Palabras de la embajadora de Nicaragua Marcela Pérez Silva

Homenaje a Fidel y Flor de María González

Bienvenida a Gerardo Hernández

Auditorio del Sindicato de Telefónica

Lima, 27 de nov, 2019

Penas y dichas nos convocan, una vez más, en este auditorio tan querido para nosotros. Aquí tuve ocasión de venir por primera vez acompañando a Tomás, no recuerdo bien a qué actividad, pero recuerdo perfectamente el cariño y la solidaridad con la que fuimos recibidos. En esa ocasión, además, tuve el privilegio de cantar acompañada por el maestro Félix Casaverde.

Entre estas paredes hermosas, abrazados por estos murales, hemos compartido tiempos de dolor y tiempos de esperanza. Una de las actividades más bellas y alegres que recuerdo fue la celebración de los 90 años de Fidel. Quién nos iba a decir, entonces, que tres meses después lo lloraría el mundo. Y que Cuba lo acompañaría a pie hasta su última morada hecha de granito, como la reciedumbre de sus convicciones.

Han pasado tres años desde entonces y aún habemos muchos que creemos que es mentira. Que Fidel no murió. Que no es él quien está dentro de esa enorme roca. Porque su gloria, del tamaño del mundo, cabe en un grano de maíz.

—¿Dónde está Fidel? —preguntó en La Habana, Daniel Ortega.

Y Cuba entera le respondió:

—¡Aquí!

Y volvió a preguntar Daniel:

—¿Dónde está Fidel?

Y le respondió la historia:

—¡Aquí!

Por tercera vez preguntó…

Y rugieron el Turquino y la Sierra Maestra y los alfabetizados de Nicaragua y los hambrientos de Haití y los damnificados de Huaraz y Pisco en el Perú y los médicos graduados de Etiopía y los curados de cataratas en Bolivia y los hombres libres de Angola y Namibia y los pueblos originarios de América rugieron:

—¡Yo soy Fidel! ¡Yo soy Fidel! ¡Yo soy Fidel!

Y esa convicción secó nuestras lágrimas y nos fortaleció para las nuevas victorias.

 

II:

Hace un año, cuando se cumplían dos de la partida de Fidel, volvieron nuestros ojos a llenarse de lágrimas, con la triste noticia de la partida de Flor de María González.

En el corto e intenso tiempo que Flor de María y yo estuvimos juntas, nos hicimos hermanas. Solíamos hablar por horas de la solidaridad, del difícil camino al socialismo, de aquella vieja consigna, tan vigente en Nicaragua, que decía: “Cristianismo y Revolución: no hay contradicción”.

Flor de María se hizo de casa en nuestra embajada. Compartió, como una de las nuestras, celebraciones y ritos de Nicaragua, rindió homenaje a nuestros héroes y sufrió con nosotros la arremetida del odio y la codicia, en los duros días del fallido intento de golpe de Estado.

Flor de María González fue profesora de Matemáticas en un colegio religioso de Huancayo. Fue dirigente sindical del Magisterio, donde llegó a ser Secretaria General del SUTE Regional de Junín. En mayo de 2017, el XV Congreso del Partido Comunista Peruano la eligió su Secretaria General. Nuestro júbilo fue inmenso. Casi medio siglo después de su fundación, el partido de José Carlos Mariátegui tenía una mujer al frente de su conducción. Inmediatamente lo comuniqué a Nicaragua y fue celebrado como lo que era: un triunfo de las revolucionarias de América.

Dos tareas principales se planteó Flor de María: reorganizar su partido y contribuir a la unidad de las fuerzas de izquierda de su país. Para conseguirlo trabajó con alma, vida y corazón. A pesar de que su salud no la ayudaba, se entregó a la tarea con dedicación y sacrificio. Superando dificultades, viajó a México, a la República Popular China y a Cuba, donde participó en la reunión del Foro de Sao Paulo.

