A menos de 48 horas de que el huracán Irma llegue a las costas de Miami Beach, Florida, con una intensidad que se calcula devastadora, la ciudad se encuentra vacía. Sus calles, avenidas y corredores principales no presentan movimientos de ningún tipo. Sólo los sordos sonidos de los taladros eléctricos y de martillazos aislados se dejan oír.

Lincoln Road, una de las arterias con mayor flujo de turistas y locales, está desierta. Pero no es la única. Las tiendas que suelen tener decenas de visitantes cada minuto, cerraron sus puertas y tomaron las medidas sugeridas para frontar el fenómeno climatológico.

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