Edificios, casas y monumentos, todo se vino abajo la mañana del 31 de marzo de 1931, cuando la ciudad de Managua sufrió su primer gran terremoto, de 5.8 grados, del que se tiene registro.

Fue hace 87 años, un Martes Santo, cuando el poder de la naturaleza sacudió la pequeña ciudad construida de taquezal y la doblegó. 

En ese entonces en Managua habitaban 45 mil pobladores y se calcula que entre mil 200 y mil 500 personas murieron ese día. Además, se contabilizaron 2 mil heridos y 36 mil damnificados. El daño económico para la capital fue de 35 millones de dólares en pérdidas.

El epicentro se localizó donde antiguamente era la penitenciaría nacional y actualmente es el Estadio Nacional Dennis Martínez.



Panorama desolador 

Después del terremoto, se registró un incendio de grandes proporciones que consumió lo poco que quedaba de la ciudad. Incluso, meses después la entonces pequeña urbe, seguía llena de escombros, edificios caídos, casas semidestruidas y abandonadas.

Para 1931 Managua tenía importantes edificios, almacenes, bancos, boticas y un variado comercio que importaba y exportaba variados productos. 

Habían hoteles, clubes, periódicos, iglesias, agencias de automóviles y camiones, bicicletas y motocicletas. En la ciudad ya se había iniciado la pavimentación de avenidas, sin embargo Managua mostraba sus aceras altas y calles sin pavimentar, pero bien cuidadas.

Tras el sismo quedaron en pie solamente la armazón de hierro de la antigua Catedral (construcción apenas iniciada tres años antes, en 1928) la Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del Ayuntamiento, el Palacio Nacional, incendiado posteriormente por los marines estadounidenses, y la Casa Presidencial en la Loma de Tiscapa, entre otros edificios.

El día del terremoto cayeron los mercados Central y San Miguel, el Teatro Variedades, La Casa del Águila, los templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro y la Penitenciaría Nacional. También se vinieron abajo los mejores edificios del radio central y el que permaneció en pie en la ciudad, quedó averiado.

Pasado el primer momento de estupor, empezó la obra de salvamento. Muchas personas estaban ilesas bajo los escombros y pudieron rescatarse, señalan los relatos históricos de la época.