Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Miguel Obando y Bravo, Presidente de la Comisión de Reconciliación, Paz y Justicia, arribó a sus 28 años de vida cardenalicia este 25 de mayo con mucha vida y fuerza para seguir trabajando por el pueblo humilde de Nicaragua promoviendo la Paz.

A través de una entrevista con los medios de comunicación del Poder de las Familias y las Comunidades, Su Eminencia expresó que exactamente hace 28 años fue una sorpresa su nombramiento como Cardenal porque no pensó nunca llegar a serlo.

“Yo no pensaba ser Cardenal, pero recuerdo que muy de mañana me comunicaron de la Nunciatura, que el Santo Padre, Juan Pablo II, me había nombrado Cardenal, y en efecto me trasladé a Roma, y creo que estuve allá el 25 de mayo de 1985”, precisó.

El Cardenal Miguel indicó que en aquella ocasión el Papa Juan Pablo II fue muy gentil, y que su nombramiento fue recibido con gran alegría por el pueblo nicaragüense llamándolo por teléfono a cada momento para felicitarlo y prometiéndole muchas oraciones.

“Yo no pensaba, no me imaginaba, pues ser Cardenal es una cosa seria, pero realmente con la ayuda de Dios tratamos de trabajar y hacer lo que está a nuestro alcance. Fue una gentileza del Papa Juan Pablo II, y fuimos grandes amigos. Es un Papa que lo trajimos dos veces a Nicaragua, la segunda vez lo recibimos con mucho cariño y él se fue muy contento de visitar Nicaragua”.

El Cardenal de la Paz detalló que aún recuerda cuando, en ocasión a su nombramiento, llegó a Roma muy rápido, y Su Santidad, Juan Pablo II lo hizo Cardenal, lo que luego fue celebrado junto a otros nicaragüenses con una pequeña fiesta en Roma.

Su Eminencia señaló que al nombrarlo Cardenal el Papa, estaba apoyándolo grandemente y esto le dio fuerzas en aquellos tiempos para conseguir la Paz en Nicaragua, ya que atravesaba por momentos difíciles de la guerra.

“Siempre que yo servía de mediador me encomendaba al Señor; recuerdo que la primera vez que me llevaron como mediador, eran las 4 de la mañana, sonó mi teléfono, me llamó el Presidente Somoza, quien me dijo 'hay una cosa urgentísima aquí', y yo le pregunté 'me puede decir de qué se trata', y era sobre la toma de la casa de José María Castillo”, precisó.

El Cardenal Miguel detalló que estuvo sirviendo como mediador al menos unos tres días durante la toma de la casa de José María Castillo, algo que está en la historia de su vida cardenalicia, además de su participación en la toma del Palacio Nacional.

“Yo le doy gracias a Dios por la bondad que ha tenido, y por haberme llamado al sacerdocio en 1958, y le agradezco al Señor que me haya nombrado Cardenal, y pues agradecido con el Papa Juan Pablo II, que en Paz descanse, quien fue que me nombró Cardenal”, expresó.

Asimismo, Su Eminencia manifestó haber sido muy amigo del Papa Juan Pablo II, de quien guarda gratos recuerdos.

“El Papa Juan Pablo II fue amigo mío, recuerdo que sin conocerme, la primera vez que fui a Roma, me dijo ‘siéntate y vemos a ver en qué hablamos, si en latín o en español, y vamos a hablar en español y te aseguro que voy a corregir tu español’, fue un hombre muy bromista y en efecto hablaba muy bien el español, y nos apoyó muchísimo”, indicó.

El Cardenal Miguel aseguró también haber conocido al Papa Francisco antes que fuera Pontífice.

“Nos conocimos en Roma, y por cierto creo que Monseñor Castrillo estuvo ahí en esa conversación que tuvimos con él; es un buen amigo, y ya le hemos saludado y felicitado, y tuvimos la oportunidad de tratarlo más tiempo cuando era Cardenal porque estaba más desocupado, pero sí es un buen hombre y esperamos que con la ayuda de Dios va a jugar un papel importante en el pontificado”, manifestó.

Su Eminencia, expresó el enorme agradecimiento que tiene con Dios por los 28 años de vida cardenalicia que le ha permitido dar al pueblo de Nicaragua.

“Le damos gracias al Señor por los 28 años que me ha dado como Cardenal, y la vida, porque ya tengo 87 años. Yo doy gracias al Señor porque me ha dado vida, y si hemos hecho algo, ha sido necesariamente apoyado por mis sacerdotes y con el auxilio de Dios y de María Santísima”, concluyó el Cardenal de la Paz.