Aunque de nombre existía un vice ministerio de planificación urbana, barrios y asentamientos se fueron extendiendo desordenadamente, asentándose sobre fallas geológicas, en terrenos bajos sujetos a inundación y junto a cauces por donde, desde las alturas de El Crucero bajan corrientes a gran velocidad, sostiene el doctor en geología William Martínez

La tarea aunque es sumamente dura, con recursos suficientes para enfrentarla en toda su magnitud, pero la administración del Presidente Daniel Ortega la ha abordado con obras de defensa como mini presas, utilización de gaviones y enchapamiento de causes para evitar que continúen ensanchándose amenazando casas ubicadas en sus orillas, entre otras cosas.

Martínez aun cuando se va haciendo,  todavía hay mucho que hacer, no solo en el terreno urbano, sino en el rural con obras que van protegiendo a la capital de las correntadas que en invierno bajan a gran velocidad desde las Sierras.

De hecho no solo hay que luchar contra las correntadas de invierno  que amplían los cauces y afectan viviendas, sino contra las costumbres inadecuadas de habitantes de la capital y de la periferia,  parte de estos últimos que hacen mal uso de la tierra, destaca el geólogo.

Nefasta herencia somocista y neoliberal

Según Martínez, por una herencia de casi 50 años de dictadura somocista y de gobiernos neoliberales, Managua no fue transformada en una ciudad moderna, adecuada al terreno en que está asentada,  a sus características geológicas y geomorfológicas, relieve que pasa desde los 40 metros sobre el nivel del mar, a orillas del lago Xolotlán, hasta llegar a unos 947 metros de altura en la parte más alta de El Crucero

De acuerdo con el experto, el sitio donde se asienta Managua es un terreno joven geológicamente, activo y en donde de un promedio de mil 200 milímetros de agua que caen anualmente, al menos el 40 por ciento deberían infiltrarse para alimentar el acuífero capitalino, sin embargo, a causa de la acción humana, esto no es así.

De hecho esa característica física, geológica de Managua, la hace susceptible a los eventos naturales como los inviernos copiosos, lo cual es por causas naturales, sin embargo hay una causa inducida para que la capital se vea inundada todos los inviernos y los capitalinos cargan con parte importante de esa culpa.

Destacó el doctor Martínez, quien es presidente de la Asociación de Geólogos de Nicaragua, que el 98 por ciento de todo el problema de las inundaciones en los barrios de Managua se da por la poca planificación con que por décadas ha contado la ciudad.

Martínez sostiene que la planificación debe estar orientada a la solución de los problemas del territorio desde el punto de vista urbano y rural, lo que es diferente a la planificación de obras que normalmente se le encarga a arquitectos o ingenieros, en ese sentido aseguró que aún está faltando el vínculo entre la planificación física del territorio, del  terreno que se está pisando y la planificación de las obras.

Obras de infiltración

Desde el punto de vista estructural, Managua tiene aún un drenaje deficiente que permite que partes de la ciudad se inunden, pero señaló que la solución pasa en parte por realizar un drenaje subterráneo, con la construcción de pozos de inyección que a su vez alimentarán el acuífero capitalino

En tanto que señaló que desde el terreno de la infraestructura, obviamente se acrecienta el problema porque Managua desde hace muchos años se está extendiendo de manera desordenada y eso implica mayor ocupación de terreno, mas impermeabilización de las áreas y concentración de escorrentías.

Un tercer aspecto, según el doctor en geología, tiene que ver desde el punto de vista social o de la sicología intrínseca de los pueblos, añadiendo que “después del terremoto que sacudió a la capital en diciembre de 1972, los managuas no están acostumbrados a vivir de manera concentrada, prefieren los amplios espacios aún con deficiencia de la infraestructura”.

