La compañera Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, destacó este martes una gran cantidad de efemérides, cantidad de hermanos que siempre viven en nuestros corazones porque iluminan como sol que no declina, los rumbos de paz y bien, y de victorias del pueblo nicaragüense.

Como parte de ese patrimonio heroico mencionó a Marlon Zelaya, Marvin González, Adolfo Noguera, Segundo Lezama, en Río San Juan. A Denis Harrison Morales, en Jinotega, originario de la Costa Caribe. A Nidia Espinales en Diriomo, barrio El Coyolar, originaria de El Viejo, Santos Rayo Dolmus, en la comunidad Apantillo, originario de San Ramón y a Marvin de la Cruz González Jirón, en la comunidad Machuca en el Río San Juan, originario de Managua.

Adolfo Ernesto Noguera, de Managua, dio su vida por Nicaragua junto a estos compañeros hermanos que nos inspiran cada día para seguir luchando con todo el corazón.

Ángel María Zavala, Mercedes Galeano, Eladio Galeano, Juan Alberto Galeano, Alcides Meza Flores, también dieron su vida por Nicaragua en Condega.

Roberto Ramos Cruz, de Waslala, Luis Alberto Ortiz en Managua, cayó combatiendo en Pantasma.

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Octavio Trinidad en Chichigalpa; José Rafael Martínez, Río Blanco, Raúl Moreno Picado de Waslala, Julio César Jarquín, Muy Muy, Matagalpa. Pedro Gonzalo Araúz, Waslala, Cristobal Paguaga Jiménez, Jalapa. Ulises Pineda, Chichigalpa.

Luces, soles que iluminan, que inspiran nuestros crecientes compromisos con la paz, con la dignidad y con el bien de todos, enfatizó la compañera Rosario.

Recordó que hoy se conmemora también a Jorge Gastón Palacio Vargas en Boaco, Pedro Antonio Inestroza Ardón en Ocotal, Juan Antonio Montenegro en Río Blanco, Gilberto Tórres Huerta en Matiguás, Bayardo Antonio Mejía en Quilalí.

Honor y gloria a todos ellos, nos inspiran nos fortalecen así estamos compañeros. Llenos de la fortaleza de todos estos grandes nicaragüenses que nos legaron el deber de avanzar, el deber de caminar, el deber de trabajar, el deber de estar con nuestro pueblo donde nos necesite, el deber de crear las mejores condiciones posibles para la salud, para la vida y, sobre todo, las condiciones que ya tenemos, de un pueblo que cree, un pueblo devoto y un pueblo que crece en la esperanza de Cristo Jesús”, finalizó la compañera Rosario Murillo.