El Departamento de Rivas, Nicaragua, está en el corazón de sus mujeres emprendedoras, protagonistas del trabajo y las sendas del Bien Común, forjadoras de los nuevos tiempos de prosperidad y actoras principales de la segunda etapa de la Revolución Sandinista, esforzadas en la batalla de la nueva vida, dignas, prósperas y saludables ascienden hacia el equilibrio y la complementariedad.

Las mujeres de este departamento avanzan con luminosidad hacia un nuevo sol victorioso, conquistando liderazgos y obteniendo más roles protagónicos sociales, económicos y culturales, aseguró Cristian María Flores, quien, junto a otras nueve compañeras, ha emprendido la gran tarea de formar una cooperativa de procesamiento de basura en la paradisiaca y Reserva de Biosfera, Isla de Ometepe.

Al proyecto le han denominado ‘Asociación de Mujeres Recicladoras de Altagracia (AMRA), en cuyo programa les vienen dando acompañamiento financiero y técnico la Alcaldía del Poder de la Familia y la Comunidad de este municipio y la Unión Europea. Pese a haber iniciado en enero de 2013, son evidentes los logros alcanzados a la fecha.

Desde horas tempranas del día recorren las principales calles, restaurantes, bares y hoteles de la isla, donde recogen aluminio, vidrio y plástico que luego llevan al Centro de Acopio y Procesamiento, y donde también toda esta basura, que en sus inicios pareció ser totalmente inservible, la convierten en bellas flores decoradas. El resto del material lo empacan en sacos enormes y lo transportan en el ferri hasta Puerto San Jorge, para venderlo a las diferentes empresas que lo utilizan para reciclaje.

“Nosotras mismas salimos a las calles a recoger esta basura, para mantener bonito, para mantener limpio, para mantener sano y saludable, y además todo esto permite que la población no se enferme. La basura está generando empleo en Altagracia. El trabajo nuestro consiste en recoger cada una de las botellas, bolsas, plásticos que están botados en las calles, porque esto también nos afea nuestro lugar, porque esta ciudad es turística”, expresó Fanny Díaz Cajina, madre de cinco hijos, y también incorporada a esta cooperativa.

Ometepe: una isla paradisiaca de mujeres laboriosas

La isla de Ometepe, ubicada en el departamento de Rivas, está rodeada de las aguas dulces del gran Lago Cocibolca, lo que la ha convertido en un destino turístico de nivel internacional en Nicaragua. De aquí que las mujeres de estas tierras también se hayan vinculado con la Estrategia Nacional ‘Vivir Bonito, Vivir Bien’ que impulsa el Gobierno del Presidente Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo, contribuyendo en preservar un medioambiente limpio, lo que también se traduce en la generación de empleos para estas madres de familia.

María Gutiérrez, quien ha trabajado desde sus inicios en este sorprendente proyecto, explicó que además de realizar artesanías con la basura, junto a sus compañeras de trabajo y la Alcaldía Sandinista de Altagracia, han logrado construir escuelas para niños que no tienen recursos económicos.

“Con el trabajo compartido, hemos logrado edificar escuelas con botellas plásticas que la misma gente bota en las calles, y ahora hasta nuestros niños pueden asistir a las aulas de clases, pero además se ha construido en una hacienda de Mérida, una escuela para niños que están estudiando el inglés de forma gratuita, y esto nos hace sentirnos orgullosas”, destacó.

Al otro extremo de la isla, está un segundo núcleo poblacional de Ometepe, centro del puerto principal donde anclan las embarcaciones turísticas y comerciales. Este municipio, llamado Moyogalpa, también abarca la comunidad de ‘La Paloma’, casi en las riberas del Lago Cocibolca, y donde un grupo mujeres emprendedoras han formado la ‘Asociación Puesta del Sol’, un proyecto eco-eficiente destinado a la producción artesanal de vinos y té a base de la exquisita Flor de Jamaica.