Agregó, sin embargo que “si el hombre es el que causa la problemática, también puede ser el hombre el que vaya dándole la solución por este enfoque científico técnico, con vistas a la planificación urbana y rural del territorio”, al tiempo que después del terremoto del 72, el gobierno de ese entonces dejó la reconstrucción y desarrollo de Managua a las fuerzas del mercado.

Construcciones en sitios riesgosos

Martínez explicó que a la hora de un evento extremo, como puede ser un nuevo terremoto, la gente rica y la pobre serán tocadas a la par que señaló que Managua no debería estar creciendo en alturas más allá de los 200 metros, pero hay construcciones residenciales arriba de los 300, de los 400 y hasta de 500 metros por encima del nivel del mar.

De acuerdo al geólogo, la situación implica que un gran riesgo está transfiriendo  problemas de la gente que vive en repartos lujosos, en la parte alta de la capital, hacia la parte media y baja de Managua, por lo que es necesario darle un manejo integral a la cuenca.

En ese sentido hay que hacer obras de conservación de suelos y reforestación en la parte alta de la cuenca, en la parte media deben haber trabajos para retener sedimentos y aguas, tratando de infiltrarla, mientras que en la parte baja se debe hacer un verdadero drenaje subterráneo que implica pozos de infiltración que complementarán al drenaje superficial de los cauces.

Para solucionar este problema dijo que el tiempo de solución al problema de inundaciones de Managua depende de cuantos recursos sean invertidos y de cuantos profesionales sean puestos a trabajar,  porque esa solución entra en campos multidisciplinarios, con la geología, con la ingeniería, con lo social y  la evidente conciencia y voluntad política que tienen las  autoridades del gobierno sandinista, señaló el experto.

Malas prácticas de cultivos agravan problemas

Por otra parte el campesino Salvador Alvarado, de la comarca de La Montañita, del sector rural de Sábana Grande, señalando hacia la zona alta de los volcanes y de las sierras, dijo “ahí cae la lluvia, se nos viene para Managua y las aguas se nos distribuyen en forma desordenada haciendo nuevos cauces en las tierras del cultivo, llevándose el suelo vegetal a causa de malas prácticas de siembra, como en el caso de los maniseros”.

Señaló que antiguamente la parte este de Sábana Grande era un lugar boscoso, “donde los  más viejos de aquí dicen que entraban a buscar cusucos, guardatinajas, pero todo eso ha venido desapareciendo al cambiarse totalmente el uso del suelo, dado que fueron destruidas las terrazas, las curvas a nivel y las obras de contención de aguas que existían”.

Afirmó el campesino que el fruto del maní nace en la raíz y el maní y  cuando se arranca, en verano, hay que desnudar el suelo, luego se deja secar al sol en el campo, lo que hace que haya un gran polvazal que termina invadiendo casas de Managua, mientras que en invierno, como el terreno es franco arenoso, fácilmente se va con las corrientes e inunda las casas de los barrios en la parte baja de la cuenca.

Señaló que mientras en Managua se están haciendo trabajos de alcantarillas, calles en los barrios, las aguas que también vienen desde Veracruz, donde hay varios residenciales y llegan también de Ticuantepe, terminan afectando esas obras, por lo que el campesino recomendó reorientar el uso del suelo en zonas como Sábana Grande, donde está una batería de pozos que alimentan a parte de Managua.

Por su parte otro campesino, Eddy Gabriel Silva, manifestó que ellos hacen lo que pueden sembrando árboles frutales y otras plantas que ayudan a retener las aguas y la tierra, pero destacó que el mayor problema se está dando en la zona alta, desde donde se vienen las corrientes hacia la zona baja, inundándolas.

Señaló que es necesario que la Alcaldía de Managua y el Marena sigan haciendo obras en la zona alta para retener ahí las corrientes mientras son débiles, para evitar que lleguen fuertes y destructivas a la parte más baja y añadió “hay que remediar preferentemente el daño donde comienza y no donde termina, pero añadió que en esa tarea, todos podemos hacer algo para vencer al monstruo de las correntadas”.