En Brasil liberaron a Lula, en Chile se cansaron de Piñera, en Argentina volvió el progresismo, en Colombia le dijeron NO al Uribismo, ¿y ahora se supone que los bolivianos quieren retroceder a los tiempos del Gonismo? Por favor, esas cosas solo se pueden hacer a los golpes. Lo de Bolivia es tan contra natura que no se puede calificar de otra forma: Golpe de Estado.

Si le quitamos el elemento de las redes sociales, es el estilo de golpe más viejo del siglo: 1) Demonización de un presidente legítimo por una agresiva campaña mediática; 2) Creación de fuerzas de choque violentas; 3) Generación de un clima de desconfianza electoral; 4) Actos violentos, creación del caos y una Policía que no hace nada; 5) Ingerencia externa de organismos favorables a los golpistas que cuentan los votos como mejor les conviene (a los golpistas); 6) Amenazas físicas a representantes del Gobierno y sus familiares para que dimitan; 7) Altos mandos del Ejército que le "sugieren" al Presidente que renuncie... eso lo hemos visto una y otra vez en la historia del Abya Yala. Hasta los años 80, detalles más, detalles menos, era parte del "color local" de nuestro continente.

La "presidenta interina autodesignada" de Bolivia, Jeanine Añez Chavez, recibe la banda presidencial de unos generalotes. Se reúne con los generalotes, que dicen verse "obligados" a salir a la calle y "poner el orden". Afuera, en las calles, el "populacho" sale a protestar y es recibido con bala viva. La "presidenta autodesignada" escribe tuits en los que promete librar al país de indígenas e irrumpe en el Palacio Presidencial con una gran Biblia bajo el brazo. Los obispos aplauden. Un neonazi croata que tiene a su lado canta loas a la democracia. El presidente de Estados Unidos celebra semejante "victoria popular".Hay un par de diferencias entre este golpe y los que hace 40 años se habían hecho parte de nuestra geografía latinoamericana: 1) Todo el mundo tiene teléfonos celulares; 2) Los pueblos han despertado de una noche de 500 años  y 3) Saben que no están solos.