Sus historias están llenas de humildad, de trabajo y sobre todo de amor por sus hijos. Constituyen la reserva moral del Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuya máxima dirigencia siempre las tiene presente en cada momento de sus vidas.

Sus vientres dieron frutos de amor por la Patria Libre y hoy aseguran estar orgullosas de la lucha de sus hijos, que ofrendaron sus vidas por una Nicaragua mejor, una Nicaragua donde las mujeres recibieran atención médica, pudieran educarse y fueran protagonistas de sus propios negocios.

Doña Vilma Vélez Hernández, madre del Héroe y Mártir Bosco Monge, recuerda nítidamente cuando su hijo y su esposo del mismo nombre, platicaban de sus deseos de vivir libre sin dictadura somocista, en una Nicaragua en la que los jóvenes no se les persiguiera y tampoco se les asesinara, tal y como ocurría en esos años de tristes recuerdos.

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Aún se le humedecen sus ojos cuando recuerda al jovial chavalo que le ayudaba con las labores de la casa y luego se iba a clases, lugar donde germinó su conciencia revolucionaria y se involucra en la lucha contra Somoza.

Doña Vilma asegura que ve reflejada la lucha de su hijo en cada niño que recibe la merienda escolar, en cada mujer embarazada que es atendida en el centro de salud o cuando está administrando su pequeño negocio.

Su hijo Bosco Monge y su esposo, fueron asesinados por la Guardia Somocista en febrero de 1978. El dolor por la pérdida fue inmenso, sin embargo, está mujer no se dejó vencer, siempre leal al FSLN, sacó adelante a sus hijos y resto de familia.

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“Yo le pido al pueblo nicaragüense que este siempre con el Comandante Daniel Ortega, porque este hombre ha sido bueno con toda Nicaragua, con todas las mujeres. A pesar de mi dolor de madre, siempre me he sentido orgullosa de mi hijo, nunca pedimos recompensa, el mejor pago es ver a tantas mujeres siendo productivas, recibiendo atención en los hospitales, por eso luchó mi hijo. Ahora la mujer tiene más valor, puede trabajar en cualquier profesión, tiene más derechos y eso es con la Revolución”, cuenta doña Vilma.

Igual piensa doña Julia del Rosario Cajina, madre del héroe sandinista Domingo Ruiz Cajina, un joven que participó en la Insurrección de Monimbó, junto a miles de pobladores de este combativo barrio de Masaya.

A sus 82 años, está mujer se levanta todos los días a las 5 de la madrugada a palmear tortillas para venderla a sus vecinos del barrio Monimbó, que la conocen por su jovialidad y alegría, a pesar de sus largas jornadas laborales.

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“Como madre siempre me siento orgullosa de mi hijo que ofrendó su vida por la Nicaragua que vivimos hoy, me siento orgullosa por todos los homenajes que nos hacen a las madres. Yo vivo muy agradecida del Comandante Daniel, porque está cumpliendo los sueños de nuestros hijos, yo estoy muy conforme por el rumbo de la Revolución y por el lugar que le da a las mujeres, por lo que ha hecho el gobierno a favor del pueblo”, aseguró doña Julia.

“Antes las mujeres no teníamos apoyo, pero ahora sí hay diferencias de la manera como apoya el gobierno a todos los pobres, a las mujeres. El gobierno ha cumplido con eso, con los programas hacia la mujer, como Usura Cero, Bono Productivo y otros”.

Doña Rosa Vázquez Mendoza, de 74 años, desde hace una década esta ciega, perdió la vista por una infección en sus ojos, pero esto no le ha impedido seguir adelante con la ayuda de sus hijos.

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“Ahora la mujer tiene más valor y tiene más responsabilidades en el trabajo, mis nietas así lo sienten y me lo cuentan. Ellas se han educado en clases por la gratuidad, estas son las virtudes que le gozamos al gobierno nosotras las mujeres”, valora Rosita.

Relata que la vida durante la dictadura somocista era muy dura, sobre todo porque muchas madres vieron como la guardia asesinaba a sus hijos. En ocasiones esos jóvenes guerrilleros llegaban a su casa y con gusto los recibía “y aunque sea un cafecito les regalaba”.

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La pérdida de su hijo Miguel Vázquez, le dejó un profundo dolor, que solamente lo calma cuando ve a los niños yendo a sus clases, o cuando a los adultos mayores, se les entrega su paquete de alimentos.

“La Revolución Sandinista es la única que vela por los pobres y ese es un sueño cumplido que tenía mi hijo”, aseguró.

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