El café y el cacao pueden tener muchos efectos positivos más allá de facilitarnos una inyección de energía todas las mañanas.

Durante los últimos siete años, el proyecto NICADAPTA, financiado por el FIDA e implementado por el Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa de Nicaragua (MEFCCA), ha mejorado los ingresos y la calidad de vida de más de 45.000 familias nicaragüenses mediante el desarrollo de la producción sostenible de café y cacao.

NICADAPTA ha trabajado en estrecha colaboración con cooperativas agrícolas y sus miembros —muchos de ellos mujeres y jóvenes— para facilitar su acceso a los lucrativos mercados del café y el cacao y aumentar su resiliencia al cambio climático. Los resultados de esta labor están haciendo que la vida de estos pequeños agricultores sea no solo más dulce, sino también mejor. En todos los sentidos.

Bienestar para la comunidad – y para la tierra

Duskaia es una palabra de la lengua misquita que significa el bienestar de la tierra. Es también el nombre del café que han puesto en marcha 10 jóvenes emprendedores en San Juan del Río Coco, una pequeña ciudad en el departamento de Madriz, en el norte de Nicaragua. El proyecto nació de la idea de unir dos de sus pasiones: la conversación y el café.

La joven arquitecta Meylin Moreno decidió regresar a su ciudad natal desde Managua, la capital del país, para unirse al grupo y perseguir su sueño. “La mayoría de nosotros nacimos rodeados de café”, explica. “La pasión por el café es el motor que nos impulsa. No solo queremos servir café, queremos hacerlo en un ambiente placentero”.

Duskaia es más que un café. Es un lugar en el que se cultiva el respeto por la cultura y las tradiciones locales. El café ofrece un completo menú que incluye platos típicos de la región, cocinados con productos procedentes de la cooperativa Coagroalianza, de la que los 10 socios del café son miembros.

El apoyo del proyecto NICADAPTA y de Coagroalianza ha permitido a estos jóvenes emprendedores —cinco hombres y cinco mujeres— formarse en cuestiones como buenas prácticas agrícolas, sostenibilidad medioambiental, contabilidad, marketing o relaciones públicas.

“Hemos cambiado mucho en todo este proceso”, dice Maylin. “Ahora estamos más motivados y somos más innovadores, estamos más agradecidos y tenemos más sentido humanístico. Esto lo hacemos por nosotros, pero también por nuestras familias y nuestra comunidad. Queremos que nuestros padres sepan que estamos listos para darles el relevo”.

El proyecto de Duskaia demuestra que cuando se mezclan en cantidades justas innovación y tradición, entusiasmo y disciplina, los jóvenes pueden ser protagonistas del desarrollo rural. Su trabajo y dedicación posibilita que mejoren no solo sus ingresos, sino también la calidad de vida y los horizontes de sus comunidades.

Una dulce oportunidad

La pasta de chocolate está recién salida del molino. Cada una de las mujeres reunidas en la estancia toma porciones de ella, las pesa y les da forma de estrella, rectángulo o campana antes de embolsarlas y dejarlas preparadas para la venta.

Hasta hace poco, estas mujeres no habrían sabido que hacer con un molino de chocolate. El cacao era un cultivo minoritario en este municipio en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur. Sin embargo, la cooperativa agrícola COOPROCAR decidió recurrir a él como una alternativa para paliar los efectos negativos que las plagas y enfermedades habían tenido sobre otro tipo de plantas en la región. Fue entonces cuando las mujeres que hoy forman el Grupo Solidario de Mujeres y Jóvenes del Caribe del Municipio del Rama se dieron cuenta de la oportunidad que el cultivo del cacao representaba para ellas.

Organizar el grupo no fue fácil. No sabían nada acerca del cacao o la fabricación de chocolate y la mayoría de ellas trabajaba fuera de casa por primera vez. Además, tuvieron que unirse oficialmente a COOPROCAR, lo que al principio generó cierto rechazo por parte de los miembros masculinos de la cooperativa.

