Vanessa Benavides Hernández es una de las principales protagonistas en los II Juegos Paracentroamericanos 2018, que se celebran en Managua. Es una de las mejores jugadoras de la selección femenina de goalball, que busca retener la medalla de oro ganada en los juegos desarrollados en San José Costa Rica hace 4 años.

“Para nosotros son muy importantes estos juegos, porque muy pocos se realizan centroamericanos en Nicaragua y más de esta categoría, que son avalados por el Comité Paraolímpico Internacional, por la Federación Mundial de Personas ciegas, son muy importantes porque nos abren muchas puertas”, dice Benavides que está muy motivada por representar al país.

Esta joven atleta de 25 años fue junto a Carlos Baquedano, abanderada de la delegación de deportistas con discapacidad que representan a Nicaragua, que por primera vez organiza este evento, así como recientemente se celebraron los Juegos Centroamericanos.

Vanessa practica el goalball, la natación y actualmente es la campeona centroamericana de los 200 y 400 metros planos en atletismo de personas ciegas.

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De fácil palabras, Vanessa nos habló luego de concluir sus prácticas con la selección. Nos contó que perdió la vista de manera progresiva.

Cuando empezaba a caminar siendo una niña de un año, le diagnosticaron retinitis pigmentaria, que es un desorden genético que afecta la capacidad de la retina para responder a la luz. Es una enfermedad hereditaria que causa una pérdida lenta de la visión, comenzando por una visión nocturna disminuida y pérdida de la visión periférica.

Pero Vanessa no es la única ciega en su familia, su hermano Víctor Benavides, sufre la mismo, pero con la salvedad que su discapacidad visual es del 40 %.  Lo raro de ambos casos, es que sus padres ven perfectamente y en el resto de su familia no hay antecedentes similares.

Ella logró cursar su primer y segundo grado de primaria en un colegio regular, pero como su ceguera progresaba, sus padres buscaron la orientación del centro escolar Melania Morales. A partir del tercer grado comenzó a relacionarse con otros ciegos.

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“Mis padres se percataron que tenía un problema visual, como ya tenían antecedentes con mi hermano mayor, él es parcial, me hicieron los exámenes y salió el diagnostico que iba a sufrir de ceguera. En mi familia siempre hemos tenido un trato normal como cualquier otro niño, pero con dificultades porque no teníamos las mismas capacidades visuales, como mis demás primos o demás niños, mi infancia se desarrollo más o menos normal”.

Vanessa pierde la vista a los 15 años, por lo que su hermano Víctor y ella, tuvieron que aprender el sistema braille.

“Los exámenes médicos decían que yo no iba a perder la vista totalmente, el diagnóstico de ceguera total era para mi hermano, sin embargo fue al revés, fue difícil para mí, pero uno va adaptándose a ese estilo de vida. Si uno tiene una buena postura ante la dificultad uno logra salir adelante”, reflexiona.

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Vanessa se involucró al deporte gracias a su actual entrenador Francisco Fonseca, cuando siendo una niña la motivo a practicarlo, le miraba potencial y hasta el momento no lo ha defraudado. Ha sido parte esencial de la selección de goalball, practica natación y ha sido campeona en atletismo.

“Cuando comienzo a involucrarme con los ciegos para mí era algo nuevo, nunca en mi vida había visto un ciego, sabía que tenía el problema, pero pensaba que solamente era mi hermano y yo, fue muy difícil, porque me sacaron del colegio regular, estaba pequeña, fue un cambio drástico en mi vida, yo no quería juntarme con los ciegos en ese momento porque yo miraba a esa edad (8 años)”, indica.

Su entrenador Francisco, recuerda que Vanessa siendo una niña no quería practicar el deporte, pero siempre buscó la manera de incentivarla y ayudarla a adaptarse a su condición de ciega.

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Empezó ayudándome a cargar los balones, no quería meterse al deporte, pero después fue adaptándose, le gustó y demostró que era muy buena, a nivel de Centroamérica es muy respetada en el goalball. Tiene una buena velocidad en su tiro, ella a una corta edad de 14 años andaba jugando con personas grandes. Su capacidad de ataque es buena, igual que su defensa”, dice el entrenador.

La atleta reconoce que han tenido el apoyo del gobierno, por medio de las autoridades deportivas, ya que sus entrenamientos son diarios, los deportistas tienen las condiciones básicas y asisten con mayor regularidad a los diferentes eventos deportivos del área.

La alta autoestima de Vanessa, no solamente es culpa del deporte, también de sus padres. Don Ricardo Benavides García, electricista industrial jubilado, afirma que su hija siempre ha sido muy activa, muy curiosa.

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Vanessa es ceguera total, mi otro hijo es parcial, ambos tienen la misma enfermedad, pero siempre les he inculcado que deben superar sus discapacidades, nunca los margine, al contrario los apoye con todo, estuvieron en escuelas regulares y después los lleve al Melania Morales. Ella es muy buena deportista, su discapacidad no ha sido impedimento, nunca se ha acomplejado, lo que ella se propone lo consigue”.

Su padre la define como una mujer que va derribando los obstáculos que se encuentra, sobre todo para criar a su hija Alisson Vanessa Martínez, de 4 años.

Los médicos no se explican porqué mis hijos nacieron con esa discapacidad, ni mi esposa, ni su familia, ni la mía hemos tenido ese problema, pero ya Dios quiso eso para mis hijos y aceptamos su voluntad”, manifiesta.

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Actualmente Vanessa estudia la licenciatura en educación física, pues desea ayudar a otras personas ciegas a desarrollarse tal y como ella lo ha logrado. Desde hace cuatro años, Vanessa está casada y se convirtió en madre de una niña que cada año es evaluada por los oftalmólogos, para determinar si puede heredar la condición de su madre.

“Mis padres son mis ojos, son mi vida junto con mi hija, siempre han estado conmigo y con mis hermanos, son mis amigos, son todo para mi, ellos han dado la vida por nosotros”, cuenta Vanessa que participó en su primer evento internacional a los 13 años.

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