Durante la continuación del juicio que se sigue contra los hermanos Santiago Adrián Fajardo, Christian Fajardo y la esposa de este María Adilia Peralta, las personas que sufrieron torturas y violencia, reconocieron a éstos como parte de la estructura de líderes que daban las órdenes en estos tranques de la muerte en Masaya.

Este martes en la sala 6 de los tribunales de Managua, testificaron el experto en Bienes y Raíces Alfonso Tercero Toruño, el conductor de este Pablo Emilio Moreira y el oficial de policía Yader Guillermo Gómez, quienes fueron golpeados, secuestrados y asaltados por delincuentes que se apostaban en los tranques que coordinaban los hermanos Fajardo.

El primero en declarar ante el judicial fue Alfonso Tercero, quien relató que el 15 de junio se movilizaba por la carretera Las Flores y se dirigía a evaluar una finca con su propietario en la zona del Chapulín. La camioneta en que se movilizaban era conducida por Pablo Emilio.

Cuenta que eran alrededor de las 9 de la mañana cuando fueron retenidos en el tranque de Mebasa, por unas 15 personas que tenían sus rostros tapados con capuchas, todos recibían ordenes de Chago, apodo de Christian Fajardo.

Estos sujetos tenían control pleno de los tranques localizados en Mebasa, placita de Monimbó, costado norte del Colegio Salesiano, alrededores de la Iglesia San Sebastián y barrio Las Malvinas, Mebasa.

Tercero señala que los sujetos los obligaron a bajarse de la camioneta, que golpeaban con armas artesanales, tubos lanza morteros y amenazando con arma industriales.

Nos bajaron de la camioneta, nos requisaron y como nosotros andamos armas debidamente legalizadas, nos las quitaron. Golpearon a mi conductor, amenazaron con cortarle la mano si no accedíamos a sus exigencias, tuvimos que aceptar porque en todo momento nos decían que nos iban a matar. Las ordenes las daba el sujeto que apodaban el Chago”, cuenta Tercero.

El relató de Pablo Emilio subrayó que fue atado y golpeado por unos cinco sujetos, que lo acusaban de ser miembro del Ejército de Nicaragua, debido a que la víctima portaba un carnet de la entidad armada a la cual perteneció hasta el año 2015. En cada tranque Tercero tenía que pagar peaje para poder pasar.

“Nos retienen con violencia, me golpearon la puerta de la camioneta fuerte y nos decían salgan hijos de puta, bájense rápido, sino los matamos y nos bajamos. Ya afuera de la camioneta me rodean como cinco personas, me agarran de los brazos, otro por la espalda y el otro me requisó. Forcejeé un poco, me golpearon con un lanza morteros, y la arma que le quitaron a mi jefe me apuntan, me ponen un cuchillo en el costado derecho y tuve que soltar el arma”, relató Pablo Emilio.

Sostuvo que fueron alrededor de 35 minutos de tensión que tuvieron contra los delincuentes, que revisaron toda la camioneta porque pensaron que llevaban más armas. Cuando encontraron el carné del ejército que guardó Pablo Emilio como recuerdo, uno de los sujetos dio la orden de matarlo, pero llegó Chago.

Recuerda que Chago llegó montado de pasajero en una moto estilo pulsar, portando una gorra gris y con gafas color amarillo, jean y camisa cuadrada.

Policía fue secuestrado y recluido en bóveda de cementerio

“Los sujetos se dirigieron a Chago y le comunican que éramos militares y caminábamos armados. Chago pidió las armas, las revisó, las guardó las pistolas en un bolso café y mi pistola se la guardó por la espalda”, relató Pablo Emilio que define a Chago como el que daba las órdenes. En varios momentos les hicieron videos y después los dejaron ir, pero con la advertencia de que si los volvían a ver los iban a matar.

Uno de los relatos más desgarradores fue el que brindó el oficial Yader Guillermo Gómez, quien el 12 de mayo viajaba en su motocicleta con destino a su casa. Salió de la delegación policial de Granada y por caminos rurales evitaba los tranques, pero al llegar al sector del Rinconcito del Amor (Entre Catarina y Masaya) fue interceptado por delincuentes que estaban apostados en uno de los tranques.

Lo rodearon alrededor de 30 sujetos que, armados de armas artesanales, machetes, bates, y otras, lo requisan y lo obligan a entregar sus armas, le quitan la cartera y le encuentran su carnet de oficial de la Policía. En esta ocasión nuevamente Fajardo, a quien los delincuentes se dirigían en todo momento como El Chago, ordenó que lo requisaran.

“El Chago ordenó que me golpearan, fueron como cinco sujetos, me golpearon con los puños, con los lanza-morteros y me trasladaron a la zona del cementerio de Monimbó donde tenían su puesto de mando. Me montaron a una moto color blanco con azul, estilo montañero, Chago conducía la moto, me pusieron en medio y otro sujeto atrás”, dijo Gómez.

Querían negociar su libertad

En el cementerio de Monimbó, Chago se le acercó, le puso la pistola en la sien, la quitó y realizó cinco detonaciones al aire muy cerca de su rostro en señal de amenaza. Posteriormente, hicieron un video donde lo torturaron y aseguraban iban a enviárselo al comisionado Ramón Avellán, para obligarlo a que dejara en libertad a los terroristas que estaban apresados en la delegación de Masaya.

“Ellos decían que iban a negociar mi libertad a cambio de los reos que estaban detenidos en Masaya. Si no negociaban mi libertad, aseguraban iban a matarme, a quitarme la cabeza, me iban a mutilar totalmente y que me iban a quemar, que mi familia me iba a identificar con rastros de mi ADN, hicieron el video en tres ocasiones donde me identificaba como oficial de policía y donde laboraba, el video lo hacia Chago y detrás de él como 30 sujetos armados apuntándome”, relató.

Otro hecho abominable contra Gómez fue que lo encerraron a una bóveda mortuoria, que tenía como 3 metros de profundidad. Chago siempre se comunicaba con otros líderes terroristas que lo identificaban como código 88.

En los relatos también se mencionó a Santiago Adrián Fajardo y a María Adilia Peralta, quien se encargaba de pagar a los tranqueros y trasladar los alimentos.

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