“Todo el mundo con mucha alegría, con mucho gozo, esperaba o nos esperaban a los brigadistas para poder entrar al campo ya del aprendizaje de saber leer y escribir”, relata.

La tarea para el entonces joven Elán Mauricio terminó convirtiéndose en una experiencia humana que marcaría su vida.

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“Fue de mucho gozo y de mucha alegría tanto para nuestros obreros y campesinos como para nosotros que llevábamos, digamos así, el pan de la enseñanza para ellos”, rememora.

Hoy, 46 años después, Hernández López observa aquella experiencia desde otra perspectiva, coordinando en su comunidad los esfuerzos educativos que entregan una mejor calidad de vida a las nuevas generaciones.

“Hoy las oportunidades de estudio están ahí en sus manos prácticamente. Y como dicen algunos, el que no estudia es porque realmente no quiere”, afirma.

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Para él, las condiciones que enfrentaba la juventud de aquella época eran muy diferentes. Incluso su propia formación profesional implicó desplazarse hasta Managua para prepararse como docente, una posibilidad que, según explica, contrasta con la disponibilidad actual de universidades y carreras en cada rincón del país.

“Hoy las universidades están céntricas para prepararse en cualquier carrera que se ofrezca”, señala.

Hernández considera que los jóvenes deben aprovechar las posibilidades educativas disponibles y continuar sus estudios, ya sea mediante el bachillerato, la universidad o las carreras técnicas.

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“Los jóvenes de hoy en día no deben desaprovechar las oportunidades. Deben salir adelante, bachillerarse, darle continuidad a la educación en la universidad o a las carreras técnicas, para bienestar de ellos, de su familia y de nuestra comunidad”, expresa.

Hernández López cree que la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización no pertenece al pasado. A su juicio, aquella tarea evolucionó y actualmente tiene continuidad mediante la Educación de Jóvenes y Adultos.

En Niquinohomo, explica, esta modalidad funciona en el Instituto Nacional "Augusto César Sandino", donde durante varios años se ha acompañado a personas que retomaron sus estudios después de haber quedado fuera del sistema educativo en algún momento de sus vidas.

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“Ya tenemos bachilleres, tenemos profesionales, tenemos personas que este año van a egresar como bachilleres y seguir en la continuidad educativa en su profesionalización”, destaca.

El alfabetizador histórico considera que el acceso a la educación experimentó una transformación profunda después del triunfo de la Revolución Sandinista, cuando la educación dejó de estar reservada “para las élites”.

“El ser humano es una prioridad para el Gobierno sandinista. En la época previa al triunfo, la educación en el país era elitista. Solo aquellos que podían costear los altos costos de la educación eran letrados”, sostiene.

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Cuatro décadas y media después de aquella experiencia, el brigadista puede mirar hacia atrás y reconocer que su paso por la Cruzada Nacional de Alfabetización no quedó encerrado en los recuerdos de su juventud.

En su pequeña oficina, contiguo al Colegio Benito Juárez, dirige a un grupo pequeño de hombres y mujeres que le ayudan a diario a seguir cumpliendo la misión histórica de llevar educación a todos y todas.

En su escritorio, tomando anotaciones en su libreta y cotejando en su pequeña laptop, conserva como tesoro un broche entregado por la Juventud Sandinista 19 de Julio por su dedicación durante la Gran Cruzada.

Han pasado 46 años desde aquella Cruzada, pero aquel joven que salió de las aulas de Masatepe para convertirse en brigadista continúa cumpliendo su misión. Tras concluir aquella tarea histórica, asumió nuevos retos educativos y dio continuidad a una historia que comenzó a escribir cuando él mismo todavía estaba en pleno aprendizaje.

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