Recientemente, a raíz del discurso del Presidente Daniel Ortega en el 43avo aniversario de la muerte de Carlos Fonseca Amador, en el que habló de los sepulcros blanqueados, de la espiga que algunos obispos y sacerdotes ven en el ojo ajeno, sin detenerse a ver que en el propio tienen enormes columnas de concreto, el Cardenal Leopoldo Brenes fue entrevistado sobre el tema y en su defensa dijo que ellos no son enemigos del gobierno, que ellos son hombres de paz y de oración.

No siento ciertas las declaraciones del Cardenal Brenes y pienso que obispos, como Silvio Báez, que está lejos Gracias al Papa, Juan Abelardo Mata y Rolando Álvarez, también lo son y de igual manera sacerdotes, que manifiestamente avalados por la Conferencia Episcopal desde los púlpitos siembran odio, comen odio, vomitan odio y por eso mismo están cosechando los odios de una gran cantidad de católicos resentidos con su iglesia.

Bajo las sotanas y el atuendo sacerdotal hay hombres, no santos, ninguno de ellos tiene aureola y muchos cargan pecados y grandes secretos que por mucho vino de consagrar que tomen, por muchas ostias que coman y por muchas biblias que lean, eso no los salva del descenso a la morada del diablo porque la historia de la iglesia, desde mucho antes de la “Santa Inquisición”, pasando por los Borgía, los asesinatos papales, los abusos de menores, el homosexualismo, la no observación del celibato por el cual tienen hijos botados por todas partes y en consecuencia mujeres abandonadas y amenazadas para que callen la gran verdad que ocultan los monasterios y los conventos donde se consuman actos reñidos con la supuesta moralidad que pretenden vestir estos profesionales de la fe que efectivamente son como esos sepulcros blanqueados que pintados con carburo lucen impecables, pero más abajito están las carnes podridas de aquellos que son más pecadores que los que andamos en el mundo porque detrás de un confesionario te piden detalles de tu vida, te regañan por lo que hiciste, te imponen penitencias, te mandan a repetir ave marías y padre nuestros y después entre ellos se ríen de tus lágrimas.

De estos obispos y sacerdotes puedo entender que desde sus propias concepciones con respecto a la vida o del país que habitan, tengan una opinión política y es correcto que manifiesten sus distancias con “x o y” gobierno, como también es correcto que existan otros que crean que el gobierno está haciendo las cosas bien y porque piensen a favor y en contra, a lo que repito tienen derecho, no los hace personas malas. Tampoco voy a decir que lo sean porque desde sus homilías aquellos que no están de acuerdo con el gobierno hagan las críticas que correspondan, como sí hacen y muy ácidamente algunos obispos y sacerdotes, pues al fin y al cabo esa es la libertad de expresión que les confiere la democracia que tenemos.

Lo que sí está mal es que estos obispos y estos sacerdotes hayan hecho de los templos de oración guaridas de ladrones y delincuentes; lo que sí está mal es que hayan hecho de la Catedral de Managua el cuartel general del estado mayor de los golpistas que ahora para refrescarse compran las cervezas hasta en la misma casa de oración que ahora es la sede oficial de una organización terrorista.

Lo que sí está mal es que muchas iglesias católicas son centros de conspiración, centros de reunión y planificación de acciones y actos terroristas contra la paz que todos deseamos alcanzar y que en contraste es torpedeada por sacerdotes, llámense obispos, monseñores o curas que, así como van se pondrán pronto sotanas camufladas, en vez de la Mitra utilizarán boinas y en vez del Báculo comenzarán a cargar un M-16 para armonizar con las mismas armas del imperio del que reciben las órdenes.