Sin embargo, como explica Coralia Cortéz, se mantuvieron “firmes y unidas hasta que conseguimos parte de la organización”.

Una vez constituido oficialmente, el grupo se lanzó de cabeza al negocio del chocolate. Con el apoyo de NICADAPTA, aprendieron cómo manejar y procesar el cacao y también adquirieron las habilidades que necesitaban para organizarse y administrar el negocio de forma eficiente.

Hoy, su pequeña empresa es un “proyecto de ensueño”, según afirma Leda Guido. Esperan ganarse una reputación por su alta calidad y afianzarse en el mercado local, nacional y —¿por qué no? — internacional.

“Aunque nuestra producción todavía es escasa, la demanda de nuestros productos está creciendo”, dice Julissa Massiel. “Enviamos chocolate, cacao y licor de cacao a Managua y se distribuye en el mismo día”.

Los gerentes de NICADAPTA compartieron la visión optimista del grupo, pues cuadruplicaron su inversión que pasó de 10.000 a 40.000 dólares.

“Con esta nueva financiación, hemos nuevas oportunidades de producción y marketing”, añade Julissa.

El grupo continúa soñando en grandes logros, pero ya están cosechando los frutos de su trabajo de muchas maneras diferentes.

“Aquí nos sentimos liberadas”, dice Nanci Obregón. “Podemos hacer algo útil más allá de cuidar a nuestros mayores y niños, y obtenemos el reconocimiento de nuestras familias y de la comunidad”.

Ella y sus compañeras saben que el esfuerzo grupal es clave para su progreso: “El trabajo en equipo es el único camino hacia el éxito”.

Café para variar

Al igual que El Rama, el territorio indígena y afrodescendiente de Laguna de Perlas forma parte de la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur.

El café no era un cultivo muy popular en esta zona, cuyos habitantes sobreviven gracias a otros cultivos y a la pesca artesanal. En 2015, sin embargo, NICADAPTA puso en marcha en la zona un proyecto de fortalecimiento de las capacidades técnicas y productivas de café robusta que benefició a 205 familias de 15 comunidades.

Una de esas familias es la de Merling Joines, una mujer afrodescendiente de 56 años de edad de la comunidad de Manhattan, madre soltera de siete hijos. Cuando el proyecto comenzó, Merling era funcionaria del municipio, pero seguía cultivando sus campos, ya que su sueldo no alcanzaba para cubrir las necesidades de una familia tan extensa.

NICADAPTA capacitó a las familias participantes en todo lo necesario para el cultivo sostenible de café: control de enfermedades de las plantas, preparación de fertilizantes orgánicos... El objetivo final era aumentar la resiliencia de los agricultores familiares al cambio climático, un componente clave del proyecto NICADAPTA. Asimismo, también facilitaron a las y los agricultores herramientas para abordar problemas sociales como la desigualdad de género y la inseguridad alimentaria y nutricional.

“Las capacitaciones dieron excelentes resultados”, dice Merling. Ella valora especialmente la oportunidad de hablar con las cooperativas del municipio de Nueva Guinea que ya habían implementado el mismo sistema.

El proyecto creó áreas de cultivo de café bajo la protección de árboles más altos, una práctica que permite a los agricultores evitar la aplicación intensiva de agroquímicos, moneda común en otras partes del país. También distribuyó plantas como árboles frutales y maderables, que logran el doble propósito de dar sombra a las plantas de café y diversificar los cultivos disponibles.

Hoy en día, la familia de Merling es una de las 20 que desean llevar sus esfuerzos más lejos, creando una asociación para aumentar aún más su producción, agregar valor al café que producen y comercializarlo en todos los lugares que puedan.

Merling quiere seguir progresando, y no duda ni un segundo cuando dice: “A mi edad, es una gran oportunidad ser capaz de aprender cosas nuevas que hacen la vida mejor”.

Más información sobre la labor del FIDA en Nicaragua.