En el municipio de Moyogalpa en la paradisiaca Isla de Ometepe, las mujeres están cambiando su vida gracias al cada vez más pujante turismo rural comunitario y al proyecto Bahía Puesta del Sol, un ejemplo de que la unidad y las ganas de derrotar la pobreza, son fundamentales para cumplir sueños.

Era el 2005 cuando un grupo de mujeres de la comunidad decidieron sumar sus fuerzas e ideas para darle vida a un proyecto turístico que poco a poco ha venido dando sus frutos.

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En los últimos 10 años y muchas horas de capacitaciones en el tema turístico, han permitido que unas 17 familias de la comunidad La Paloma vengan saliendo de la pobreza, brindando servicios a turistas nacionales y extranjeros que buscan experiencias autóctonas y el contacto con el modo de vida natural de las personas que habitan en estas comunidades.

Estas familias se dedicaban a la pesca y la agricultura, pero el auge del turismo en Nicaragua, les ha hecho diversificar sus actividades económicas.

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Durante muchos años estas familias pasaron atrapadas por la pobreza, sin percatarse que su forma de vida, sus costumbres y el entorno en que viven era un verdadero diamante en bruto al cual ahora le sacan provecho.

El turismo rural comunitario era un término que poco le entendía Daniela López, hasta que su comunidad fue visitada por una pareja de turistas, que se quedaron maravillados como una porción de tierra o estrecho del lago cuyas aguas se abre en época de verano.

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Daniela cuenta que el mayor cambio se da cuando cada familia decide convertir sus viviendas en alojamientos para los turistas, con el propósito de mejorar sus ingresos.

En esta comunidad el turista tiene la oportunidad de integrarse a la vida cotidiana de los lugareños y ese es el principal imán que atrae a los visitantes extranjeros.

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“Tenemos 12 años de existir y consiste en dar la oportunidad a los extranjeros de compartir con la gente local, la cultura nicaragüense, nuestras costumbres, nuestra comida”, resalta Daniela.

Desde que se plantearon la idea de unirse y echar andar el proyecto, fue hasta dos años después que tuvieron los primeros “huéspedes”.

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Los principales clientes de Bahía Puesta del Sol, son turistas o estudiantes canadienses, que viene por varias semanas a conocer las costumbres, la gastronomía local y a practicar el español, idioma que estudian en las universidades. También han alojado a ciudadanos europeos, norteamericanos y de otras naciones, que han conocido de esta experiencia.

“Cuando comenzamos en el 2005 una familia contaba con una habitación nada más para atender a sus clientes y ahora cuentan con 2 o 3 habitaciones cada familia, tenemos una capacidad para 70 personas en nuestra comunidad y cada familia ha ido mejorando sus condiciones”, destaca Daniela, una mujer que agradece las oportunidades que han recibido por parte del INTUR y otras instituciones del gobierno, que les han ayudado a diversificar su oferta.

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En Bahía Puesta del Sol, ahora no solamente ofrecen al visitante, la oportunidad de vivir su cotidianidad, también rentan motocicletas, paseos a caballos, en bicicletas, kayaks, dan clases de ritmos latinos, cuentan con un bar-café y si quieren conocer la isla o sus volcanes, un guía turístico está listo para llevarlos y que tengan la experiencia completa de la Isla de Ometepe.

También estas familias vienen promoviendo la producción artesanal, como la elaboración de vinos de Jamaica y te a base de plantas medicinales, opciones que les permite tener ingresos adicionales.

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“Ha sido un trabajo largo y duro, al comienzo fue difícil, fueron 2 años que tuvimos que trabajar para lograr el primer turista, tuvimos reuniones y muchas capacitaciones, al comienzo todo fue bastante difícil, pero hoy el sueño lo hemos llegado a hacer realidad”, resalta Brenda Espinoza, otra de las socias de este proyecto comunitario.

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Turistas atrapados por amabilidad del nicaragüense

Marianne Berube, es originaria de Canadá, desde noviembre pasado llegó a Nicaragua con su novio Michael Poisson, ambos han conocido Estelí, Matagalpa, León, Granada, San Juan del Sur, pero es en la Isla de Ometepe donde más tiempo han estado, ya llevan casi dos meses de convivir con las familias de la comunidad La Paloma.

“Vinimos aquí porque el padre de mi novio vino el año pasado, le gusto mucho y entonces queríamos ver todo el país y conocer un poco la cultura nicaragüense y nos gustó mucho la isla de Ometepe”, dice Marianne.

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Asegura que la forma de vida de estas familias los ha atrapado, tanto que piensan regresar para seguir conociendo la isla y otras partes del país.

“Me gusta mucho la gente de aquí porque es muy amable, me gustaron sus playas, los volcanes, todo es muy bonito y queremos volver el próximo año”, afirmó Poisson, mientras se alistaba para ir a escalar el volcán Maderas.

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El año pasado en Bahía Puesta del Sol se alojaron cerca de mil 300 personas, la inmensa mayoría turistas de todas partes del mundo, que salen de sus países buscando formas de vidas muy diferentes a la de las grandes urbes.

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