Soy Francisco Javier Bautista Lara, Escritor nicaragüense, Católico, de origen y de convicción, y me quiero referir a un tema que ha sido, du-rante algún tiempo, objeto de manipulación y especulación, y actualmente se suma a la cam-paña de desacreditación y desestabilización que promueven algunos sectores nacionales y ex-tranjeros contra Nicaragua, y no tiene ninguna base sustentable, simplemente es una orquestación para manipular las emociones y para manipular el sentimiento profundamente religioso y cristiano de los nicaragüenses, y me refiero a lo que algunos dicen como “persecución religiosa”.

En primer lugar hay que aclarar que, cuando se habla de “persecución” por razones del oficio, de la ocupación de una persona por ejemplo, de la creencia religiosa o de cualquier tipo, del sexo, del origen so-cial o étnico por ser de origen indígena o por ser afrodescendiente, etc., tiene que ser una persecución y un ataque, institucional y so-cial, por esa razón específica.

Sobre este concepto de la persecución religiosa contra minorías religiosas y contra Cristianos en general, el Papa Francisco ha sido claro al decir, que es una persecución que se basa simplemente por practicar una Fé, una Creencia concreta.

De tal forma que no podemos argumentar la presencia de persecución religiosa, o de cualquier otra naturaleza, cuando la acción social, o estatal, o institucional, obedece a una responsabilidad civil, administrativa o penal, de individuos que, independientemente que se sumen a una práctica religiosa, a una creencia religiosa, a un origen social étnico, o a un sexo determinado, actúan violando la Norma Jurídica que representa el Bien Co-mún.

De tal forma que, en Nicaragua podemos afirmar, que al contrario de existir una persecución religiosa hay una profunda promoción de las creencias religiosas incluso

de minorías diversas. Nicaragua se confiesa realmente con un Modelo Cristiano y promueve una diversidad extraordinaria de manifestaciones Cristianas y Católicas, desde la Tradición, desde la Costumbre y desde la Fé de la mayoría de los nicaragüenses.

No podemos dudar que más del 90% de la po-blación nicaragüense es Cristiana, y la mi-tad de ese 90% seguramente son Católicos de origen, con niveles distintos de prácticas y presencia, digamos, en sus actividades re-ligiosas.

Yo no puedo decir, y no hay evidencia en lo absoluto, para afirmar que un Católico, o un Cristiano, tenga cortada sus prácticas re-ligiosas y es atacado por esa razón de esas prácticas religiosas. Al contrario, las múl-tiples y diversas promociones de la Fé Cristiana en Nicaragua son abundantes y crecientes.

Los nicaragüenses podemos expresar nuestra Fé Católica o Cristiana en todas las expresiones posibles, hasta las más diversas: Las Fiestas Patronales, la Celebración de la Purísima, la Navidad Cristiana, los Altares del Nacimiento y los Altares de la Virgen María en Managua y en las principales Ciudades y Plazas del País.

Esa multitud de expresiones culturales, religiosas, las Celebraciones Religiosas en las Iglesias Católicas, y toda esa repre-sentatividad de la Fé, es promovida desde la Institucionalidad del Estado, desde la Sociedad, con una amplitud extraordinaria.

Creo que Nicaragua es uno de los Países de América Latina que más promueve el ejercicio de la práctica religiosa desde la libertad de cada Ciudadano. Por lo tanto, no se puede ha-blar de persecución religiosa cuando el Estado o la Sociedad a través de sus Instituciones actúa contra el comportamiento individual de per-sonas que violenten la Normal Penal, Admi-nistrativa o Civil, o estén provocando ac-ciones contradictorias a la Ley.

Ahí hay responsabilidades individuales, ya sea por un delito común, como una violación por ejemplo, o sea por un delito de carácter económico, digamos un robo, o un delito que atente contra la estabilidad del País o que exprese una acción de traición a la Patria y por lo tanto atente contra el Bien Común.

Esas son responsabilidades individuales, particulares, que ninguna Investidura, ni so-cial, ni religiosa, ni económica, ni empresarial, etc., ni apellidos oligarcas o tradicionales de cualquier tipo, puede obviar. Las respon-sabilidades individuales frente al Estado, por acciones individuales, deben ser asumidas, y eso es correcto dentro del marco del esta-do de derecho.

Por lo tanto, la afirmación concreta de que en Nicaragua no existe ningún tipo de persecución religiosa, es perfectamente demostrable. Lo que existen son acciones legítimas del Estado y la Sociedad contra comportamientos individuales que no pueden evadir su responsabilidad, principalmente cuando estos atenten contra el Bien Común.