Cuba conmemora anualmente la fecha del asalto al cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hecho luctuoso y heroíco que ayudó a crear el inicio de la Revolución Cubana. 

El 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes cubanos, liderados por  Fidel Castro, ofrendaron sus vidas para escribir una nueva historia política y social en Cuba, oprimida por el régimen de Fulgencio Batista.

La fuerza de sus ideales llevó a esta generación del centenario, como se le conoció en honor al gran héroe José Martí, a hacer un gran cambio histórico en la Isla.

En su histórico alegato en el juicio por los asaltos a los cuarteles Moncada, y Carlos Manuel de Céspedes, Fidel Castro señalaba como razones para una revolución en Cuba, la crisis de las instituciones políticas y los gravísimos problemas sociales existentes, todos por el ilegal golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

El control, la amenaza y la represión policial se hicieron sentir ante la más mínima intolerancia de la oposición, aun las que propugnaban soluciones pacíficas. La crisis política apuntaba aceleradamente a un callejón sin salida.

La situación del país era precaria en temas tan vitales como la salud, la educación y el trabajo. Las clases pobres no tenían acceso a los medios de vida indispensables y sufrían todo tipo de maltratos y vejaciones. Un triste panorama empañaba la vida del cubano común.

El Cuartel Moncada

El cuartel Guillermón Moncada, en el año 1953 era la sede del regimiento número 1 de “Antonio Maceo” en la ciudad de Santiago de Cuba. Por su importancia, el Moncada era la segunda fortaleza militar del país.  

El brigadier Carlos de Vargas Machuca, gobernador español de la jurisdicción de Cuba, departamento oriental de la Isla, comienza la construcción del cuartel reina Mercedes en 1859, bajo la dirección de Manuel de Ciria, Marqués de Villaitre.

Sirvió además como prisión a muchos independentistas cubanos en las guerras por la independencia y soberanía de Cuba. El 21 de noviembre de 1893, es internado en uno de sus calabozos el mayor general Guillermón Moncada.

El 24 de abril de 1909 por medio de la orden especial número 56 se cambia de nombre al acuartelamiento que pasa a denominarse Moncada como homenaje a la memoria del mayor general del Ejército Libertador Moncada. Esa nueva denominación tendría efecto a partir del 20 de mayo.

¿Cuáles fueron los preparativos para el asalto?

Se seleccionó el Moncada por varios motivos:

- Era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres.

- Su lejanía de La Habana dificultaba el envío de ayuda al Ejército Oriental.

- Santiago de Cuba se hallaba situada en la costa sur, junto al mar, y rodeada de montañas.

- En Oriente se habían iniciado las tres guerras independentistas en el siglo pasado que se habían librado en Cuba, allí se produjeron insurrecciones populares en varios momentos del período republicano, incluso durante la revolución de 1933. 

El plan se elaboró en absoluto secreto. Además de Fidel, solamente lo conocían dos compañeros de la dirección del movimiento y su responsable en Santiago de Cuba. Los demás sabían que se iba a realizar un combate decisivo, pero ignoraban cual era exactamente éste.

La misma preocupación se tuvo al estructurar el movimiento: se hizo en forma celular y se observaban estrictamente las normas de seguridad que exigía su carácter clandestino, Tenía dos comités de dirección: uno militar, al mando de Fidel, y otro civil, dirigido por Abel Santamaría.

Se trataba de una organización selectiva, por orientaciones de Fidel, sus miembros se reclutaron entre las clases y sectores humildes de la población: obreros, campesinos, empleados, profesionales modestos, hombres y mujeres preferentemente jóvenes, ajenas a toda ambición, no infectados por el anticomunismo ni por las lacras y vicios de la política tradicional.

A principios de 1953, el movimiento contaba aproximadamente con 1200 miembros. Las armas, los uniformes y los recursos necesarios para la lucha se obtuvieron sin recurrir a la ayuda de personas acaudaladas ni de políticos corrompidos.

Su adquisición fue posible fundamentalmente por la voluntad y el sacrificio personal de los propios combatientes.

Se escogió para la acción, el 26 de julio por ser domingo de carnaval, fiesta a la que tradicionalmente asistían personas de diferentes puntos de la isla, por lo cual la presencia de jóvenes de otras provincias no causaría sospechas.

La acción del asalto

Un grupo de jóvenes se colocaron a la vanguardia de la lucha por la verdadera independencia de Cuba. En el año del centenario del héroe nacional José Martí, el 26 de julio de 1953, protagonizaron el asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo respectivamente.

