Dos décadas de montañas de basura, polvo en verano y lodo en invierno, perros, ganado y zopilotes disputándose desperdicios de comida quedaron atrás, el ciclo de la miseria quedó cortado y ahora para Meyling Sánchez y sus hijos la realidad es otra diametralmente opuesta dado que ahora tiene, según sus propias palabras y lo que la evidencia presenta a los ojos, tiene una vida digna en Villa Guadalupe.
El escenario para esta joven madre no solo cambió, y mucho, sino que de su rostro, antes triste, asoman ahora sonrisas al ver a sus pequeños crecer en un ambiente limpio, distinto al que a ella le tocó vivir, crecer y desarrollarse en el antiguo botadero de basura de Acahualinca, conocido popularmente como La Chureca.
Delgada, morena, esta joven mujer vuelve la mirada hacia sus recuerdos al ser preguntada en torno a la diferencia que hay entre la situación que le tocó vivir antes de que entrara en acción el proyecto de desarrollo de Acahualinca y la drástica conversión del antiguo botadero de basura de Managua, hacia la moderna planta de tratamiento de los desperdicios de la capital, en la cual trabaja.
“Mi vida ha cambiado mucho, la diferencia con el ahora es muy grande de lo que era la Chureca antes como botadero de basura, a lo que es ahora, antes me ensuciaba demasiado, la basura la agarraba sin guantes, sin protección, reinaban el polvo, la basura y el lodo”, afirma la compañera Meyling.
Meyling vivió y creció dentro del deprimente ambiente de lo que era la Chureca, de lo cual no queda nada porque todo fue transformado por un esfuerzo entre el gobierno sandinista, la Alcaldía de Managua y la cooperación española para convertir aquel botadero al aire libre en un moderno centro de procesamiento de la basura de la capital.
Las montañas de basura quedaron sepultadas bajo una gran cobertura de tierra y el trabajo que realizaban los centenares de personas que iban a la Chureca a buscar objetos utilizables todavía para limpiarlos y venderlos, ahora ya no hacen ese trabajo bajo sol, polvo y humo, donde antes se podía encontrar a Meyling y su esposo laborando para llevar el sustento a su hogar.
De la desesperanza a la fe en la realidad
La joven madre es una de las 485 personas que trabajan en la planta de tratamiento de la basura, en condiciones sumamente distintas a las del tiempo en donde la desesperanza y la falta de fe eran sus compañeras a diario, sino que ahora trabaja junto a una banda rodante por donde pasan los residuos que recogen los camiones de la Alcaldía de Managua por todo el municipio.
A Meyling le toca apartar los envases de leche del material conocido como tetrapack, cada quien en la empresa tiene un sector, un material que le toca apartar para que sea reciclado, para que sea reutilizado por las empresas del país, como las que confeccionan papel higiénico, o las que utilizan nuevamente el cobre de pedazos de alambre o del devanado de motores.
Definitivamente que la vida le cambió a Meyling y centenares de mujeres que vivían en la Chureca y en los barrios aledaños y con eso el futuro de sus hijos también varió.
Al volver del trabajo en la empresa de procesamiento de los residuos de Managua, en Acahualinca, Meyling Sánchez se trasforma al ver a su hijos ya bañadito, listos para comer y en el caso del mayor presto para partir hacia el colegio que el gobierno del presidente Daniel Ortega construyó por medio del Ministerio de Educación para los pequeños del reparto Villa Guadalupe y también para los que vivían antes en la Chureca.
Deseos convirtiéndose en realidad
Como toda madre, Meyling quiere lo mejor para sus pequeños hijos, y los deseos de su corazón comenzaron a cumplirse, pese a que al inicio ella se encontraba totalmente escéptica de que se desarrollara en el lugar un proyecto que les daría trabajo, vivienda, escuela y parque para los niños del lugar.
Meyling dice que cuando escuchó del proyecto para el vertedero de basura, no creyó, porque sostiene que las distintas generaciones de familias que han trabajado en la Chureca fueron engañadas por las administraciones presidenciales que estuvieron en el poder antes que llegara el comandante Daniel Ortega.
“Veintitrés años pase viviendo en la Chureca y no tenía esperanzas de salir de ahí con mis hijos, y cuando me di cuenta de este proyecto, creí que era mentira, pero ahora no solo lo estoy viendo realizado, sino que estoy viviéndolo”, dice la joven madre quien quedó tan convencida del proyecto que ella es ahora facilitadora del proyecto de alfabetización Yo si Puedo y además es promotora de salud.
Gracias al gobierno del Comandante Daniel Ortega y de la compañera Rosario Murillo ahora tenemos un cambio verdadero, no nos engañaron y también gracias a la cooperación española que no solo tenemos un trabajo, sino una vivienda digna, cómoda, construida de bloque y con piso embaldosado.
“Le doy gracias a Dios que ahora tenemos un techo, un puesto de trabajo donde no me estoy moviendo de un lugar para otro, estoy bajo techo, no me da el solo y estoy sacando un solo material, tengo protección con mis guantes y mascarilla para trabajar en esta empresa y lo más importante es que tengo salario y seguro, lo que les da estabilidad a mis hijos”, aseguró.
Meyling sostiene que “cuando estaba en el botadero de basura, recogía de todo entre las montañas de basura que a diario llegan de todos los distritos de Managua, y lo que encontraba lo vendía, no tenía un ingreso seguro, ahora mil salario es de dos mil 500 córdobas quincenal y también está el salario de mí esposo que trabaja en una empresa del sector”, manifiesta la joven madre.
Las cosas son ahora totalmente distintas, el presente de sus hijos cambio totalmente, a ellos no les toca vivir en un rancho de latas, cartón, plástico y piso de tierra, que además se inundaba con las lluvias, sino que ahora vive en una casa más grande, de bloque, salita, cocina, tres cuartos, baño y con piso embaldosado.
Ya no falla el alimento
También destaca que ya sus niños no la están esperando a que llegue con dinero a su casa para buscar que darles de comer, sino que la provisión la compra quincenalmente por lo tanto el alimento no le falla a sus hijos.
“Gracias a Dios y al proyecto impulsado por el gobierno del presidente Ortega y la compañera Rosario Murillo y la Agencia de Cooperación Española, ahora el trabajo no le falla, tampoco a su esposo y el beneficio fue para mi familia”, explica emocionada la compañera Sánchez.
“Yo antes no tenía esperanzas de salir de ahí, cuando nos dimos cuenta de este proyecto dije esto es mentira, los gobiernos anteriores nos decían que nos iban a dar casa, trabajo, siempre nos engañaban y por eso no creí, pero ya gracias al comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo todo ha cambiado y a la cooperación española si tenemos un trabajo y una vivienda digna e incluso mi hijo está becado y le dieron uniformes”, explicó Sánchez.
Me siento muy contenta de estar aquí en este lugar, mi casa es de tres cuartos, cocina, sala, y no me mojo como antes, aquí tenemos un parque un colegio, un parque bien bonito gracias, reiteró, al Comandante Daniel Ortega y a la compañera Rosario Murillo y a la cooperación española, que sin ellos no habría hecho posible esto.












