Hay que inventar un ángel y denunciar al diablo. Por supuesto, el ángel no existe más que en las salas de redacción donde el periodismo fue mandado al museo de sus mejores tiempos y sus impostores políticos no se detendrán hasta emplumarlo bien, que para eso se sobran las plumas, y enfrentarlo al demonio que también un día de tanto se tramó en tinta, con titulares de azufre y portadas de infierno.

En estas “creaciones” de la prensa “democrática” que “actualiza” a Dios, por supuesto no participa ningún lector o telespectador, y su única cooperación cierta es ver a como sea a ese “ángel”, casi siempre pintados en territorios inhóspitos, grises, peligrosos. Por lo general, los resentimientos devienen en estados de gracia que permiten a estos purificados ciudadanos ver la célica aparición donde otros, más mundanos, no logran apreciar lo que son capaces de hacer estos Vaticanos de papel.

Ahí surgen “espontáneamente” los héroes de primera plana. Pero esos ecosistemas de la maldad tampoco son provistos por la realidad; hay que teclearlos en Word y proyectarlos “en vivo y a todo color”.

Durante la Guerra Fría, estos “ángeles y demonios” casi siempre eran repartidos por el voceador o canillitas, y vendidos en los quioscos, después de haber sido formados para la impresión… de los desinformados.

La moda actual es más sofisticada. A los “ángeles” hay que premiarlos, porque sirven para ver de qué tamaño es el “demonio” al que hay que exorcizar. Bueno, con el presidente Allende se llegó al aquelarre, pero son gajes del oficio.

Las universidades no hallan qué doctorado inventar, las organizaciones de cíclopes defensores de derechos humanos se pelean por otorgar sus galardones que nadie les conoció juventud, y aquella criatura que antes descansaba en altares de ocho columnas y volaba con sencillas alas de papel en blanco y negro, hoy planea en los claustros académicos y en foros internacionales, reproducidas sus estampas “milagrosas” en redes sociales y en pantallas digitales de última generación, alcanzando las alturas reservadas solo para los ídolos del sistema.

Para variar, sus teofanías mediáticas incluyen una foto al estilo Juan Diego con Ileana Ros-Lehtinen y epístolas del hagiógrafo Carlos Alberto Montaner, quien ha canonizado más “santos” que los dos últimos papas para enfrentarlos a países “infernales”.

A veces, a pesar de tantos recursos invertidos, la gloria del “ángel” es precaria, y necesita de plumas mayores para elevarse. Es cuando Mario Vargas Llosa escribe sobre estas fabulosas criaturas que gozamos sin merecer los hombres y mujeres profanos, y con ese milagro aireado con páginas de novelas traviesas --- a estas altitudes ya el ser tiene más de Harry Potter tropical que de ángel, pero en fin--- ahora sí puede saltar continentes para alcanzar las dimensiones de salvadora de la humanidad.

Llega el momento en que el “ángel” --- los manuales de redacción detallan cómo se pueden fabricar sin mucho gasto y con ingredientes que se hallan en el mercado --- es inmune a lo que le puede pasar a un triste mortal. Es impensable que le ocurra algo como a cualquier vecino que un día debe asistir a un hospital. En esta fase, una espinilla madura en la nariz no puede ser más que una obra del malévolo régimen. Si le aparece una urticaria, es ataque biológico de “los enemigos de la libertad”.

Los “ángeles”, sin embargo, no se dan el lujo de aparecer en cualquier ambiente.

- II –

El diablo con portada de ángel

En los años 80, el verdadero diablo de Guatemala fue vestido como ángel, y a los auténticos ángeles, la gran prensa los convirtió, por arte de magia impresa y televisada, en demonios. El diablo real, además, era un pastor evangélico fundamentalista, adelantando el Apocalipsis y el Calendario Maya con su Armagedón guatemalteco: limpiar la tierra del Cuarto Jinete, el del caballo amarillo y su plaga de muerte, léase indígenas mayas y guerrilleros “comunistas”.