En la madrugada de ese día, 135 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército y dirigidos por Fidel, precisaban el plan de ataque. Se organizaron en tres grupos, el primero de los cuales, con Fidel al frente, atacaría la fortaleza.

Los otros dos grupos, mandados respectivamente por Abel Santamaría, segundo jefe del movimiento y Raúl Castro, tratarían de tomar dos importantes edificios contiguos al cuartel: el Hospital Civil, donde se atendería a los heridos, y el Palacio de Justicia, donde radicaba la Audiencia, desde cuya azotea apoyarían la acción principal.

Cuando todos estuvieron listos, se le dio lectura al “Manifiesto del Moncada”, redactado por el joven poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel.

Gómez García leyó sus versos “Ya estamos en combate” y Fidel les dirigió esta brevísima exhortación:

"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad."

De los 135 revolucionarios, 131 dieron el paso al frente. Los cuatro arrepentidos recibieron la orden de regresar a sus puntos de origen, y poco después de las 4:00 de la madrugada, todos comenzaron a salir en los autos hacia Santiago.

Los grupos dirigidos por Abel y Raúl cumplieron su objetivo: la toma del Hospital Civil y la Audiencia.

El grupo principal, dirigido por Fidel, llegó hasta una de las postas, la No. 3, la desarmó y traspuso la garita, pero una patrulla de recorrido que llegó inesperadamente provocaron un tiroteo prematuro que alertó a la tropa y permitió que se movilizara rápidamente el campamento.

La sorpresa, factor decisivo del éxito, no se había logrado. La lucha se entabló fuera del cuartel y se prolongó en un combate de posiciones. Los asaltantes se hallaban en total desventaja frente a un enemigo superior en armas y en hombres, atrincherado dentro de aquella fortaleza.

Otro elemento adverso, también accidental, fue que los atacantes no pudieron contar con varios automóviles donde iban las mejores armas, pues sus ocupantes se extraviaron antes de llegar al Moncada en una ciudad que no conocían.

Continuar la lucha en esas condiciones era un suicidio colectivo, Fidel ordenó la retirada. Al mismo tiempo que esto ocurría en Santiago, 28 revolucionarios asaltaban al cuartel de Bayamo, operación que también fracasó.

Después del asalto

Después de estos hechos, Batista decretó el estado de sitio en Santiago de Cuba y la suspensión de las garantías constitucionales; clausuró el periódico “Noticias de Hoy” y aplicó la censura a la prensa y la radio de todo el país, lanzando a los cuerpos represivos con violencia y sin riesgo de publicidad contra la rebeldía popular.

Durante la lucha sólo seis asaltantes de los dos cuarteles habían perecido en la lucha; pero las fuerzas represivas del régimen asesinaron a 55, y a dos personas ajenas a los acontecimientos, fueron torturados antes de ser ultimados, y después se les presentó como caídos en combate.

 Más tarde, ante el tribunal que lo juzgaba, Fidel Castro denunciaría el crimen:

"No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros"

Los crímenes cometidos en esos días por el régimen los denunció Fidel Castro en su alegato de autodefensa La historia me absolverá. Allí Fidel pasó de acusado a acusador y denunció todos los males que hacían sufrir al pueblo cubano.

El asalto al cuartela Moncada terminó en una derrota militar; sin embargo, tuvo una trascendencia extraordinaria para el pueblo cubano y para el movimiento de liberación nacional que se iniciaba.

En 1961, el entonces comandante Raúl Castro Ruz y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), al referirse a la importancia histórica de este acontecimiento manifestó:

"En primer lugar inició un período de la lucha armada que no terminó hasta la derrota de la tiranía. En segundo lugar, creó una nueva dirección y una nueva organización que repudiaba el quietismo y el reformismo, que eran combatientes y decididos y que en el propio juicio levantaban un programa con más importantes desmanes de la transformación socioeconómica y política exigida por la situación de Cuba...”

El Cuartel en la actualidad

Después del triunfo de la revolución el Moncada fue convertido en una ciudad escolar que tomó el nombre de "Ciudad Escolar 26 de julio" y un espacio de ella se dedicó a un museo sobre los hechos relacionados con el asalto.

La hazaña histórica del asalto al cuartel Moncada,  marcó el inicio del suceso que cambió el rumbo de una nación entera,  trascendiendo fronteras, iniciando una nueva era en toda América latina en la defensa de la soberanía de los pueblos hermanos.