La historia desgarradora que vivieron más de siete mujeres y al menos diez hombres que se disponían a liberarlas de un tranque controlado por terroristas de la derecha extremista, en un tranque instalado en el empalme de Boaco, pone los pelos de punta a cualquiera.

Nadie puede pasar por indolente al conocer de cerca las caras de sufrimiento y traumas por las secuelas psicológicas a causa del pasaje inolvidable que vivieron estas mujeres en medio de una lluvia de balas, morterazos, secuestro, emboscadas y amenazas de violación.

Los hechos dolorosos fueron narrados este jueves, por las mismas víctimas y sobrevivientes, durante el juicio en que se acusa a Christopher Enrique Ampié, Jaime Ramón Ampié Toledo, Julio José Ampié Machado, William Efraín Picado Duarte y Reynaldo Antonio Lira, por los delitos de asesinato, lesiones, portación ilegal de armas y homicidio frustrado.

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Los delincuentes son los mismos que privaron de la vida al militante del Frente Sandinista, compañero Jorge Gastón Palacios (30 años), el pasado 25 de mayo en la comarca El Quebracho del municipio de Boaco, quien, de acuerdo a los peritos, recibió un disparo en el abdomen.

Llegaron en son de paz y las recibieron a balazos

La doctora Nancy Aguirre Gudiel, Juez décimo penal de juicio, escuchó cada uno de los testimonios de las mujeres que escaparon de la muerte por un milagro, frente a lo que ellas mismas llamaron una verdadera pesadilla de la que nunca esperaron salir con vida.

“Estábamos hartas de estar secuestradas en nuestro propio municipio. Boaco siempre había sido tranquilo. Pero por ese tranque que pusieron ellos (los terroristas), ya se nos estaban acabando los alimentos, las medicinas, los negocios estaban cayendo. Estábamos desesperadas”, cuenta Julia García Mendoza, pobladora del barrio La Providencia.

Fue entonces que esta valiente mujer, junto a otras treinta y nueve decidieron armarse de banderas blancas, símbolo de paz, y acercarse hasta el tranque que era controlado por los terroristas acusados. De acuerdo al testimonio de García, iban en son de paz, buscando cómo dialogar, y pedirle a los ‘tranquistas’ que tuvieran conciencia, que no había comida en Boaco, y no podían salir a ninguna parte, porque prácticamente estaban secuestradas.

“No quisieron hablar. En cuanto vieron que nos acercamos, nos tiraron morteros. Una lluvia de charneles cayó sobre nuestra piel. Decidimos echar vuelta atrás. Pero ellos nos siguieron. Yo me caí, y fue entonces cuando una persona encapuchada me apuntó con un arma, y me dijo que me quedara boca abajo en el suelo. Que si me levantaba me mataba”, relató notoriamente nerviosa Julia.

Quien la apuntaba con un arma era Reynaldo Antonio Lira. El acusado que identificó en juicio. El mismo que todas las demás testigos afirman que era quien controlaba y dirigía a los demás terroristas desde el tranque. 

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Boaqueñas: de víctimas a sobrevivientes

El testimonio de la transportista Reina Isabel Oporta, habitante del barrio Jorge Martínez, es muy similar al de Julia. Coincide cuando narra que lo único que querían era hablar con estos acusados por terrorismo, porque según ella “llevaba un mes de no trabajar por los mismos tranques”.

“Nos acercamos a ellos con banderas blancas de trapo y pancartas que pedían por la paz. No llevábamos armas, y se los gritamos de lejos. Pero nos recibieron a punta de morterazos y palabras obscenas. ‘Apártense de aquí porque las voy a matar’, les gritaron". Era Reynaldo dando la orden que las metieran a un camión blanco.

Pero ellas se corrieron. “Cuando nos atacaron corrimos. Corrimos y corrimos y sentíamos que nos alcanzaban. Miramos atrás y era como ver una bola de fuego que venía hacia nosotras, pero eran los morterazos que nos tiraban”, explicó durante el juicio Reina. Pero no todas lograron escapar, tomaron como rehén a siete de las cuarenta mujeres.

“Nos decían que nos iban a violar, mientras grababan con sus teléfonos y subían los vídeos a Facebook. Parecía que andaban drogados. Sentimos mucho temor, pero a la vez mucho coraje porque estábamos mal en Boaco”, aseguró la testigo.

Esta valiente mujer, aseguró que es la fecha y aún no puede ni dormir. Indicó tener un trauma y su columna aún le duele cuando se agacha, producto de la tensión y el estrés que le ocasiona recordar estos hechos.

