“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen y para que te vaya bien en la tierra. Este es el primer mandamiento con promesa” (Éxodo 20: 12,Dt 5:16, Ef.6:2)

En estos días en que se hace más énfasis en el denominado “DIA DE LAS MADRES”  considero oportuno contribuir con esta reflexión basada en los textos sagrados, como un humilde homenaje a nuestras heroicas madres nicaragüenses.

El hijo que ama honra a su Madre.

No es un consejo ni una doctrina. Es un Mandamiento, es una ordenanza de Dios para los hijos: “Honra a tu Madre” y que significa horrar a nuestras madres? Acordarnos de ella una vez al año, mientras los otros  364 días no le damos ningún tipo de apoyo, de atención y cariño? Hijos e hijas insensibles que no les importa que sus madres se estén sacrificándo para conseguir el pan de cada día mientras ellos andan involucrados en acciones ilícitas, otros van a los colegios y no aprovechan el tiempo para el estudio, sacan bajas notas y  no les importa repetir los años de estudios. De estos son los que el proverbista dice: “El hijo necio es tristeza de su madre” (Proverbios 10: 1) Hijos e hijas desobedientes, que lo único que le dan su madres es dolor, angustia y tristeza, estos deben tener muy claro que se convierten en transgresores de la Ley de Dios cuando con sus actitudes, con sus hechos hieren el alma de su madre.  “El hijo que se burla de los consejos de su madre. Dios se encargara de reprenderlo” (Proverbios 13: 1) Porque el  “hijo necio es  pesadumbre a la que le dio a luz” ( Pr.17: 25) A estos hijos e hijas les exhorto con la Palabra a que desechen la hipocresía con sus madres, creyendo que la van a contentar con que este 30 de mayo le lleven una rosa o un trozo de pastel. Lo primero que deben hacer es pedirles perdón a Dios y a sus madrecitas por el dolor que le causan y comprometerse a ser hijos obedientes, responsables, respetuosos, buenos estudiantes. No hay cosa que llene más de alegría el corazón de una madre que alguien le diga: “te felicito por tu hijo, por tu hija”,  ver el nombre de su hijo, hija en el cuadro de honor del colegio, recibir un abrazo sincero y  una palabra de “Mamá te quiero, cuenta conmigo”. Porque el hijo que ama honra a su madre con hechos y no con palabras vacías.

La madre nicaragüense sobrepasa a todas:

Todas las madres del mundo son buenas, pero las nicaragüenses sobrepasan a todas.

Conozco a madres nicaragüenses que hacen hasta lo imposible por garantizar el bienestar de sus hijos, por eso se dice que el amor de madre no tiene límites (como el gran amor de la Virgen María, que como madre estuvo con su hijo hasta el final al pie de cruz) La madre nicaragüense es una madre sacrificada, abnegada, creativa, excelente administradora, se desvela y se preocupa por sus hijos aunque estos se porten mal con ellas.

En la Biblia encontramos el relato de una madre que le pidió a Jesús que sus dos hijos se sentaran junto a él en el Reino de los cielos (San Mateo 20: 20) esa petición  audaz refleja el gran amor de una madre que siempre quiere lo mejor para sus hijos. La Madre es cocreadora con Dios en la expansión y multiplicación de la vida. Ellas nos sustentaron en sus vientres, nos dieron de su vida, nos defienden. En  ellas  la dimensión materna de Dios se nos revela día a día. Son una bendición.  Ellas merecen todo nuestro respeto y amor, todo nuestro respaldo y cariño.

Nuestro cariño y admiración para a esa madre que nunca le paso por su mente abortar a su hijo  y lo dio a luz con amor. Nuestro respeto  para esa madre soltera, para esa madre que fue abandonada por el padre de sus hijos y que en medio de la crisis y el dolor prefiere ver comer a sus hijos aunque ella aguante hambre.

Honor y gloria para las madres que ofrendaron a la Patria el fruto de su vientre y de esa manera dieron vida y esperanza  a todo un pueblo, para ellas nuestra profunda gratitud.

Y para todas las madrecitas que ya no están entre nosotros, que nos han antecedido a esa etapa superior de la vida nuestro amor, lleno de gratos recuerdos y nuestro ferviente  anhelo de que Dios nuestro Señor las tenga en su gracia y en su Reino. Bajo la cobertura de aquella palabra dicha desde la cruz: “Madre, he ahí  tu hijo. Hijo he ahí  tu Madre”.

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora   Evangélica-CEPRES