La Biblia dice: "Y dos ángeles con figura de varones y vestiduras resplandecientes dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado". En este Domingo, el pueblo cristiano católico celebra la Pascua de Resurrección de Jesucristo, recordando lo que sucedió hace miles de años cuando Él murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día.

En la Catedral Metropolitana de Managua fue oficiada la Santa Eucaristía por su rector el Presbítero Luis Herrera, quien expresó que la Resurrección es una muestra que pudo más el amor que el odio. 

Previo y al final de la misa, el Presbítero salpicó agua bendita a los fieles como un símbolo del bautismo en este primer Domingo de Pascua.

Hoy es un día alegre y solemne con una alegría no como la que da el mundo sino una que salta hasta la vida eterna, una alegría de la resurrección del Señor, del misterio central de nuestra fe, ¡Cristo Resucitado!”, dijo el Rector de Catedral.

Este día se celebra el triunfo victorioso de Jesús sobre el enemigo más grande de la humanidad que era la muerte, la cual tenía esclavizado a todos como consecuencia del pecado original.

Pero Dios envió a su hijo, al único que podía pagar la deuda por todos y que podía rescatar al ser humano de esa consecuencia del pecado, y así entregó su vida.

Herrera mencionó que esa piedra que sellaba el sepulcro fue movida, y “hasta el día de hoy la tumba sigue vacía y esa es la razón fundamental de la fe nuestra, que está vacía, ha resucitado. El cuerpo de Jesús hasta hoy no se ha descubierto, porque no está en la tumba. Está resucitado y glorioso a la diestra del Padre”, resaltó.

La Resurrección de Cristo nos indica a nosotros que Dios está vivo, que puede más el amor que el odio, que puede más la misericordia que el pecado, que puede más la vida que hemos sanado que la muerte. Quienes hemos creído en Él hemos muerto al hombre viejo y hemos resucitado al hombre nuevo con Cristo”, agregó.

El Misterio de la Resurrección debe llevar a los cristianos a resucitar cada día renunciando a la cultura de la muerte y a todo a aquello que se oponga al plan de salvación de Dios y que la luz del Resucitado lleve siempre gozo a los corazones.