Nacido en una pequeña comarca de Ciudad Darío llamada Wiscanal y proveniente de una familia muy humilde y dedicada a las labores del campo, nadie podría haber imaginado que Porfirio Altamirano Ramírez, a quien luego todos llamarían El Guajiro, triunfaría en el beisbol nacional y muchos menos que sería de los primeros nicaragüenses en llegar a las grandes ligas.

Desde muy joven practicó el deporte rey en torneos intercomarcales y en ese entonces mostró sus dotes y habilidades en el picheo y bateo.

“Desde muchacho era un muchacho muy activo, me gustaba mucho lo que era la pelota, porque ahí en el pueblito no eran muchas casas, habían tal vez una diez casas, pero había en medio un lugar donde podíamos jugar bola de dos bases y ahí comencé a jugar y me fui desarrollando muchacho, me puse a jugar beisbol de pueblito a pueblito”, nos cuenta El Guajiro.

No hay duda que la pelota era una de sus pasiones, hasta el nivel de llegar participar en ligas entre Ciudad Darío y San Francisco Libre, para las cuales lo buscan porque los equipos querían tener asegurada la victoria en manos de Altamirano. “El juego que yo pichaba ese ganaba y también era buen bate y eso era lo importante”, añade.

El beisbol lo acompañó en su desarrollo, pero sus deseos de tener una pistola y que esta le fuera negada por su padre, fue lo que lo llevó a salir de su hogar en búsqueda de nueva aventuras y el dinero suficiente para comprar el arma y de esa manera llegó a San Francisco Libre, donde le pagaban 60 córdobas a la semana más la comida y el hospedaje por jugar lo que más le apasionaba, beisbol.

Su llegada a primera división

Por recomendaciones de unos amigos de San Francisco Libre, que también jugaban el equipo del pueblo, Altamirano estableció contacto con el manager del Boer Victoria, que realizaba su entrenamiento en la Quinta Susana, y a su llegada al punto de entrenamiento surgieron muchas dudas y fue ahí donde le empezaron a llamar El Guajiro, ya que el coach del Boer Victoria dudaba que este pudiera lanzar como decía, pero quedaron impresionados con sus lanzamientos y desde ese momento quedó integrado al equipo para que ayudara en los entrenamientos.

A los cinco días de haber ingresado al equipo tuvo su primera participación en primera división, cuando en un juego contra Granada el picher estelar, que solo lanzó 1 inning y dos tercios, le anotaron 7 carreras, entonces Altamirano fue llamado por el coach para que calentara y entrara a relevar, trabajo que realizó con éxito al no permitir más carreras y demostrar su potencial al bate al conectar una línea por encima del parador en corto.

“Yo oía la propaganda de Sucre Frech arriba de la cabina que decía: que barbaro ese muchacho, Byron donde consiguió a este muchacho, y empezaba la bulla y yo pichando, la verdad es que Granada no me sacó el bate, piché. […] en ese tiempo piché 7 inning y dos tercios y no me hicieron carrera, de ahí fue que me levanté”, expresa Altamirano.

Desde ese partido, aunque no pudo salvar el juego y el Boer Victoria perdió 2-7 ante el conjunto de Granada, Altamirano se consagró como uno de los pilares del equipo capitalino.

Sus victorias ante Cuba y Estados Unidos

Luego de su participación en el Bóer Victoria, Altamirano también integró los conjuntos del Estelí y los Búfalos del Bóer, pero su participación más destacada fue al representar a Nicaragua en campeonatos internacionales, donde desarrolló un muy buen picheo como el juego ante el equipo de Cuba en un campeonato que se llevó a cabo en Colombia en 1976 y donde se adjudicó la victoria 5-0 y la derrota que le propinó al conjunto de Estados Unidos en San Peter en 1977 con un 4-0, quedando a solo un paso de obtener el Campeonato Mundial de Beisbol.

“Es bonito, porque yo me acuerdo la alegría que tiene un país, porque me acuerdo que cuando uno le ganaba a ese equipo (Cuba) Nicaragua reventaba, reventaban pistolas, reventaban bombas, reventaban de todo y la gente se sentía hasta contenta. Y para uno ganarle a Cuba era un trabuco grande, pero en el tiempo que yo le gané a Cuba yo estaba lanzando 96 millas por hora, que los únicos que me batearon fueron los que me hicieron contacto nada más. Me acuerdo que me dieron como nueve hits, pero solo uno me llegó a tercera (base)”, nos cuenta El Guajiro.

Grandes ligas y las Águilas de Zulia

Tras dar sus mejores esfuerzos en el beisbol nicaragüense, y pese las críticas negativas de la prensa nacional, Altamirano se aventuró a irse a Estados Unidos en 1980, donde logró un contrato con los Filis de Filadelfia y de esa manera ingresar a las ligas mayores, pasando primeramente por Triple A.

“Llegué a los Filis, fue duro porque la batalla estaba en Triple A. Porque en ese tiempo para escalar un uniforme un latino tenía que pasar por encima de los americanos, yo me acuerdo muy bien de eso”, relata Altamirano.

Una vez firmó por los Filis, Altamirano tuvo una participación, en calidad de préstamo, con las Águilas de Zulia en Venezuela, un equipo que como nos cuenta él mismo, nunca había ganado un campeonato tras once años de participar en la liga venezolana y que con su llegada rompió record con 20 juegos salvados.

