“Tenemos el país más seguro de América Latina, el país más estable de América Latina, el país con mayor crecimiento económico de la región centroamericana, un país que ha logrado mantener una política de seguridad y de combate hacia el narcotráfico”.

Esas palabras reflejan el orgullo de José Antonio Zepeda cuando habla de Nicaragua. Se siente desde la primera frase.

Profesor especializado en física, diputado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, presidente de la comisión de Educación de la Asamblea Nacional, asesor presidencial de educación y secretario general de la Confederación de Educadores Anden, Zepeda conversa con The Prisma durante su paso por el Reino Unido, donde asiste a la conferencia de la National Union of Teachers (NUT) a realizarse en Cardiff.

Zepeda rechaza la Nica Act, proyecto del Congreso de Estados Unidos que pretende impedir que el gobierno de Daniel Ortega –quien en noviembre fue reelecto por tercera vez consecutiva con el 72,5% de los votos– acceda a préstamos y créditos provenientes de entidades internacionales.

“Es una intromisión”, explica de partida. “Vemos que no cambia esa tendencia que han tenido en años anteriores durante el gobierno sandinista. Los argumentos que se plantean en la Nica Act no tienen fundamento en términos de realidad en Nicaragua”, agrega.

Zepeda descarta cualquier situación de ingobernabilidad y defiende la política de inversión y desarrollo “que ha sido reconocida por los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano”.

“Hay un consenso de moros y cristianos de que los principales afectados serían los más pobres. Porque obviamente la inversión va dirigida a desarrollar y generar empleo”, explica sobre las eventuales consecuencias de la Nica Act. La economía nicaragüense es la segunda más pequeña del todo continente y, paradojalmente, tiene a Estados Unidos como principal destino de sus exportaciones.

Intervencionismo y “golpes blandos”

Desde 1854, cuando Estados Unidos intervino militarmente por primera vez en Nicaragua bombardeando el puerto de San Juan del Norte, se cuentan siete intervenciones armadas. A mediados de los 80, incluso, Nicaragua demandó a Washington ante la Corte Internacional de Justicia y ganó el caso. Hoy, a juicio de Zepeda, la realidad es otra.

“La política norteamericana se ha enfocado con lo que ahora se llaman golpes blandos. Tuviste un golpe de estado en Honduras, otro en Brasil, otro en Paraguay, la campaña contra el compañero Lenín Moreno (presidente elcto de Ecuador) que ganó en dos vueltas y ahora cuestionan de que hubo fraude, la situación de Bolivia”, dice.

Zepeda lo explica así: “Estados Unidos consideraba que habían descuidado el traspatio y que por eso la izquierda latinoamericana había avanzado y ahora había que volver las cosas en orden. Esa es su política. Nosotros ya la vivimos siete veces”. “Hay diferentes formas de intervenir, no solamente con tropas. Los golpes de Estado hoy son a partir de las asambleas nacionales, a partir de los congresos. En Brasil fue el Congreso el que destituyó a Dilma, en Paraguay fue el Congreso, en Honduras fue el Congreso para sacar a Mel (Manuel) Zelaya, en Venezuela el conflicto es con la Asamblea también para generar mayores situaciones difíciles”, ejemplifica.

No todo es negativo según el diputado nicaragüense, quien destaca el triunfo de la Revolución Ciudadana en Quito, “la forma organizada de los compañeros de Brasil que están empujando, la resistencia que se ha presentado en Paraguay, la situación de Argentina con el paro nacional por parte de los sindicatos”.

La lucha por la calidad en la educación

Con un pie en el sindicalismo, otro en el Congreso y un tercero como asesor presidencial, José Antonio Zepeda se define ante todo como profesor. Así es presentado en cada intervención en la Asamblea Nacional y así es como la vicepresidenta y esposa de Daniel Ortega, Rosario Murillo, prefiere llamarlo. “Los otros cargos son eventuales, soy diputado hoy, pero profesor seré toda la vida”.

Si bien Zepeda enumera una serie de avances para lograr una educación pública gratuita –“hemos tenido 11 años consecutivos de reajustes salariales para los educadores”, dice– plantea también una serie de materias pendientes. Muchas de ellas son, a su juicio, parte de una restitución de derechos alguna vez eliminados por políticas neoliberales.

“Hoy el reto que tiene la educación en Nicaragua es la calidad. Pero no una calidad de mercado, ojo. No. Nosotros hablamos de calidad de la educación en términos del desarrollo de las personas”, aclara.

“Creemos que hay realidades diferentes –explica–. Tenemos la secundaria rural, que se adapta a las necesidades de las zonas rurales. La primaria acelerada, para las personas adultas que no han terminado su primaria. La educación en Nicaragua va dirigida hacia el ser humano más que al mercado. Obviamente si las personas tienen un mayor desarrollo de sus capacidades tendrán más oportunidades de salir de la pobreza. La educación por sí misma no te saca de la pobreza, pero sí te da las herramientas y elementos fundamentales para poder enfrentar la vida”.

Desafíos y solidaridad

Zepeda defiende contra viento y marea el modelo sandinista, “un modelo de alianza, de consenso, del tripartismo como principio fundamental para el desarrollo económico”. A su juicio, “mantener la paz, la seguridad y tranquilidad que tenemos hoy es uno de los elementos fundamentales en Nicaragua, que atrae al inversionista y a la población en general”.

El diputado agrega que los 10 años de paz y tres décadas de traspasos de poder por medio de elecciones democráticas son un “tesoro” sobre el cual se construye el resto, “un modelo cristiano, socialista y solidario que parte de las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo”.

Son justamente estos valores los que destaca de Nicaragua Solidarity Campaign, iniciativa que por décadas ha tendido una mano a la distancia. “La solidaridad es la ternura de los pueblos”, dice Zepeda citando a la poetisa nicaragüense Gioconda Belli. “Para nosotros es muy importante esta campaña y la permanencia que ha tenido”.

Y concluye: “Cuando perdimos las elecciones en los años 90 (Ante Violeta Chamorro en 1990 y Arnoldo Alemán en 1996) muchos compañeros dijeron hasta aquí llegó la cooperación y la solidaridad porque ahora hay gobiernos neoliberales. Yo decía no, es ahora cuando más necesitamos la solidaridad. La solidaridad se expresa en los momentos difíciles y también se comparte en los momentos alegres”.

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