La próxima vez que usted compre fresas en un supermercado, gasolinera o puesto de venta en los mercados populares, y sienta el delicioso sabor de una de las frutas más exóticas que hay en el mundo, sepa que no necesariamente vienen de lugares tan distantes como Estados Unidos o Europa sino de un verdadero paraíso: las siempre verdes y frescas montañas del municipio de Las Sabanas, departamento de Madriz.

La producción de fresas está básicamente en manos de pequeños agricultores, quienes toda la vida tuvieron que depender de los granos básicos para su subsistencia, pero que hace unos 14 años vieron en un producto casi desconocido entonces, como la fresa, una mejor alternativa si se toman en cuenta las condiciones climáticas de las montañas del norte de Nicaragua.

“Nosotros vivimos en una zona donde no podemos cultivar maíz y frijoles”, indica el agricultor Cristian Antenor Hernández, habitante de la comarca Encinos.

Él empezó a cultivar este producto no tradicional en año 2002, pues confiaba en que “iba a generar dinero y que era un cultivo de muy buen provecho para familias de escasos recursos”.

Hernández es uno de los 22 productores de fresas de Las Sabanas. Él asegura que el escepticismo y las dificultades iniciales no hicieron mella en el entusiasmo de los pioneros, quienes superando todos los obstáculos se pusieron a trabajar y a cuidar las primeras plantas.

“Nosotros por los escasos recursos no pudimos estudiar, pero Dios nos ha dado la mente de trabajar”, apunta.

Las pequeñas áreas donde siembran estos agricultores se ubican en la Reserva Natural Tepesomoto-La Patasta. Ahí el excelente clima (favorecido una altitud arriba de los 1,400 msnm) y los buenos suelos son fundamentales para garantizar textura y sabor a los frutos.

Antes de recolectar los frutos...

La fresa puede reproducirse por semillas, pero para los campesinos nicaragüenses eso significaría incurrir en enormes inversiones y en un proceso técnico que no está a su alcance.

Por esa razón lo que hacen es seleccionar las plantas mejor formadas y extraer los pequeños hijos que crecen junto a ellas. A estas plantitas se les recortan las raíces, las hojas y se les limpia.

Una vez hecho eso, son pasadas al semillero: un pequeño banco de germinación donde luego de 1 mes de desarrollo se escogen las mejores para su trasplante definitivo.

Según el productor José Méndez, el terreno donde deberán crecer las plantas hasta su floración y fructificación debe cumplir muchos requisitos.

“Primero se pica el terreno como que si se va a sembrar cebolla u otra hortaliza, luego se banquea (formar camas de tierra), se empareja, después se extienden el plástico y se rotea (hacer hoyos en la cobertura plástica que cubre las camas)”, explica.

Respecto al “roteo”, el sistema es bastante sencillo de efectuar. Este se realiza en base al método de siembra en “tres bolillos”, es decir, en forma triangular, con 30 centímetros entre mata y 40 centímetros entre bancos.

Méndez señala que el plástico es un elemento primordial para garantizar la producción, controlar los hongos, mantener la higiene, la humedad y evitar el crecimiento de la maleza.

“Sin plástico no se puede sembrar la fresa”, asegura.

En este sentido, el joven Rodrigo López, manifiesta que para poder recoger frutos hay que estar atento a cada etapa de desarrollo de la planta.

“La planta para cosechar se dilata cuatro meses, pero hay que darle mantenimiento, hay que estarla desflorando, hay que estarle sacándole la maleza, viendo si tiene alguna enfermedad o si la está atacando la plaga”, indica.

Cultivo orgánico

En esta época, cuando el uso excesivo de agroquímicos es el causante de múltiples trastornos en la salud, quien consume fresas “nicas” puede estar tranquilo: los productores nacionales ni tienen el suficiente dinero para adquirirlos y tampoco tienen muchos deseos de incorporarlos a sus pequeñas parcelas.

Ellos desde un inicio se plantearon la producción orgánica y señalan que los rendimientos han sido lo suficientemente buenos como para no necesitar de agentes industriales.

“Este cultivo es sano, nosotros estamos trabajando con lo orgánico, nada de químico, ya que este cultivo va directamente de la parcela a la mano del consumidor, y entonces no podemos aplicar químicos”, aclara Cristian Antenor Hernández.

Rentabilidad comprobada

Los beneficios económicos quizá no sean millonarios, dado que son pequeños agricultores. No obstante, son lo suficientemente buenos para darle estabilidad a quienes ven en la tierra el futuro de sus familias.

Eso lo ejemplifica de una manera muy clara el señor José Méndez: “Una libra de frijol por cara que esté lo más vale 20 pesos”, mientras que la fresa, “cómoda, barata, la vendemos a 40 pesos la libra, y una mata está capacitada para dar ¾ de libra y algunas hasta la libra durante el ciclo”.

Una vez explicado todo esto, ya sabe, la próxima vez que esté saboreando las deliciosas fresas recuerde que estas son un tesoro más salido de las montañas nicaragüenses, donde decenas de familias campesinas trabajan diariamente para que usted tenga en su mesa un producto sano y de la mayor calidad.