“Ahí es otra bonita historia, porque yo me acuerdo que cuando estaba en Venezuela y ya me veían los fanáticos en el bullpen decían: vámonos que ahí viene ese animal, estamos perdidos. Entonces todo mundo comenzaba a escalar, estaban todos saliendo del estadio y eso era mental”, prosigue Altamirano.

El lanzador nicaragüense originario de una comarca de Ciudad Darío, afirma conservar muy bonitos recuerdos de su estadía en Venezuela como pelotero de las Águilas, un conjunto beisbolero que le tuvo mucho aprecio, que incluso quisieron convertirlo en residente venezolano para que jugara como criollo y no como jugador importado.

De acuerdo a las palabras de Altamirano, su participación en Triple A fue un poco difícil por tener que enfrentarse al hecho de que muy pocos latinos lograban escalar alto y aunque había demostrado sus habilidades al haber ganado diez juegos completos con una efectividad mayor a los 3.0 y perder solamente cinco juegos, otros eran los que lograban subir y pasar a las mayores, muy a pesar que durante su estadía con las Águilas de Zulia le habían prometido ser relevo corto, solamente lo utilizaban para salvar aquellos juegos que otros peloteros tenían perdidos.

Estando de regreso con los Filis, Porfirio tuvo su participación en una serie de cuatro juegos en Denver, Colorado, donde lanzó como relevista y de los cuales logró 18 innings sin permitir carrera, lo que le valió para ser llamado por el jefe de las ligas menores, quien lo felicitó por su destacado desempeñó y lo pasó a las mayores.

“Me fui a la oficina del jefe de las ligas menores que me dijo: ¡Congratulations!, yo pregunté por qué y me dijo que era el único que merecía estar en las ligas mayores, él único que tenía aquello para ser picher era yo. Y me dio el ticket y me dijo mañana sale el avión a las diez de la mañana y va directo al estadio de Filadelfia”, agregó Porfirio.

La alegría de Porfirio fue inmensa y ese mismo día notificó a su esposa, Petrona Rodríguez, de que había sido trasladado a Grandes Ligas y que partía para Filadelfia, sitio a donde llegó y encontró en su casillero su uniforme y de inmediato pasó al bullpen para esperar su oportunidad para lanzar.

“Creo que estábamos jugando con Houston, como en el séptimo inning me dijeron que calentara, el juego estaba perdido, entré y tranqué tres inning y salí bien. Al día siguiente volví a lanzar y saqué dos inning dos tercios, pero en el otro jugué contra los Mets, donde gané mi primer juego, estábamos perdiendo 5-3”, recuerda Altamirano muy emocionado.

Porfirio califica ese primer año como su mejor año, donde ganó cinco juegos y perdió uno, el equipo fue subcampeón de la Liga y al año siguiente el pelotero nicaragüense fue traslado a los Cachorros de Chicago.

“El rol de grandes ligas, cuando estuve pichando en Chicago hasta un nica me dio un honron, que fue David Green, estaba en relevó le lancé una recta alta, en Chicago el estadio era un poco bajo”, cuenta Altamirano.

Porfirio Altamirano participó por periodo de tres años en las ligas mayores, logrando 57 ponches con 4.03 de efectividad, dos juegos salvados, 91.2 innings lanzados en 65 juegos.

El apoyo de su familia fue fundamental en su carrera

Su esposa, Petrona Lourdes Rodríguez Moreno, fue uno de los principales pilares en los que se apoyo Porfirio Altamirano a lo largo de su carrera como pelotero, ella fue su más grande fanática, critica y la persona que más lo inspiró para que confiara en sí mismo, para que este confiara en sus actitudes y reafirmarle que podía lograrlo y efectivamente lo logró.

“Darle la confianza a él de que tenía a una persona que lo apoyaba y poderle demostrar la calidad de pelotero que era, toda la gente que a través de la historia le dio la razón a él y con la ayuda de Dios estar siempre unidos como matrimonio eso ha sido fundamental para triunfar no solo en una carrera, porque las carreras, los títulos, los honores pasan, pero lo que eres como ser humano, tu integridad como persona eso se queda para siempre”, declara Rodríguez.

Doña Petrona destaca que Porfirio siempre fue un pelotero limpio, sano y libre de drogas y alcohol, lo que le valió para cosechar una buena carrera en el beisbol.

“Porfirio fue un atleta ejemplar, íntegro en todo el sentido de la palabra, como ser humano un hombre humilde, un campesino que desgraciadamente en nuestro país pensamos que las personas campesinas son personas de segunda clase, cuando al contrario los campesinos merecen todo nuestro honor, la honra, porque comemos por ellos. Si el campesino no siembra no tenemos los frijoles”, añade Rodríguez.

Pero en el beisbol no fue en lo único que destacó Altamirano, además de haber trabajado la tierra, es y ha sido un buen padre de familia y esposo a lo largo de 36 años de vida matrimonial con Petrona Rodríguez, con quien procreó tres hijos.

Ahora en el retiro del beisbol y dedicado en tiempo completo a su familia y a trabajar la tierra en su pequeña finca en Wiscanal, a Altamirano le fue impuesta recientemente la Orden Municipal “Andrés Alexis Arguello Bohórquez”, máxima distinción que otorga la Alcaldía de Managua para reconocer la labor desarrollada en las diferentes disciplinas deportivas por deportistas nicaragüenses.