Managua se viste de colores, cultura, fe, devoción, jolgorio y fervor religioso con las Fiestas Tradicionales en honor a Santo Domingo de Guzmán, caracterizadas como las más "bullangueras" de la capital que mueven a miles de nicaragüenses, principalmente el 1 y 10 de agosto y la víspera de esas dos fechas.

Cada año desde los últimos días del mes de julio el ambiente de festividad se empieza a vivir entre los capitalinos que son creyentes de la diminuta imagen o bien, porque siguen una tradición heredada de sus familiares.

En el barrio San Judas, la familia del tradicionalista de Lisímaco Chávez continúa su legado y su nieto Raymond Lisímaco Chávez, es quien preside el Comité Tradicionalista de la Vela del Barco “Lisímaco Chávez”, que suma ya casi 200 miembros.

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La familia junto a los integrantes del Comité se preparan con comidas típicas y bebidas, incluida la tradicional "Chicha de las 7 Quebradas", con varios días de anticipación al 31 de julio para celebrar la Vela del Barco y luego el primero participar en la bajada y traída del santo desde Las Sierritas hacia la parroquia Santo Domingo de Guzmán ubicada en el barrio 19 de Julio, en la Antigua Managua.

Raymond mencionó que se cumplen 20 años que el tradicionalista Lisímaco no está presente físicamente, pero continúan con esta festividad de fe, amor y devoción.

“Nosotros como organizadores hemos tratado de llevar esta festividad con fe, amor y devoción para que la población disfrute de la tradicional Vela del Barco, una actividad simbólica de cómo era transportado Santo Domingo. Es una tradición de años que siempre ha prevalecido y como tradicionalista le estamos dando continuidad al legado de Lisímaco Chávez, dijo el joven.

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Compartió que nació en esta tradición y desde muy pequeño caminaba con su abuelo, quien le inculcó muchos valores y que no dejara que se perdiera, “prueba de eso es que cada año que pasa esto se va solidificando, hace cuatro años éramos 160 miembros, hoy en día somos 190 y los hemos ido sumando con la misma ideología que él tenía, que era tratar de mantener y rescatar los valores culturales.

La devoción y fervor religioso hacia Santo Domingo nace en Lisímaco Chávez desde que era un niño, cuando tuvo una enfermedad en la piel y su mamá le pidió a la imagen que se lo curara y sucedió el milagro de sanación. No obstante, su nombre empieza a resonar cuando en 1961 desafía y desobedece a la Iglesia Católica y a la Guardia Nacional sacando la imagen de su morada en la Iglesia de Las Sierritas y la traslada hacia el centro de Managua.

Raymond manifestó que con esa acción su abuelo “fue un rescatador de las festividades tradicionales” en medio de la presión, “hoy en día gracias a Dios y la intersección de Santo Domingo hoy gozamos de paz y tranquilidad y estas fiestas cada vez más van creciendo con mayor devoción y fe”, sostuvo.

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A la vez que agradeció al pueblo de Managua, al Buen Gobierno y los Copresidentes, Bomberos Unidos, Cruz Blanca, Policía Nacional y la Alcaldía de Managua por el respaldo para garantizar, sobre todo que la Vela del Barco continúe celebrándose promoviendo los valores culturales.

“La mayor motivación que tengo es la satisfacción de ver cuando ya las actividades culminan y que todo se realiza como Lisímaco lo organizaba. Esto es parte del aprendizaje que día a día uno va teniendo y es algo conmovedor ver todo ese jolgorio, algarabía de ver a las personas diciendo ¡Viva Santo Domingo! ¡Viva Lisímaco Chávez!", sostuvo.

Este Comité Tradicionalista está listo para continuar el legado de Lisímaco y festejar la Vela del Barco junto con los promesantes y pueblo capitalino, que llegan a la que fue su casa de habitación, para degustar de sabrosos nacatamales, moronga, frito, cabeza de chancho, chancho con yuca, vigorón, indio viejo y la bebida más pintoresca: la "Chicha de las 7 Quebradas", que lleva más de dos meses de fermentación.

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“Los Negritos” pintados con aceite negro

La festividad de Santo Domingo también se caracteriza por los bailes que realizan sus promesantes. Uno de los más singulares es el de los que van pintados con aceite negro como una forma de pagar sus promesas y que resaltan en los recorridos del 1 y 10 de agosto.

Se dice que es una representación popular de los esclavos africanos y que en la década de los cuarenta aparecieron unos diablitos pintados de negro en un barco de Santo Domingo y desde esa fecha, siempre están presentes en las festividades de la imagen.

En el barrio Jonathan González varios jóvenes han conformado el grupo "Los Negritos" de Santo Domingo, quienes cubren sus cuerpos con aceite negro de motor de diésel y desde horas tempranas el 1 de agosto se reúnen para salir hacia Las Sierritas.

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Dylan Castro, de 22 años e integrante del grupo, expresó que esta es una forma de pagar su promesa a Santo Domingo por el milagro de salvarle la vida cuando tenía un año y lo sanara de neumonía.

“Me salvó de la muerte y así le pago la promesa a Santo Domingo con mis otros compañeros que también pagan sus promesas. Es parte de nuestra cultura”, señaló.

Además del aceite que cubre sus cuerpos, en sus manos portan una vara con flores artificiales que forma parte del atuendo y la inclinan hacia la imagen cuando están bailando.

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Castro expresó que el aceite que usan deben adquirirlo unos días antes, incluso un mes, para que pueda agarrar el color negro deseado.

“Es una promesa que tenemos y hasta que Dios nos preste vida vamos a dejarla. Y si alguno de nuestras familias quiere seguir con la tradición tiene que salir”, aseveró.

Otro joven es Octavio Oporta, de 21 años, quien mencionó que su abuelita era católica y siempre la acompañaba a misa, por lo que ahí empezó a llamarle la atención la historia de Santo Domingo.

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“Este año cumplo siete años de esta tradición. Antes no salía mucho porque era menor, pero después se formó un grupo en la iglesia y así voy porque me gusta”, afirmó y añadió que “fuera del bacanal, yo lo veo como una procesión religiosa, una fiesta religiosa, una fiesta del pueblo”.

Durante el trayecto de recorrido con Santo Domingo, algunas personas le piden a “Los Negritos” que los pinten también, aunque otros buscan cómo alejarse y no tener contacto alguno.

Estos jóvenes son una muestra de la cultura en estas fiestas capitalinas llenas de fe y devoción que representan la continuidad de las tradiciones y la promoción de los valores religiosos y culturales que no deben dejar perderse.   

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