En el 42 aniversario del tránsito a la inmortalidad del Comandante Carlos Fonseca Amador el Comandante Lenin Cerna, escarba en su memoria y el primer recuerdo que encuentra es el de Carlos regresando de Rusia.

Cerna explica que su padre era un comunista exiliado, zapatero salvadoreño, frecuentemente visitado por Rigoberto López Pérez y otros luchadores socialistas y comunistas.

“Para los que conocen de éstos temas, sabe que un salvadoreño es un luchador por la vida tremendo”, comenta haciendo pausa antes de retomar las vivencias relacionadas al líder de la revolución.

Es precisamente, que entre vendedores de periódico y activistas elementales de ideas políticas avanzadas, apareció Carlos con su libro, “Un nicaragüense en Moscú”, recién llegado de la Unión Soviética a la casa del salvadoreño.

En ese taller de zapatería le fueron comprados tres libros, pero el de mayor valor fue aquel cuya dedicatoria era: “De la tierra de Lenin, Unión Soviética, para Lenin de Nicaragua", en puño y letra del fundador del FSLN, a petición del padre de Cerna.

"Para una persona ya a la altura de la vida que uno tiene, que ha caminado tanto, que ha ganado tanto y perdido tanto, esa es… una de las cosas que más lamento es no contar con el libro”, refiere aún perdido entre sus memorias.

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Dejó de ver al hombre y se reencontró con el mito

Un nuevo contacto con el Comandante Fonseca no fue sino a finales de 1967, al regreso de Pancasán. En esos años Carlos ya había dejado de ser un hombre y personificaba al mito.

Ya era un símbolo, un ejemplo y ya era un mito. Ya hablaban como se habla de todas esas figuras conocidas, perseguidas, se hablaba de él vestido de campesino, vestido de carretonero. Y era difícil porque él era un hombre que no pasaba desapercibido”, recuerda admirado de cómo había burlado los radares de la dictadura.

Era el momento en el que se hablaba de una nueva etapa “y prácticamente y con razón histórica y filosófica, dice: estamos atrasados. Y con eso nos habló de la premura con que había que trabajar intensamente”.

En esos entonces Ricardo Morales Avilés, recién llegado de México y otros compañeros que consideró entrañables como Anibal Castrillo Palma, querido y apreciado por Carlos por su papel en el reagrupamiento de los pocos que quedaban luego de Pancasán.

De ahí recibimos, y él, con mucha alegría, el regreso de Julio Buitrago, que estaba en Cuba, pero bueno, en todo ese período, él se dedicó a escribir y a leer, él escribía y leía todo el tiempo. Y para nosotros siempre él era la imagen de lo que uno debía de ser“.

La humildad

Afirmó que las cualidades de este hombre inmortal son casi incontables. Su humildad sin embargo era abrumadora.

El ejemplo de lo que tenía que hacer en su actitud cotidiana. Nunca comía primero que los demás compañeros, nunca buscaba el mejor lugar. Nunca estuvo preocupado por tener la mejor arma o cualquier otro tipo de cosas que lo colocaran distinto a los demás”, fue de las enseñanzas que dijo haber experimentado, sin él haberle transmitido una palabra.

Reconoció que además aprendió cosas más profundas. Entre ellas el gran humanismo.

Carlos donde vivía, vivía encerrado y leyendo. Donde estábamos, cuando nos tocaba compartir con él sabíamos que estaba Carlos ahí porque estaba escribiendo”, cuenta con una sonrisa.

Una de esas anécdotas fue al momento de la comisión de uno de esos errores que caracterizan al ser humano.

Me preguntó por qué habíamos dejado a un compañero en la cárcel. Su pregunta no tenía ninguna entonación que pudiera indicar de dónde venía la preocupación. Y entonces como mi hermano, el compañero Rivas, nos volvimos a ver y nos dimos cuenta que estábamos ante el maestro nuestro, que nos preguntaba de algo que no estaba correcto. Que lo hubiéramos hecho”, lamenta.