Hoy, cuando no se puede hacer nada por aquellas mujeres y hombres y hasta niños asesinados, el mundo recién empieza a darse cuenta de que el tal “ángel” era uno de los más perversos demonios que han existido en Centroamérica. Pero los reflectores y cámaras estaban solo reservadas para aquella suprema especie blindada de charreteras y condecoraciones.

Rigoberta Menchú como raza debió esperar 500 años para recibir un reconocimiento de la Metrópolis: se dieron cuenta de que no era ningún demonio, y que llevaba una década tratando de que escucharan su incómoda verdad: que los diablos eran otros y los campesinos y los indígenas los verdaderos hijos de Dios, aunque no se parecieran a los blanquísimos angelitos barrocos de la Basílica de Esquipulas.

Se le entregó el Premio Nobel hasta 1992, porque a los dueños de la democracia nada les importó antes que su padre ardiera en fósforo blanco, ni sus amigos mutilados, ni sus organizaciones eliminadas por los paramilitares, ni su pueblo masacrado más de 200 veces, solo por la sospecha de tener olor a guerrilla. Rigoberta ya no pertenecía a “las huestes infernales” que se oponían al “Mesías”.

Todo lo contrario con Yoani Sánchez: el mundo, es decir, sus medios, la reconoció de inmediato. Era un ángel precoz. Su fama subió como espuma cervecera en tan poco tiempo. Así son las “democracias”.

Para ser reconocida casi como una Estrella Mediática de Belén, Sánchez no necesitó hablar de las mujeres cuyos vientres eran abiertos por salvajes guardias dirigidos por Ríos Montt, porque, obviamente en Cuba, más bien las madres cuentan con atención médica, control prenatal y acompañamiento para el mejor alumbramiento de una nueva vida.

Tampoco pudo hablar de masacres colectivas de guajiros, como Rigoberta sí lo hizo aunque no le prestaran la atención de los reflectores, porque al contrario de lo que pasó durante esa etapa de la “democracia” en Guatemala, en la Isla, la democracia que bajó de Sierra Maestra incluye en las ciencias al último hijo de los bohíos, además de la salud. La juventud cuenta con el irrestricto derecho de ir a estudiar hasta dónde ella se imponga los límites.

No obstante, la biografía de Sánchez y su lucha es más conmovedora que la de Rigoberta. La cubana sufrió mucho al no poder conseguir champú durante los años del Periodo Especial. Fue víctima de un “crimen de lesa humanidad”: para introducir a Cuba el PlayStation 1 de su hijo Teo, debía llenar “un riguroso trámite” y enfrentar a “represivos policías” aduaneros.

Pero quizá la peor acusación contra la Cuba de Fidel y del Che es que “todo se militariza” y no le dejan a uno darse el gustazo de morirse durante una tempestad del Caribe. En los demás países cada año centenares “disfrutan” ese derecho inalienable reclamado por Sánchez.

Ella así lo dice: “hay que salir de la casa, sino, te vienen a sacar. A lo mejor yo quiero quedarme a cuidar mis pertenencias o morirme con el huracán, pero no me dejan”.

La BloGuerra Fría ha comenzado. ¡Ah!, el oficial de la “temible” Seguridad dejó que Sánchez ingresara el video juego del niño, tras montar --- parece que es un pequeño defecto terrenal de su redactado origen --- un teatro en el Aeropuerto. Ella misma cuenta que el guarda solo “se echó a reír y nos dejó pasar”.

Formidable “milagro” de este “ángel” con el pequeño Teo cuando regresaban de Suiza, porque los guardas de la democracia, en los días de Ríos Montt, no le sonrieron, ni mucho menos dejaron que mil 771 ciudadanos Maya Ixil pudieran retornar a las palapas (chozas) y poder abrazar a sus hijos.

Fueron masacrados.