Desde muy joven doña María Esther Castillo Loáisiga se identificó con la lucha revolucionaria que lideró el FSLN contra la dictadura de Anastasio Somoza, su vida entregada a los más necesitados, a la libertad de Nicaragua, siempre fue el mejor ejemplo que pudo dar a sus siete hijos, tres de ellos entregaron su vida en diferentes momentos de la defensa de la Revolución Popular Sandinista.

Sufrió el dolor más intenso que puede tener una madre, la pérdida irreparable de tres de sus hijos que defendieron el proceso revolucionario, antes del triunfo el 19 de julio de 1979 y posteriormente en los años 80, cuando Nicaragua era agredida por una guerra impuesta por el gobierno norteamericano.

Esta heroína del amor, de la reconciliación y de la paz, pasó a la presencia de Dios este viernes, durante una operación quirúrgica muy delicada. Su legado es inmenso, sobre todo porque nunca claudicó y siempre fue una mujer luchadora, que siempre estuvo pendiente de todas las madres de héroes y mártires.

Su familia, la juventud sandinista y la militancia del FSLN en Managua, la recuerdan como la mujer que se involucró como correo del FSLN durante la etapa insurreccional y que puso su vivienda en el Reparto Schick, como casa de seguridad de los líderes revolucionarios Comandante Daniel Ortega Saavedra, del Comandante Tomás Borge y del Comandante Eduardo Contreras y Ricardo Morales Avilés.

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Una mujer muy humilde que se levantaba en la madrugada para hacer tortillas en su natal Matagalpa en los años 50 y 60. Su hijo recuerda que haciendo tortilla y nacatamales les dio educación a todos sus siete muchachos y siempre mencionaba que solamente el FSLN era capaz de sacar adelante el país.

“Éramos seis hijos que teníamos que estudiar, a ninguno de ellos dejó analfabeta, ella fue la última en alfabetizarse, todos sus hijos tuvimos educación, logramos carreras técnicas o profesionales”, comentó José, quien se dio cuenta que su madre era su propia jefa, pues se encargaba de llevar los mensajes a los diferentes guerrilleros.

“Un día vine a la casa y me dijo ‘lo siento mucho no podés entrar a la casa, me dijo que Cleto que no podes porque yo había estado preso, pero tiempos después conocí al famoso Cleto, hoy presidente de la república y también conocí al comandante Tomás Borge, a Eduardo Contreras, a Ricardo Morales Avilés, todos ellos estuvieron en esta casa que era de seguridad, por eso mi mamá me dijo que no podía entrar”.

Doña María Esther pasó a otro plano de vida defendiendo la Revolución Sandinista, pues en los recientes hechos de abril a julio, tampoco claudicó, su casa fue asediada por hordas golpistas que llegaron a amenazarla, a pintarle la casa con palabras soeces y tirarles piedras, pero ella siempre puso en alto la bandera del FSLN junto con la de Nicaragua.

“No sé cómo mi madre soportó en un mismo año la muerte de dos de sus hijos, mi hermano Miguel un 28 de febrero de 1983 y en octubre muere mi otro hermano Jesús Castillo, fue un golpe duro para mi madre, yo pensé que se iba a derrumbar, pero fortaleció más el carácter revolucionario, eso la llenó de fortaleza y comenzó una lucha tenaz, nos hablaba de que no bajáramos la guardia”, recordó.

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Pedía calma y prudencia a sus hijos

A pesar de tener 83 años y movilizarse en silla de ruedas, doña María Esther en pleno proceso de intento de golpe de Estado, mantenía comunicación con cada uno de sus hijos, a quienes les pedía tener calma y fortaleza.

Nos decía que mantuviéramos la calma, que estuviéramos atento a las orientaciones del Comandante Daniel, que él nos iba avisar el momento que debíamos de reaccionar, ella esperaba que el comandante diera la orden, y sus palabras fueron sabias”.

Esta luchadora de la paz y el amor se reunirá en el cielo con sus tres hijos, Leónidas Castillo, Jesús Castillo y Miguel Castillo Castillo, este último cayó en combate en la comunidad de San José de las Mulas.

Don Evenor Castillo, el hijo mayor de doña María Esther, subrayó que su madre siempre tuvo una inmensa admiración por el Comandante Daniel, por la compañera Rosario Murillo, porque son dos dirigentes que ponen al pueblo pobre, siempre adelante para mejorarles sus condiciones de vida.

“Recuerdo que en 1977 mi mamá me sentó y me habló del FSLN, nos pidió que debíamos organizarnos, entendí por dónde andaban las cosas, me contó que venía trabajando con el Frente Sandinista, que había empezado con las comunidades de base, después como correo del FSLN, nos dijo que había que luchar como hombres, que no podíamos ser blandengue”, relató don Evenor, que se sumó a la lucha como guerrillero y posteriormente fue miembro del Ejército de Nicaragua, retirándose con el grado de capitán, “ella fue mi ejemplo no de palabras, sino con hechos, le vi su fortaleza con mis tres hermanos caídos como fue valiente en cada momento difícil”.

Agregó que doña María Esther siempre mantuvo una comunicación permanente con el Comandante Daniel y con la compañera Rosario, “siempre ellos fueron algo especial para ella, siempre estimamos y afirmamos que este país mientras estuviera en manos del comandante y la compañera Rosario, siempre iba a salir adelante”.

Carmen Araya, madre del héroe y mártir Rodolfo Lorente, llegó a despedirse de su amiga y hermana, pues eso era doña María Esther para otras compañeras que se constituyen en la reserva moral del FSLN.

Ella fue mi amiga, siempre fue sincera, si yo no tenía y ella sí, yo tenía, era una amiga incondicional, siempre estuvo pendiente de las madres de héroes y mártires, fue una revolucionaria a toda prueba”, comentó Araya.

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