La compañera Rosario Murillo, vicepresidenta de la República de Nicaragua destacó este viernes en horas mediodía que el ministro-secretario privado de políticas nacionales, Dr. Paul Oquist expuso ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el impacto de los desastres de cambio climático en la paz y seguridad internacional.

Señaló que el doctor Paul Oquist es un experto reconocido internacionalmente y dio lectura a parte de la exposición que a continuación publicamos íntegra.

 

DISCURSO ANTE EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LAS NACIONES UNIDAS

IMPACTO DE LOS DESASTRES DE CAMBIO CLIMÁTICO
EN LA PAZ Y LA SEGURIDAD INTERNACIONAL
25 de enero, 2019

Dr. Paul Oquist
Ministro-Secretario Privado
de Políticas Nacionales,
Presidencia de la República de Nicaragua


Señor Presidente

En primer lugar, reciba nuestras felicitaciones por su elección al Consejo de Seguridad. Nos complace ver presidir la hermana República de nuestro Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

Nuestras felicitaciones también a Alemania, Bélgica, Indonesia y Sudáfrica, nuevos Miembros No Permanentes en este Consejo.

Señor Presidente

Los desastres de cambio climático ya han llevado a estados fracasados e inclusive sociedades fracasadas. Esto ha sido el caso en el pasado y está ocurriendo en forma incipiente en la actualidad, mientras las proyecciones a futuro son catastróficas si no se tomen acciones urgentes.

Desde hace 4,200 años las grandes civilizaciones de la Edad de Bronce derrumbaron debido a sequías de más de 100 años, y en algunos casos hasta 300 años. Casi simultáneamente derrumbaron el Imperio de Akkadio en Mesopotamia y el Reino Antiguo de Egipto, las primeras civilizaciones con gobiernos centrales. También derrumbó la temprana civilización de Minoca, iniciando la Edad Oscura griega. Me pregunto si nuestra civilización actual podría sobrevivir una sequía de 300 años o de 100 años.

Tenemos la ventaja de que el proceso de cambio climático actual es antropogénico y así podemos incidir tanto en las causas como en la adaptación a las consecuencias, pero no estamos haciendo lo suficiente. Nuestra situación es aún más grave ahora porque se está dañando no sólo la sociedad humana sino también los ecosistemas que mantienen la vida en el Planeta Tierra.

Actualmente, el desierto del Sahara avanza destruyendo los medios de vida de pastores y agricultores, a la vez que hay una guerra islamista, dejando 15.6 millones de personas del Sahel afectadas por una crisis alimentaria y generando una peligrosa migración masiva al Norte.

El Lago Chad se ha secado en un 95% afectando poblaciones de Nigeria, Niger, Chad y Camerún, países que enfrentan una crisis de cambio climático y la crisis de las operaciones de Boko Haram.

En cuanto al futuro, si las economías campesinas de subsistencia siguen colapsando, se estiman 20 millones de refugiados solo del Sahel para 2050.

Centroamérica y el Caribe están entre las regiones más vulnerables al cambio climático en el mundo. En Mesoamérica, el Sur de México y América Central, hay una zona seca volviéndose cada vez más árida donde habitan 3.6 millones de familias campesinas de subsistencia. Si el cambio climático colapsa esa economía, unos 18 millones de personas tendrían que engrosar los barrios pobres de las ciudades de la región o marchar al norte para trepar por encima, cavar por debajo o pasar por el medio de cualquier muro que encuentren en el camino.

El Panel Científico IPCC ha señalado que, si no reducimos en un 42% las emisiones de Gases de Efecto Invernadero para 2030, para lograr una sociedad sostenible de cero emisiones para 2050, no se logrará detener el alza en la temperatura promedio global en 1.5°C. Un sólo ejemplo de las consecuencias de esto: sabemos que, a la temperatura actual, a 1.1°C. por encima de la temperatura pre-industrial, los corales están muriendo, a 1.5° un 70% de los corales van a morir, mientras a 2°C no habrá corales, una extinción sin retorno, con todo lo que esto implica para la cadena de alimentación marítima.

La voluntad política es el mayor obstáculo. Un indicador es la provisión de finanzas climáticas. Para mitigación y adaptación, la prueba real es la Reposición de Fondos del Fondo Verde Climático en 2019. Para pérdidas y daños, la única manera científica, justa y ética es que los países que han causado el fenómeno, indemnicen a los países que están sufriendo las consecuencias en la medida de su responsabilidad histórica y actual, tal como el Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra propuso en su mensaje a la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015. Para aquellos quienes encuentran este planteamiento muy radical, hay de recordarles que el concepto de compensación por daños causados es parte de todos los sistemas legales y éticos del mundo desde la antigüedad. Claro está que hay quienes lo encuentran anticuado porque piensan que la supervivencia es demasiado cara.

Para defender la paz y la seguridad internacionales del impacto del cambio climático tenemos que tomar decisiones sobre en qué basar nuestras políticas:

• Ciencia o avaricia
• Enfoque del bien común de la humanidad y el planeta a largo plazo o ventajas económicas nacionales a corto plazo
• La defensa de las poblaciones más vulnerables o la promoción de la economía egoísta de crecimiento sin fin, sin límite y sin sentido de la producción, el consumo y la acumulación de capital en un planeta con recursos limitados.

Hay 11 años antes de que venga el 2030 y el cambio climático avanza mucho más rápido que la comunidad internacional. Es imprescindible fortalecer la Convención Marco del Cambio Climático e implementar el Acuerdo de París, a través de compromisos de reducción de emisiones y financiamiento que permitan limitar el alza de temperatura promedio mundial al 1.5°C. El futuro de nuestra civilización y ecosistemas vitales para la vida en nuestra Madre Tierra, dependen de la meta de 1.5°C. Necesitamos un movimiento real y efectivo para la supervivencia.