El historiador nicaragüense, Aldo Díaz Lacayo, asegura que además de la catástrofe económica, el mayor impacto del terremoto de 1972 en Managua fue la descomposición social, ya que con la muerte de más de 10 mil personas y la destrucción de la infraestructura, la ciudad nunca ha vuelto a ser la misma.

Díaz señala que si bien nunca se ha cuantificado el impacto económico, este fue a todas luces brutal, ya que destruyó las 800 manzanas del centro de la ciudad.

“En términos de infraestructura se cayó todo el comercio, la poca industria de la carretera norte, se estropeó toda la infraestructura municipal, se estropeó toda la infraestructura eléctrica, se estropeó toda la infraestructura telefónica”, refiere el historiador para quien el costo total de la destrucción fácilmente pudo rondar los 2 mil millones de dólares de la época.

Manifiesta que esto a su vez trajo un tremendo éxodo de capitalinos hacia otros lugares, incluso mayor que el de la guerra de liberación.

Pero la consecuencia más grave, se da precisamente luego durante la reconstrucción de la ciudad, pues se abandona el centro histórico y se inicia una expansión hacia la periferia sin ningún tipo de planificación.

“Esta es la única ciudad en el mundo donde no hay comunicación continua de este a oeste y de norte a sur”, lamenta.

En términos más sencillos, Díaz, explica que la Managua actual, es una ciudad compuesta por territorios enclavados, con conexiones ínfimas entre sí.

Somoza se aprovechó de la tragedia

El historiador recuerda que a la tragedia económica y social, hay que sumar otro hecho reprochable y fue el saqueo de Somoza tanto de los bienes que habían quedado en pie como de la ayuda internacional.

“La dictadura aprovechó para que los principales líderes militares se enriquecieran”, indica.

Un nuevo comienzo, 40 años después

El historiador alaba no obstante, el trabajo que está haciendo el Gobierno del Comandante Daniel y de la Compañera Rosario, quienes hoy están tratando de rectificar ese gran error de reconstrucción dándole vida a esa vieja Managua, sobre todo con el Puerto Salvador Allende, y la Avenida de Bolívar a Chávez y sus áreas aledañas. Estos lugares durante más de 30 años fueron a su criterio un desastre urbanístico.

“Este es un esfuerzo extraordinario”, indicó.

Si bien esto está sucediendo con mucha rapidez, para Díaz Lacayo aun queda pendiente el ordenamiento de la ciudad, que será el trabajo más difícil.