Se establece internacionalmente en conmemoración al nacimiento de Helen Keller, la primera persona sordociega que demostró la capacidad que tienen estas personas. 

Superando barreras logró graduarse en la Universidad y llegó a ser autora de diversos ensayos, activista política y oradora estadounidense. 

La sordoceguera es una discapacidad, no una enfermedad, y afecta a una persona que combina grados severos de audición y visión, lo que dificulta de un modo grave su capacidad de comunicación, movilidad y recepción de información.

Sin opciones que les permitan acceder a la educación, información o a la propia movilidad en un mundo predominantemente visual y auditivo las personas sordociegas tienen grandes dificultades de integración o corren el riesgo de caer en el aislamiento social.  

Las personas sordociegas no tienen capacidad visual o auditiva en absoluto, conservan un resto de algunos de los dos sentidos.  

Al no ser una enfermedad no tiene tratamiento médico. Lo que precisa el afectado son ayudas auxiliares para tratar de superar las barreras auditivas y visuales.

Si la sordoceguera es adquirida se puede intervenir de forma temprana con cirugía y medicación, apoyo óptico, prótesis e implantes.