El diario digital El Independiente, publicó este sábado un artículo escrito por el experto español Enrique Redondo, titulado “El encanto de los nicas” en el que destaca distintos atractivos turísticos de Nicaragua.

El artículo también resalta el calor humano del nicaragüense, la hospitalidad, en la seguridad de nuestro país.

Reflexiona que Nicaragua, “No es el Burger King del turismo, es una comida especiada y especial, con sabor y sobretodo, con personalidad”.

A continuación reproducimos el artículo:

El encanto de los Nicas

Nicaragua no es el Burger King del turismo, es una comida especiada y especial, con sabor y sobretodo, con personalidad.

entroamérica es espectacular y dolorosamente bella. Selva y playa, antiguas civilizaciones y modernas ciudades, naturaleza y diversión, y todo en un radio de escasos kilómetros. Y si a eso le sumamos una cultura y un origen común, nos queda un cóctel lleno de sabrosura para el viajero español. Pero el turismo y el mundo de los viajes es caprichoso, muy caprichoso. Hay destinos que por una extraña (o quizás no tan extraña) razón pasan bajo el radar de los grandes circuitos turísticos. Quizás por una mala promoción o por problemas políticos antiguos y afortunadamente superados, hay lugares que pese a sus encantos no son valorados o mejor dicho descubiertos para el gran público, hasta que un cúmulo de circunstancias hace que de repente se “pongan” de moda. Pasó con Costa Rica y con Botswana, que en un corto periodo de tiempo se convirtieron en un must de los viajes. Y a su manera, sucederá con Nicaragua. Al tiempo.

Cierto, Nicaragua es un destino escondido y actualmente es difícil de llegar. No hay compañías low cost que vuelen a Managua o viajes de grandes tour operadores por precios ridículos, y es que para obtener una beta de oro hay que excavar y desechar mucha pirita.

Volcanes que parecen sacados de películas de aventuras de la mejor época de Hollywood setentero, selvas frondosas y llenas de vida, playas caribeñas maravillosas, costas del pacifico donde disfrutar de atardeceres inolvidables y ciudades coloniales con ese sabor que solo el paso de los siglos puede ofrecer. Y todo eso con un tamaño poco más grande que Extremadura, porque Nicaragua es un todo, es un mundo en un parpadeo. Pero no se engañen. ¿Buscan un destino que epate a sus conocidos, que cause envidia a su compañeros de trabajo, o que le sea ofrecido como un todo incluido barato y popular? Pues NO piensen en Nicaragua. Porque este pequeño país centroamericano es otra cosa, es algo refinado, un manjar que no está cocinado para todos los paladares. No es el Burger King del turismo, es una comida especiada y especial, con sabor y sobretodo, con personalidad.

Dicen que Nicaragua es como una mujer con perfiles muy diferenciados, uno que mira al Pacífico, altiva y madura y el otro su rostro caribeño, dulce y risueña. Pero hay más, porque el carácter sísmico ha hecho de este pequeño rincón centroamericano una geografía singular, trufado de volcanes y lagos, con los colores del “América” de Nino Bravo. Aunque si es magnífico lo que se ve, más espectacular es lo que vive. Porque parte del encanto de Nicaragua es el carácter de sus gentes. Desde colonias de surferos llegados de todo el mundo para desafiar al océano (denominado Pacifico en un alarde de imaginación) en la traicionera Playa Popoyo con sus más de 300 días de viento, arrecifes a poca profundidad y su famosa ola en forma de A, hasta los habitantes de los pequeños pueblos del interior que se muestran afables y curiosos con el viajero, la hospitalidad, simpatía y saber estar de su población hace que la visita al pequeño país centroamericano no sea solo turismo, sino una manera de conocerse a sí mismo. Porque a Nicaragua hay que ir sin prisas, con calma, dispuestos a aprender y a conocer, a disfrutar y a dejarse llevar por los nicaraguenses. Y es que si el país es inolvidable (por cierto, uno de los más seguros de toda la América Latina), gran parte de culpa la tienen sus pobladores, los autodenominados “nicas”. Ese es su secreto mejor guardado: el encanto de los Nicas.