Sin embargo, su salud se deterioraba y no pudo asumir el cargo de Congresista de la República que su condición de accesitaria le concedía. Severamente afectada por una fibrosis pulmonar, falleció el 25 de noviembre del año pasado. Nuestra vicepresidenta de la República, la poeta Rosario Murillo, tuvo palabras hermosas para ella, en aquella ocasión.

La vida, el trabajo y la lucha de Flor de María González dejaron huella en quienes la conocimos y nos nutrimos de su ejemplo. Las mujeres luchadoras reivindicaremos su legado. La Flor Roja de Nuestra América vivirá por siempre en nuestros corazones.

Y ahora viene la nota feliz.

Para nosotros es un honor y una dicha darle la bienvenida a un revolucionario ejemplar. Miembro de la Asamblea Popular de Cuba; Vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”; Héroe Nacional de Cuba, que permaneció 16 años injustamente encarcelado por el odio, en los Estados Unidos. Hablo, por supuesto, de Gerardo Hernández.

Gerardo fue el principal encausado en el caso de Los Cinco cubanos que fueron apresados en 1998 y sentenciados por crímenes que nunca cometieron. Gerardo estuvo preso hasta diciembre de 2014. En juicios plagados de irregularidades jurídicas lo habían condenado a dos cadenas perpetuas, más quince años de reclusión. O sea que tenía que morirse dos veces en la cárcel y ni aún así lo dejarían en libertad.

Pero lo que Tomás llamó “la lúcida terquedad de Fidel y de su pueblo”, además de la inmensa ola de solidaridad que se alzó en el mundo, logró liberarlo junto con sus compañeros: Antonio Guerrero, Ramón Labañino, René y Fernando González. Ese día será recordado por todos como una fiesta. Una victoria de la libertad.

Tomás les había escrito a los Cinco, cuando estaban la cárcel:

“La persistencia emociona, induce al acompañamiento y a la certidumbre de que ustedes, hermanos, volverán a recorrer el malecón de La Habana; abrazarán, oyendo el oleaje de sus espléndidas playas, a sus hijos, a sus madres, a sus amigos; besarán a sus pacientes mujeres y harán de nuevo el amor, en impacientes dormitorios”

Habíamos conocido a las madres, a las hijas y a las esposas de los Cinco. Habíamos estado con ellas en Managua, y en Lima, y en Caracas. Adriana nos había contado cuánto habían soñado, ella y Gerardo, con tener un hijo, y como la separación cruel e injusta, y lo que ella llamaba “su reloj biológico” jugaban en contra de ellos: los guerreros del amor.

La lucha por la libertad de los Cinco conoció acciones que se desplegaron en todos los países. En el Perú, esta lucha estuvo dirigida y orientada por el Comité Peruano de Solidaridad con los Cinco, presidido por Gustavo Espinoza.

El Comité Peruano organizó marchas y conciertos; polladas y partidos de futbol; maratones, bicicleteadas, actos políticos y culturales. Le escribimos cartas a Michelle Obama, amarramos cintas amarillas a todos los árboles frente a la casa del embajador yanqui, y trepamos hasta los 4000 m. de altura para hacer flamear la bandera por la libertad de los Cinco.

Por eso, cuando escuchamos a Raúl decir: “Como prometió Fidel cuando dijo “Volverán”, arribaron hoy a nuestra patria…”nos abrazábamos y compartimos su liberación como una victoria de todos.

Cuando, además, supimos que el sueño de Adriana se había realizado, sentimos que Gema era hija del amor de todos nosotros. Nos sentimos cómplices cupidos de los enamorados. Ahora son tres los niños de Gerardo y Adriana, a cada cual más hermoso… Porque Tomás tenía razón: el amor es siempre más fuerte que el odio.

Por eso y muchas cosas más, es un verdadero privilegio tener esta noche entre nosotros a Gerardo Hernández, a quien damos la más calurosa y fraterna bienvenida al Perú.