En esta celebración de los Managua en honor a Santo Domingo de Guzmán, el colorido, la cultura y la tradición se muestran en cada promesante, quienes vestidos de caciques, negritos, o trajes de folclore, reafirman año con año su agradecimiento a la venerada imagen por los favores concedidos.

Aquí no importa la edad, desde el más pequeñito hasta el más anciano, viste su mejor atuendo para bailarle al santo milagroso, en agradecimiento a su infinita bondad, sin importar el inclemente sol, lluvia o el largo trayecto que les espera.

Quizás para este 4 de agosto es menos la afluencia de personas, pero ese reducido grupo se mostraban fieles devotos de la imagen, ya que entre lágrimas le pedían a “Minguito” escuchar sus súplicas.

Vistiendo su traje de cacique, doña Mercedes Sevilla de 76 años bailaba al son de filarmónicos en alegría y fervor, pero detrás de ese traje colorido y adornado con plumas, estaba una historia triste de una mujer que perdió a su nieta.

Comentó que ella paga doble promesa, la de ella por agradecimiento a “Minguito” por salir bien de una operación y la continuidad del pago de la promesa de su pequeña nieta.

Tengo 7 años de pagar mi promesa de una operación que me hicieron y la de mi niña que se me murió, ella pagaba una promesa vestida de indita, y antes de morir me pidió que yo siguiera la tradición”, comentó entre lágrimas.

José Adán Guillen de Matagalpa y Darwin Espinoza de Masaya, son 2 promesantes con más de 10 años de cumplirle Santo Domingo de Guzmán, sin importar el largo trayectos desde sus ciudades de origen.

Tengo 24 años de pagar una promesa y la de mi niño, mi esposa embarazada se cayó de una camioneta y yo le pedí a Santo Domingo que cuidara a mi hijo y así fue, y en mi caso tenía una herida en mi cabeza y me sané”.

Comentó que desde el 31 de Julio viaja de Matagalpa a la capital para participar en la Vela del Barco y Palo Lucio, “me quedo el 1, hoy 4 de agosto, viajo a San Andrés de la Palanca, y luego participo en la vela y el 10 lo voy a dejar”.

Soy originario de Masaya, de Monimbó, y mi promesa de 12 años es por mi mamá, quien padece de epilepsia, le pido a la imagen bailándole con devoción que sane a mi madrecita, porque los milagros existen si somos creyentes”, concluyó Darwin Espinoza.