Al Comandante Cerna le correspondió responder. “Y le dije que nosotros éramos disciplinados y que nosotros hacíamos lo que habíamos aprendido a hacer. Que nosotros ni preguntábamos más de lo que debíamos de saber, ni indagábamos más, igualmente, de lo que teníamos que saber”.

Cerna recuerda una respuesta sin entonación alguna. Completamente serena. “A un compañero, donde esté, si comete un error, se lleva con uno, se investiga, se juzga, se perdona o se condena, pero nunca se deja”, fueron las palabras del líder.

Fueron esas precisamente algunas de las experiencias que más le enseñaron y también le han servido.

Profundizar su pensamiento

En éstos tiempos complejos, las ideas de Carlos han nutrido al sandinismo, pero existe aún la necesidad de profundizar en su pensamiento.

Uno de los elementos en los que Carlos insistía, para los revolucionarios de aquella época, pero también para los actuales y a todos aquellos que les interesa la historia y el devenir del hombre sobre la tierra, es conocer las raíces

Decía él que era más importante las raíces que conocer teoría económica. Para qué conocer teoría económica, es un contrasentido, si ni siquiera conoces el origen de la economía. Y para conocer el origen de la economía tenés que conocer su historia”, afirma.

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Según Cerna esa es precisamente la diferencia entre el militante sandinista y el opositor contrarrevolucionario.

Nosotros somos ceiba, ellos son matas de vida efímera. Son cepas que no se sostienen en la superficie, buscan nuestras raíces y se encocan porque en ésta historia, o se es o no se es”, aseguró.

Respecto a los que gozaron del calor humano y hoy no recuerdan sus orígenes recordó: “El que reniega de sus raíces es como el que reniega de su sombra. El que no tiene sombra, no existe.”

Durante el tiempo que supera los 100 años de Sandino a la actualidad, hay una mezcla de conservadores, retrógrados, menos conservadores, hasta que surge la luz luego del General Bejnamín Zeledón y Zelaya.

Surge la luz de Sandino y de Sandino para acá, hagamos las cuentas y nos vamos a encontrar con la maravilla que quieren ignorar siempre los conservadores atrasados. No estoy hablando de banderas, estoy hablando de pensamiento. Quieren esos atrasados volver otra vez a los tiempos en los que solo se bautizaban los que eran los señalados por las haciendas, solo se enterraban a los que estaban bautizados y bendecidos, podían ser enterrados en cementerios y de Sandino para acá, empieza todo el pensamiento revolucionario que ha llevado a éste país, aunque lo quieran ignorar, a otra realidad”, afirma.

A pesar de esto, asegura que no se puede negar la aspiración a la utopía. El comandante Cerna augura para Nicaragua una ruta de avance aún a pesar de las dificultades.

No podrán echar para atrás todo lo que hicimos. No podrán. Avanzaremos con dificultades, pero como decía un compañero: Nosotros nacimos para las dificultades, los revolucionarios nacen en las dificultades y se imponen a las dificultades. Nicaragua saldrá adelante a pesar de todos los que no sienten a Nicaragua como la sentimos nosotros”, refirió.

El Comandante Cerna, asegura que no hay más que decir de Carlos, pues está presente hoy en día.

Ya lo dijo el Comandante Daniel; la única manera para que nosotros vayamos a otro lado es a luchar por la justicia, de lo contrario no tenemos donde irnos. Esto que quieren nuestros enemigos, los enemigos de la Revolución, no lo valoran, se lo quieren entregar a su enemigo, porque su corazón está más pendiente de lo que pasa allá en el norte, para su futuro, de lo que pasa aquí”.

Es por eso que considera que el mejor homenaje a Carlos es ser consecuente. “Tomás decía que era de los muertos que nunca mueren, Leonel Rugama, otro poeta revolucionario, hablaba de los Santos, Carlos Fonseca es uno de nuestros santos”, concluye.