Tras ser orientada la restauración de todas las antiguas Estaciones del Ferrocarril del Pacífico por el Presidente de la República, Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo, muchos pobladores expresaron gran entusiasmo por el desarrollo en curso de este significativo proyecto, pero además recordaron con mucha nostalgia lo que significó este medio de transporte en sus mejores años.

Nacieron en las antiguas estaciones del Ferrocarril del Pacífico, donde trabajaron toda su juventud a bordo de las viejas locomotoras, ‘las máquinas negras’ donde se enamoraron y procrearon a sus hijos que también nacieron bajo las mimas condiciones.

Allá en Rota, comarca de Malpaisillo, en León, donde los trenes de vapor eran abastecidos de agua, porque en este lugar abundaban los depósitos naturales, y las máquinas tenían que alimentarse de agua de calidad, en este pueblo chiquito de unos 50 caseríos, vive Roger Pereira junto a su nostalgia, su recuerdo punzante de cuando nació, creció y trabajó en la estación ferroviaria.

“Nosotros nacimos y nos criamos como hijos del ferrocarril, porque en el tren y en la antigua estación trabajaron desde mis abuelos, Narciso Pereira, Trinidad Pereira. Éramos doce hijos, y todos nacimos en diferentes estaciones, y a mí me tocó nacer en la Estación de Tolapa”, expresó melancólico.

‘La máquina negra’ siempre será recordada por sus hijos

Pereira, trabajó desde los 16 años como operario del Arlen Siú, un vapor que lograba transportar hasta 21 vagones, y desde entonces miró como las familias cargaban algodón, granos básicos, animales, verduras y hasta carretas de bueyes para venderlas en las remotas calles de El Sauce o León, algo que ahora evoca con dolor.

“Yo me crié en este tren, hasta que los gobiernos neoliberales los destruyeron (dijo entre llantos), algo que me duele porque era nuestro modo de vida; a nosotros nos notifican estando en el kilómetro 16, y para nosotros fue un gran susto”, manifestó el hombre que trabajó desde los 17 hasta los 36 años en la máquina de acero.

Al paso de los años, Pereira ha vivido en lo que antes funcionó como la ‘casa de herramientas del tren’, una estructura anidada en su techo por una centena de tejas de barro y edificada por unos viejos muros de adobe que se sostienen firmes desafiando el tiempo, donde antes se guardaban los durmientes, los rieles, las planchas, los pernos o los clavos que servían como repuestos del ferrocarril.

“El tren estaba compuesto por el maquinista, el frenero, el conductor, y el agüitor, quien se encargaba de llevar un control del dinero, era como un inspector. Estas enormes máquinas pesaban 55 toneladas, y para el noventa el Frente Sandinista trajo tres máquinas, que eran grandes, pesaban hasta 180 toneladas”, precisó.

El tren pasaba por una ruta altamente productiva

Otro de los hijos del ferrocarril, Porfirio Morán, evoca aquellos años, cuando la comarca Rota llegó a su auge productivo y comercial con el sorgo, maíz, ajonjolí, frijoles y yuca, mismos cultivos que eran vendidos hacia otros municipios a través del tren, cuando el pasaje valía 75 centavos, en el vagón comercial y 1.5 córdobas en vagones más cómodos.

En el centro de Malpaisillo, donde se ubica la otra estación del tren, las familias recuerdan con cariño las tres poderosas máquinas que pasaban por estos lados, mismas que llevaron los nombres de Arlen Siú, Luis Amanda Espinoza y Conchita Aldea.

“Era alegre todo, ahora recuerdo que en aquellos tiempos el ambiente era de mucho comercio en el tren, y me parece excelente lo que está haciendo este Gobierno (Sandinista) al querer convertirla en un museo, porque así vamos a conservar esta estructura”, expresó Juana Francisca Barrera, del Barrio Pancasán.

“El tren era una fuente de trabajo para nosotros, porque de eso sobrevivíamos, veníamos a vender tajadas, papitas, las otras compañeras vendían fresco, vigorón, chacho con yuca, agua, de todo se vendía, y esto aportaba a la economía nuestra, porque nosotros vendíamos a todas las personas que venían e iban en el tren”, manifestó Gloria María Núñez.

No sólo era un medio de transporte, sino un modo de vida

Para María del Carmen Santana, haber quitado el ferrocarril fue un error en la historia de Nicaragua, y “siempre se guardará como un recuerdo amargo, porque para las familias de Malpaisillo no era sólo un medio de transporte, sino un modo de vida”.

Santana, ahora ya con más de 70 años de vida, llegó a ser en los años ochenta la mujer que más productos traía de León, logrando ocupar hasta 5 vagones totalmente colmados de verduras, cabeza de chancho, queso y plátanos.

“Iba a las fiestas de El Sauce a vender, a Achuapa, yo conozco de León Los Pocitos y Palo de Lapa, y en todo eso el tren se detenía, y luego venía para acá, yo en aquel entonces no tenía casa, y dormía en un comando de la estación del tren, sin embargo ganaba muy bien, con ese tren nosotros nos defendíamos”, expresó.

José Leonel Navarro, trabajador de la Alcaldía de Malpaisillo, indicó que actualmente la comuna de este municipio trabaja de forma acelerada en la restauración de la Antigua Estación del Ferrocarril, misma que convertirán en una casa-museo, parte del patrimonio histórico y cultural de Nicaragua y un centro de atracción turística.

Navarro indicó que este ferrocarril movía a más de 1 mil 500 personas, pasando por otras comunidades como Larreynaga, Tolapa, El Sauce y Río Grande, ruta en la que ahora las familias recuerdan la máquina negra con mucha nostalgia.