Si algo anhelaba el Padre Miguel D’ Escoto, era oficiar la Santa Misa junto a Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Miguel Obando y Bravo; es algo que nos hizo saber aquel 4 de agosto de 2014, fecha en que el Papa Francisco, levantó la “suspensión a divinis” desde el Vaticano.

La prensa nacional invadió su hermosa casa museo en Managua; todos querían conocer se reacción ante tamaño de noticia. El levantamiento de la "suspensión a divinis”, significaba que ya podía oficiar la Santa Misa, autorizado por la Iglesia, y era algo que le tocaba el corazón, en lo más profundo.

En ese entonces, sentado desde el patio de su casa, Escoto recordó que había sido suspendido de su oficio como sacerdote en 1985, por Juan Pablo II, ante su entrada al Gobierno Sandinista; lo que le impedía oficiar la misa.

El compromiso del Padre Escoto con el sandinismo fue tan inmenso, que dejar la revolución era como traicionar a su propio pueblo; era como traicionar a los héroes y mártires, al Comandante Daniel Ortega y a todos los grandes hombres y mujeres que estaban en la lucha revolucionaria.

El ex canciller de Nicaragua y ex Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, manifestó en ese momento, que fue el mismo Dios quien le dio la gracia de poder cargar con su suspensión sin ningún rencor ni remordimiento.

Reflexionando un poco sobre lo que esto significaba, el Padre Escoto, manifestó que aunque no celebraba la Santa Misa, siguió viviendo una espiritualidad eucarística, y viviendo siempre a disposición de la revolución en defensa del pueblo nicaragüense.

Las palabras más representativas que expresó el religioso, al recibir la noticia del levantamiento de su suspensión, fue precisamente que su sacerdocio ha sido de este pueblo y para el pueblo.

La alegría en su rostro se pudo notar el 25 de septiembre 2014, cuando ofició su primera misa de acción de gracias (tras su suspensión). Nada más que en aquella ocasión, presidió la eucaristía con el sacerdote Uriel Molina Oliú, en el contexto del 35 Aniversario de la Policía Nacional y en ocasión del Día de la Virgen de la Merced.

Se recuerda de ese gran momento, cuando el padre Escoto agradeció al Papa Francisco, por haberle revocado la “suspensión a divinis”; y expresó también sentirse agradecido con el Espíritu Santo, porque a pesar de haber sido suspendido de los oficios religiosos, siempre se mantuvo feliz!