“La belleza es el lubricante de la vida, nos acerca a Dios e impide que se nos corroa el corazón”, así concluye el Padre Miguel d'Escoto Brockmann la presentación del libro del teólogo brasileño Leonardo Boff: “El Espíritu Santo. Fuego interior, dador de vida y Padre de los pobres”.

Las trayectorias del Padre Miguel y de Boff son reconocidas internacionalmente y la edición de la obra del teólogo brasileño (Managua, Pavsa, 2014), hermosa en su mensaje espiritual, es además un justo tributo a la intensa belleza de la cerámica nicaragüense. El Padre Miguel, ex canciller de Nicaragua y alma promotora de la vasta cultura de la alfarería nacional, logra con sublime delicadeza proyectar el espíritu del barro pinolero en dimensiones más allá de lo cotidiano, con una trascendencia que tiene sustento en la genialidad y nobleza de nuestro pueblo.

Uno de los protagonistas de las magníficas ilustraciones del mencionado libro es Enmanuel Maldonado (San Juan de Oriente, 24 de diciembre de 1977), alumno del maestro Helio Gutiérrez, otro laureado artista nicaragüense. Maldonado conversa con Ricardo Alvarado, embajador nicaragüense en Helsinki, en un intervalo de tiempo durante una reciente gira de trabajo en nuestro país. Ambos intercambian insumos sobre las posibilidades organizativas de nuevas exhibiciones de nuestra artesanía contemporánea en países como Irlanda y Finlandia.

El talentoso artista, destacado alfarero y cuyas creaciones han recibido los mejores calificativos en los países nórdicos, repentinamente muestra a Alvarado el libro de Boff, ilustrado por el Padre Miguel. Una de sus obras insignes “Mis ojos”, precioso jarrón que pareciera mirar y emanar de su cuello palabras multicolores de paz, brilla impactante con encanto cosmológico en la portada. La pieza cautiva con su mezcla de tonalidades de estilos precolombinos, modernos y postmodernos.

“La gran riqueza espiritual de Enmanuel está muy bien reflejada en el jarrón que pusimos de portada y que pareciera asemejarse a un búho, símbolo de reflexión y sabiduría”, escribió el Padre Miguel, un visitante asiduo de San Juan de Oriente.

“Existen tres jarrones semejantes, uno en Nicaragua, otro en el Museo de Cerámica en Dinamarca, el tercero en Finlandia”, explica Enmanuel. Alvarado recuerda que el jarrón en Dinamarca (Keramikmuseum Danmark, Middelfart) dio vida a la portada del último catálogo de cerámica contemporánea nicaragüense publicado en Letonia (2013), el que acaparó la atención de portales culturales en ruso y letón. Señala el diplomático que la versión en Finlandia de la mística pieza, con otras provenientes de colecciones privadas, encabezará la próxima exhibición de arte contemporáneo nicaragüense que, en el marco de la jornada “Orgullo de mi país” impulsada por el Gobierno de Nicaragua, espera inaugurarse en noviembre próximo en el Palacio Municipal de Jyväskylä, ciudad de la región central de Finlandia, a 270 kilómetros de Helsinki.

Egresado de la carrera de periodismo (2002), ceramista desde los nueve años y frecuente expositor en exhibiciones internacionales, Enmanuel Maldonado asegura que su profesión periodística le ha ayudado mucho, “porque a través de mi arte yo también me comunico”.

No es casualidad que Enmamnuel, al igual que el resto de maestras y maestros ceramistas del pueblo, con esa sabiduría que proviene de las entrañas patrias, enfáticamente asevera: “Nunca me iría de Nicaragua, estoy enamorado de mi país y en particular de mi pueblo”.

Sus palabras son honestas, convincentes. El galardonado ceramista afirma que su pasión y fuente de ingresos provienen del barro, el que lo ha llevado a cosechar éxitos en el norte de Europa y otros países. “Mi casa, mi taller, la educación de mis hijos, todo se lo debo al barro”, manifiesta con orgullo el maestro, quien con voz entrecortada añade “y en primer lugar a Lisseth”. Apreciada y notable ceramista, Lisseth falleció en 2013 como consecuencia de una enfermedad.

De hablar pausado, Maldonado esboza satisfacción en el rostro y puntualiza expresando: “Hoy gozamos de paz, tranquilidad. Este es un país de mucho amor, hermandad, solidaridad y estamos creciendo. Hoy tenemos más ceramistas, una nueva generación que triunfa nacional e internacionalmente. Nuestro pueblo es una fuente de la que fluye permanentemente arte en cantidad y calidad”.

Enmanuel y muchos otros ceramistas nicaragüenses son orgullo de nuestro país. Sus creaciones llevan implícito un contenido espiritual extraordinariamente único, transmiten luz límpida y penetrante que hace resplandecer, en las más remotas latitudes europeas y de otros continentes, nuestras raíces culturales en todo su esplendor. La excelsitud de la cerámica nicaragüense es tan infinita como el cielo, porque procede de las manos prodigiosas y laboriosas de artesanas y artesanos como Enmanuel, constructores de su presente y futuro, escultores de artesanías que representan en el mundo la grandeza artística, humana y espiritual de nuestro pueblo.

Enmanuel Maldonado y sus hermanas y hermanos de San Juan de Oriente son protagonistas y portadores de la belleza espiritual de la cuna de Sandino y Darío. Sus producciones son poemas modernistas y futuristas, versos de vida, son prosas de soberanía y de mujeres y hombres libres, estrellas luminosas de barro glorioso que, desde el cielo y desde la tierra, pero sobre todo desde el corazón, escriben con letras santas, en cada rincón de este mundo y de su más allá, el nombre sagrado de nuestra patria, Nicaragua.

Nuestra gratitud para ellas y ellos.