Díaz Lacayo explicó que el ataque norteamericano contra la Revolución se dio en tres frentes; el frente militar que lo ganó Nicaragua tanto en el terreno como en el ámbito internacional con la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ); el frente interno político que también lo ganó el país pinolero; y el frente externo y diplomático que comienza con el Presidente mexicano José López Portillo en 1982, seguido de los acuerdos del Grupo Contadora de 1983 a 1986 y que culmina con el proceso de paz interno en Centroamérica, dirigido primeramente por el entonces Presidente de Costa Rica Oscar Arias y continuado por el Presidente de Guatemala Vinicio Cerezo Arévalo, quien convocó a todos los países en plan de igualdad para lograr un acuerdo regional, un proyecto político para Centroamérica, una batalla externa diplomática que permitió que la revolución quedara viva.
El también ex diplomático nicaragüense destacó que lo fundamental de los Acuerdos de Paz de Esquipulas es que reconoce la soberanía absoluta de todos los países, prohíbe que las naciones centroamericanas presten su territorio para invadir a otro, así como que las fuerzas externas estimulen a los otros países para agredir a terceros en Centroamérica.
“(El acuerdo) Exige que se reconozcan a todas las fuerzas políticas con iguales derechos, incluyendo por supuesto las revolucionarias, le da a las fuerzas revolucionarias una nueva categoría ya no ilegitima, sino que las legitima completamente. Exige que las instituciones de la región se pongan al día en materia de cumplir con los rezagos históricos en educación y salud, etc., es un programa muy grande”, puntualizó Díaz Lacayo.
Según el historiador, Nicaragua llevó la voz cantante dentro de los proceso de paz en Centroamérica, teniendo como principales protagonistas al Presidente de Nicaragua, comandante Daniel Ortega Saavedra y al entonces Canciller nicaragüense, Padre Miguel D’Escoto Brockmann.
“Entonces entre Daniel (Ortega) y Vinicio (Cerezo) […] hay una simbiosis que permite a ambos desarrollar un proyecto global para la región dejando viva las fuerzas revolucionarias y permitiendo que todas las fuerzas revolucionarias, excepto Nicaragua, compitieran electoralmente y que Nicaragua quedara viva con todo derecho sin cambiar en nada su proyecto revolucionario”, manifestó Díaz.
Señaló que con la salida del Gobierno del Frente Sandinista en 1990, los gobiernos que le sucedieron desmontaron Esquipulas dejando que pasaran esos 17 años sin hacer absolutamente nada a favor de la región, pero que con la llegada del Frente Sandinista nuevamente al Gobierno en 2007, el Presidente Daniel Ortega Saavedra tomó nuevamente la bandera de Esquipulas e insiste que se lleve a cabo íntegramente el proyecto regional.













