Los espantos, como el Cadejo, La Mocuana y La Mona, entre otros, fascina a los turistas de otros países que visitan Nicaragua.

Sachin Bhandary, originario de la India, escribió recientemente en el sitio Live Mint, un artículo que tituló “Historias de fantasmas en Ometepe” (“Ghost stories of Ometepe”) en el que cuenta, a partir de una experiencia, su acercamiento a las leyendas nicaragüenses.

El autor cuenta cómo, mientras escalaba con esfuerzos el Volcán Maderas, se topó con una de las leyendas más famosas en nuestro país.

“¿De verdad estoy viendo al Cadejo? Me pregunté. Una sensación de miedo recorrió mi cabeza y bajó hasta mis dedos de los pies. Sin tener idea de qué esperar, me quedé quieto, rezando a los dioses a quienes antes había negado mi fe”, relata.

Bhandary describe en su artículo a la hermosa Isla de Ometepe: “Isla de Ometepe es lo más cerca que he estado de un idilio”.

“Todos parecen conocer a todos en la isla. El ocio consiste en un juego de fútbol en la playa, y la vida nocturna es beber cerveza nacional en los bares locales. La hora de dormir es no más tarde de las 9 pm. Finalmente, había encontrado un lugar en el que parecía pertenecer”.

En su relato, Bhandary explica sobre el origen de los Cadejos Negros y Blancos, enormes perros que “no son verdaderos animales, sino sobrenaturales. Son capaces de cambiar su tamaño y pueden lastimar a las personas. Generalmente, les aparecen a personas borrachas que caminan de regreso a su casa en la noche”.

“Los espantos no sólo existen en Ometepe; están en todos lados en Nicaragua. Y el Cadejo es probablemente el menos atemorizante. Las leyendas de lo sobrenatural están bastante desarrolladas en Nicaragua, que ha tenido una larga e intensa historia -desde dictaduras y ocupaciones extranjeras, hasta guerras civiles y revoluciones. Los espantos nicaragüenses se remontan al pasado y parecen ser parte de la memoria colectiva del país”.

“La Mocuana, por ejemplo, la princesa indígena (hija de un cacique) que se enamoró de un español. Para probar su afecto, ella permitió a su amado acceder al tesoro de la tribu. Contemplando el oro, el español decidió traicionarla, dejándola atrapada en la cueva y huyendo con el tesoro. La joven logró escapar y desde entonces deambula sin rumbo por el país”.

Además de La Mocuana, el autor relata la leyenda de La Llorona: “Se dice que en ciertas noches se puede escuchar a una mujer joven llorando incesantemente cerca de los ríos o el mar. Su historia también envuelve una traición por un español. La muchacha estaba embarazada, y el hombre, al no querer aceptar a la joven como su esposa, ni tampoco vivir en Nicaragua, huyó mientras dormían a la orilla de un río. Cuando despertó, la joven se dio cuenta que el hombre se había ido. Arrojó a su bebé a las aguas del río, pero inmediatamente sus instintos maternales la dominaron e intentó salvar al bebé, pero era muy tarde. Madre e hijo se ahogaron”.

“Ahora se le oye gritar y sollozar por su hijo en las noches -‘Ay mi hijo! Ay mi hijo!”.

Bhandary afirma que los habitantes de Ometepe coinciden en que estos dos espantos no aparecen en la Isla, pero sí lo hace otro que ha provocado mayores sustos en las últimas décadas.

Carlos Ortiz ha visto muchos Cadejos en varias ocasiones, pero lo que realmente teme es a La Mona. Al principio, no entendía por qué los isleños tienen miedo de un animal que ven todos los días. Pero ésta no es una mona ordinaria. La Mona, aparentemente, es una humana transformada en este animal. Mucho más grande que los normales, estas monas tienen rostro humano”.

“Carlos dijo que una bruja de la isla se transformaba en Mona para asustar a la gente (…) Y aquí fue cuando Joel, que también trabaja en el hospedaje, dijo que La Mona había estado aquí hace tres noches, asustando a las personas, y que probablemente por estar dormido no había escuchado cuando dejó caer varios cocos al techo de mi cuarto”.

“La naturaleza rural de Nicaragua puede que tenga algo que ver con estas leyendas. La electricidad ha llegado tan sólo recientemente a ciertas áreas. Quedarse hasta tarde en la noche no es considerado seguro. Y los nicas aman compartir historias mientras se sientan afuera de sus casas cada tarde”.

“Los apariciones de espantos se han reducido desde que la televisión y la electricidad existen en la isla”.

“Aquella tarde en el Volcán Maderas, mientras quedaba viendo al que parecía ser un Cadejo Negro con ojos rojos, estaba seguro que me encontraba en peligro. Momentos después, sin embargo, el animal miró a otro lado. Me di cuenta que era un perro y le hice señas”.

“Movió su cola y su dueño lo siguió. Nos saludamos”.

“Los perros y los Cadejos se parecen. Y esa podría ser la causa de una de las leyendas más comunes de Nicaragua”.