Estos obispos que se resisten a salirse del closet como políticos, marca que tienen tatuada en la lengua, no dijeron nada de los torturados, secuestrados y asesinados que produjo el golpe de estado que ellos crearon; no dijeron nada de la economía que ayudaron a destruir para crear la crisis y el desempleo que hoy vivimos; no dijeron de la agresión norteamericana contra Nicaragua; no dijeron nada por el involucramiento descarado de muchos sacerdotes en el derramamiento de sangre que nos mantiene enlutados; no dijeron nada de nada porque ellos son parte, acción y conducción de la tragedia que directamente propiciaron.

Y cómo iban a decir algo si descaradamente asumieron en declaraciones públicas que ellos habían sido los creadores de esa infamia llamada Alianza Cínica. Y cómo iban a decir algo si eran la mampara de toda esa canallada de la que se desprenden historias tristes y dolorosas que fueron personalmente asumidas por obispos que abiertamente amenazaron de muerte al presidente, de obispos que se ufanaron de ser los creadores de terror y el espanto desatado desde abril de 2018; Y cómo iban a decir algo si eran parte de aquel circo que convocaron con el supuesto de un diálogo donde los dados estaban cargados, donde no habían tres sino dos partes, la del gobierno y la de los enemigos del gobierno; Y cómo iban a decir algo si creyeron tanto en la efectividad del golpe de estado que fueron capaces de mover sus patas a la secretaria general, en El Carmen, para irle a decir al presidente que tenía que irse, que alistara maletas y para sus efectos llevaban consigo la cartilla de capitulación, los términos de la rendición y hasta las horas que concederían para que Daniel Ortega y toda su familia abandonara el país rumbo a Venezuela o Cuba en un viaje solo con pasajes de ida.

Después de todo eso, ya saben, con esa su manera de hablar como se burlaba Silvio Báez de su Arzobispo, Leopoldo Brenes se manifestó extrañado por lo de los sepulcros blanqueados y salió al paso diciendo que no era enemigo del gobierno lo que realmente es ofensivo para la inteligencia y para la razón porque sí lo es, y porque lo es, hoy los católicos tienen una resentida demanda contra el Cardenal y todos los demás sacerdotes que han hecho de los púlpitos verdaderas tribunas políticas donde hacerse ver y escuchar mejor aquí se inventaron mecanismos que ni el papa tiene en la Basílica de San Pedro y son 16 plasmas de 75 pulgadas, una por cada columna de la Catedral de Matagalpa, donde el Obispo Rolando Álvarez, un profesional de la imitación, cada vez que puede, -es decir siempre- se lanza a la yugular de la paz, para discursear en beneficio del odio, a fin de encontrar en la muerte que invoca la solución a los problemas económicos de oligarquías que están distanciadas de la opción preferencial por los pobres, pero de la que ahora son parte individuos que enfundados en elegantes y suntuosas sotanas quieren dar a los nicaragüenses clases de moral que no conocen.

Por todas esas cosas, de tanto ir el cántaro al agua, la tolerancia se acabó y la paciencia rebalsó, y por eso una cantidad de católicos se fueron a la Catedral de Managua, al Cuartel General del terrorismo golpista, a demandar respeto a los obispos y a sus súbditos, respeto para una feligresía harta de la hipocresía de supuestos pastores que convirtieron los templos de oración en cueva y guarida de delincuentes y ladrones a los que siempre conceden espacios para que hagan su show y que por posiciones políticas generaron una desbandada nunca vista de feligreses que se fueron a religiones que sí hablaran de amor, de paz, de perdón y de reconciliación y no quedarse con el disco rayado del odio, que ojalá fuera algo esporádico o circunstancial, pero que va es algo que obedece a una campaña metódicamente planificada que no da respiro ni en una temporada que como esta, mariana y Navideña, que celebra a la Madre de Dios y el Nacimiento del Hijo de Dios, debería estar cercana a la espiritualidad, al misterio divino de la sagrada familia, pero que va estos prefirieron desde la profundidad y maldad de su alma insistir en algo que no tiene retorno y eso es la pesadilla de todo lo que se desprendió de Abril del 2018.

 

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.