UNA CONSULTA ha recibido la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua (AGHN) en relación a las ciudades de León y Granada, fundadas en 1524 por el conquistador español Francisco Hernández de Córdoba, concretamente sobre las conmemoraciones el próximo año de sus existencias históricas, tema muy debatido en las redes sociales.

Al respecto, en nuestro carácter individual (y no como presidente y secretario de la AGHN) puntualizamos:

1. Que la primera capital de Nicaragua tuvo dos asentamientos: León de Imabite (1524-1610) y León de Sutiaba, a partir de 1610. El primer asentamiento duró 85 años, siendo destruida por fuerzas naturales (cinco erupciones del Momotombo: en 1554, 1578, 1594, 1605 y 1610) y varios terremotos. En realidad, a raíz del magnicidio sacrílego del obispo Antonio de Valdivieso el 26 de febrero de 1550, la ciudad entraría en franca decadencia y deterioro. Ya desde mucho antes del abandono temeroso y mudanza desesperada de algunos españoles en 1610, había perdido su razón de ser como cabecera administrativa y sede episcopal. Carecía de vivienda adecuada para guardar la Caja Real y el obispo y el gobernador residían en Granada, ciudad más saludable, segura, poblada y rica, situación iniciada a raíz del completo recorrido del Desaguadero en 1539 que le permitió comunicarse con los puertos del Caribe. Más aún: de 1543 a 1573, desde Granada, fue emprendida la colonización de Costa Rica. No en vano en 1598 Lope de Vega, en su obra La Dragontea, había llamado a Granada: cabeza principal de Nicaragua / por la laguna que recoge el agua.

2. Que el historiador Sofonías Salvatierra es muy claro al consignar que el gobernador de la provincia capitán Fernando Álvarez Serrano ordenó el encarcelamiento del alcalde de León Pedro Munguía Mendiola “por haber permitido la traslación [de León de Imabite] sin su permiso”. Por su parte, el obispo Pedro de Villareal “no influyó en la determinación tomada” (Contribución a la historia de Centroamérica, tomo I. Managua, Tipografía Progreso, 1939, p. 313).

3. Que el traslado de León de Imabite, desde su primer asentamiento a los ejidos del pueblo de Sutiaba, como documenta el historiador Germán Romero Vargas, fue ilegal. En efecto, de acuerdo con la legislación española, tales ejidos pertenecían a dicha comunidad indígena y no podían ser de ninguna manera enajenados. “Las autoridades indias del pueblo ––especifica Romero Vargas–– protestaron contra la traslación dela ciudad en sus tierras, pero todo fue en vano” (“La catedral de León, Nicaragua”. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo 60, mayo, 2005, p. 46).

4. Que el inicio del segundo asentamiento resultó muy lento y penoso. Ni el gobernador ni el obispo querían residir en su nuevo lugar. “La población española era escasa y vista con malos ojos por los indios del contiguo pueblo de Sutiaba” (Ibíd., p. 49). De hecho, la autorización real del traslado emitida nueve años después, el 9 de abril de 1619, no pasaba de ser un formulismo jurídico. “El gobernador [Cristóbal de Villagra, luego Francisco Fernández de Azagra y Vargas, etc.] y el obispo [Fernando Núñez de Sagredo, después Alonso de Briceño y todavía entre 1731 y 1735 Francisco Dionisio de Villavicencio] continuaban viviendo en Granada” (Salvatierra: Contribución a la historia de Centroamérica, op. cit., p. 315). “Varias veces se solicitó al Rey el traslado de la sede episcopal a Granada. Para colmo de males, el nuevo León fue reducido a cenizas en 1665 por el pirata Dampier” (Germán Romero Vargas: art. cit., p. 49). Por eso se recuperaría hasta mediados del siglo XVIII, iniciándose en 1749 su cuarta catedral, la definitiva, concluida en 1820.

5. Que Granada ya era ciudad ––escribió Ephraim George Squier en 1850–– “mucho antes de que los peregrinos del Mayflower desembarcaran en Plymouth [el 21 de diciembre de 1620], y antes también de que Henry Hudson entrara en la bahía de Nueva York [en septiembre de 1609]”. En 1637, de acuerdo con el historiador francés Pierre Chanu, el 30 % de las importaciones de España a sus colonias ultramarinas entró por el puerto transatlántico de Granada (Sevilla et le Atlantique: 1503-1650). Thomas Gage, el mismo año de 1637, consideró a Granada “una de las más ricas que hay en toda la parte septentrional de América”. Y añadía: “Su iglesia parroquial es como una iglesia Catedral. Las casas son aquí mucho más bellas que en León, y hay muchos más vecinos y bastantes mercaderes” (Cuaderno del Taller San Lucas, núm. 2, 8 de marzo, 1943, p. 73).

6. Que no resultó extraño, entonces, que por su auge, sustentado en su comercio marítimo, Granada haya sido designada capital de Nicaragua por Real Cédula del 3 de septiembre de 1673 (el original de esta cédula, localizada en el Archivo General de Centroamérica, fue transcrita por Manuel Rubio Sánchez en su compilación Historial de El Realejo. Managua, Banco de América, 1975, pp. 212-214). Tenía otro fundamento esta decisión de la Corona en los informes de la Audiencia de Guatemala sobre Granada “más expuesta al ataque enemigo” [léanse los piratas] y, por tanto, “más necesitada de la presencia del gobernador” (Eduardo Pérez-Valle: nota en la página 761 de la citada obra de Rubio Sánchez).

Conclusión

Ante este sintético panorama, los suscritos declaramos que solamente deben conmemorarse en 2024 los 500 años de las fundaciones de León de Imabite (hoy Ruinas de León Viejo) y de Granada, debido ante todo a su PERMANENCIA EN SU ASIENTO ORIGINAL. Víctima de la piratería europea del siglo XVII e incendiada por el filibusterismo esclavista el XIX, Granada resurgiría muy pronto de sus cenizas como Ave Fénix. En cambio, León de Imabite fue aniquilado por las fuerzas de la naturaleza, quedando sus vestigios soterrados durante tres siglos y medio. Pero en abril de 1967 se desenterraron, transformándose en el más antiguo legado hispánico del país.

Por su lado, León de Sutiaba (o León actual) no la fundó Francisco Hernández de Córdoba en 1524, ni conserva resto alguno del siglo XVI. Este segundo asentamiento conservaría formalmente su capitalidad, pero constituyendo OTRO CENTRO URBANO, con nueva configuración, no el mismo de su asiento original. En consecuencia, no cumpliría 500 años de existencia en 2024 sino hasta 2110.

Managua, 10 de julio, 2023