Si bien los frijoles negros tienen muchas ventajas nutritivas que deben ser aprovechadas por las familias nicaragüenses, los agricultores tampoco deben dejar a un lado un rubro como este, cuyas principales características son su alta productividad, su resistencia a la sequía y su bajo nivel de inversión en insumos.

En Nicaragua la producción de frijol negro en su gran mayoría es exportado hacia otros mercados debido a que tradicionalmente el consumidor nicaragüense prefiere la variedad roja.

No obstante, el sabor y valor nutritivo está haciendo que poco a poco las familias prueben y acepten el frijol negro, del cual el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha desarrollado las variedades Cárdenas, Negro Sureño, Yalí y Caribe. Con esto el INTA espera que poco a poco el campesinado vaya convenciéndose de la necesidad de incursionar en un cultivo que les va a dejar muy buenos rendimientos.

El investigador del INTA, José Francisco Pavón, explica que actualmente la variedad Cárdenas es la que más se exporta, pero que las otras variedades que se están introduciendo son de granos más grandes, más tolerantes a las sequías, más precoces y de igual aceptación en el mercado internacional.

“Son variedades altamente productivas que con un buen manejo agronómico producen arriba de los 30 quintales por manzana”, manifiesta Pavón.

El investigador destaca que el consumo interno va en ascenso y por tanto el productor debe aprovechar esa demanda.

Uno de los problemas que recurrentemente tienen los agricultores que siembran frijol rojo es la lucha contra las plagas. El frijol negro al contrario es muy resistente a las enfermedades, y por tanto no requiere de muchos insumos químicos. A la par de ello al tener mayor biomasa, es conocido el potencial de esta variedad como abono verde en los suelos pobremente enriquecidos.