Brenda Espinoza Salazar, explica que esta pequeña empresa ha surgido gradualmente, con el acompañamiento de la Alcaldía de Moyogalpa y el decidido apoyo de un grupo de estudiantes de Canadá, han logrado procesar el vino de flor de Jamaica en forma natural, pero además embotellándolo con recipientes reciclados, y etiquetándolo para darle una buena presentación al producto final.

“Esta es una experiencia muy bonita, muy placentera, porque todos sabemos que si las cosas las hace una sola persona es muy difícil que marchen, y nosotros tenemos siete años de estar trabajando juntas, hemos podido sacar adelante esta asociación, y cada una aporta sus ideas, y hemos podido crear mejores expectativas”, expresó.

Socorro Ponce Álvarez, también integrante de la Asociación Puesta del Sol, explicó que además de venir creciendo el negocio del vino y el té, también han incorporado otros comercios en la isla, entre estos se destacan la construcción de unas 12 habitaciones que son rentadas a los turistas que llegan a Ometepe, alquiler de bicicletas y kayak a dos remos, y un hospedaje con servicios de internet, bellas hamacas diseñadas por sus laboriosas manos y un ranchón típico.

“Toda la madera del techo de nuestro rancho, nosotras como mujeres las sacamos de la montaña, cargándola al hombro, y así iniciamos. Ahora, con lo que nosotras obtenemos de nuestros trabajos, apoyamos a las personas discapacitadas, a las escuelas, la iglesia, y para Navidad damos un paquete especial para los ancianos, y se apoya en jornadas de avatización, trabajamos en jornadas de limpieza en la comunidad y recolección de basura”, precisó.

Mujeres que alumbran las nuevas sendas del porvenir

Además del reciclaje de basura y la elaboración de exquisitos vinos de flor de Jamaica, las mujeres trabajadoras de Rivas, Buenos Aires, son grandes artesanas de la jícara, un fruto de la planta tropical que lleva el mismo nombre, y que crece abundantemente en esta zona. Parecida a una vasija de madera, es adornada y tallada por las habilosas manos de estas laboriosas madres de familia.

Amparo Aguirre detalló que para seguir creciendo, han fundado, junto a la Alcaldía Sandinista, la Cooperativa de Producción Artesanal ‘Mujeres de Buenos Aires’, donde unidas trabajan la jícara de filigrana, pero además, con este bondadoso material de la naturaleza, hacen aretes, canastas, porta lápices, joyeros, servilleteros y hasta copas, lo que también refleja un poco de las tradiciones de las familias de este pueblo.

“Aquí somos mujeres que trabajamos juntas, unidas. Y desde que iniciamos a trabajar hemos experimentado buenos cambios en nuestras vidas, hemos tenido el apoyo de la Alcaldía Sandinista, quien nos ha regalado el terreno donde hemos construido nuestra propia cooperativa, con lo cual le hemos dado más realce a nuestro municipio”, indicó Aguirre.

La artesana de la jícara explicó que el fruto lo parte y le sacan las semillas, luego lo ponen en cocción unos veinte minutos mezclado con ceniza, se seca la pieza, y se deja enfriar. Posteriormente se corta con instrumentos afilados específicos que dan la figura deseada, luego se pinta y se labra con fineza. Al concluirse este trabajo, la pieza es lavada con agua y cloro, y se expone al sol.

“Las figuras que plasmamos en las jícaras va dependiendo del cliente, generalmente les dibujamos pajaritos como gorriones, guardabarrancos, pavo reales, y también conejos. Pero si el cliente pide otro tipo de logotipo, nosotros nos adaptamos a sus gustos”, aseguró.

María Isabel Rocha expresó que con este trabajo han logrado surgir económicamente, incluso han ubicado sus productos en el mercado internacional. Sin embargo las metas y expectativas de esta cooperativa son mayores, porque lo que realmente esperan es seguir luchando por la unidad y fraternidad, mismos valores con los que se han venido familiarizando y reafirmando el trabajo como un legado único de la revolución sandinista en estos nuevos tiempos.