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Escaparon de la muerte bajo una lluvia de balas

Tras permanecer varios minutos como rehén, narró que llegó una camioneta roja. En ella venía un grupo de unos diez hombres. Llegaban a rescatarlas, a liberarlas. Pero aquellos no tuvieron mejor suerte. Los tranquistas los recibieron no solo a morterazos, sino a balazos limpios.

Los extremistas hirieron a Jeffrin Sevilla Saravia (29 años). “Estaba lloviendo. Lo levantamos todo sucio, lodoso, le amarramos un trapo en la pierna, donde lo balearon. No podía creer lo que estábamos viviendo. Todas estábamos llorando por lo que estos jóvenes habían hecho”, dijo Reina.

Al sentarse frente al juez para evocar aquella tragedia que la dejó marcada para siempre, Mayerling Miranda rompió en llanto. Es habitante de la comarca Las Lagunas, y aseguró que también formó parte de aquel grupo de mujeres que fueron a pedir por la paz de Boaco.

“Ya no tenía ni comida en la casa, y hasta el tanque de gas se había acabado. No tenía ni qué darle de comer a mis hijos. Por eso fui. Pero ellos (los acusados), antes que llegáramos al empalme, nos gritaron que les valía que fuéramos mujeres”, explicó.

La propietaria del negocio “El Rinconcito del Sabor”, la testigo Eralgris del Socorro Carballo, expuso durante el juicio que en aquel momento quiso mediar con el acusado Reynaldo, pensando que él iba a entender la situación. Pero no fue así.

“Le dije que necesitaba medicinas para los niños. Pero lo que hizo fue apuntarme con un lanza mortero en el estómago. Y dio la orden a los demás que nos mataran. Pero gracias a Dios llegaron a rescatarnos”, dijo.

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Están vivos de milagro y hoy piden justicia!

Uno de los rescatistas fue Jeffrin Sevilla Saravia, quien durante el juicio sirvió de testigo y mostró las heridas de bala provocadas por los terroristas. Heridas por las que había pasado casi un mes internado en el hospital de Boaco.

“Me dijeron unos amigos que habían unas mujeres que habían sido secuestradas. Y decidí ir a ayudarlas. Pero nos dispararon. Me pegaron en una pierna y prácticamente en ese momento me quedé inválido. No podía caminar. En medio de la lluvia de balas, me arrastré con las manos y me tiré hacia un lado por un guindo, para protegerme”, explicó.

Igual el testigo Johnson David Hernández, quien también llegó hasta la comunidad El Quebracho para liberar a las mujeres que estaban secuestradas, aseguró en su testimonio que fue herido de bala en la pierna izquierda. Fue imposible escapar. Estaban altamente armados. Tenían sed de matar.   

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Pruebas testificales incriminan a señalados de terrorismo en Boaco

Tras más de ocho horas de audiencia, las personas afectadas por los actos de terrorismo cometidos en el departamento de Boaco por parte de Jaime Ampié, Julio Ampié, William Picado, Reynaldo Lira y Cristopher Henríquez (prófugo de la justicia) narraron los hechos ocurridos el pasado 25 de mayo, cuando en el sector de la comunidad el quebracho, fueron lesionados de gravedad por los imputados.

Entre las víctimas y testigo de los actos de terrorismo está Norman Rodríguez quien recibió varios impactos de bala en su humanidad, ocasionándole daños en su organismo los cuales pusieron en riesgo su vida.

“Lugo de los disparos logré huir a como pude y me arrastré hacia una vivienda que estaba sobre la vía, luego pedí ayuda y me apoyaron, subiéndome a una camioneta para trasladarme al hospital de Boaco. Producto de los disparos tuve afectaciones en el vaso, diafragma y riñones, razón por la que hoy pido justicia y todo el peso de la ley para quienes atentaron contra mi vida”, refirió.

Poco a poco los testigos fueron compareciendo ante el Ministerio Público y las autoridades judiciales, todos coincidiendo en señalar a los detenidos como los autores de los disparos y las agresiones que sufrieron.

Otro de los afectados por los terroristas asesinos, es Luis Ochoa, quien fue impactado de bala en su pierna izquierda, sumado a las pedradas que recibió por parte de los delincuentes.

“Nosotros fuimos agredidos sin motivo alguno, primero nos tiraron piedras, luego morteros y seguido los disparos uno de ellos me impactó en mi pierna, yo pensé que era un golpe el que había recibido, pero luego me di cuenta que era impacto de bala. Pido a la autoridad judicial que imponga todo el peso de la ley a quienes atentaron en contra de nuestras vidas”, subrayó. 

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