El éxtasis de la victoria y la agonía de la derrota son dos estados emocionales tan extremos como el amor y el odio, la verdad y la mentira, la luz y las tinieblas, la paz y la guerra, el bien y el mal, el saber y la ignorancia.

El éxtasis de la victoria y la agonía de la derrota son ánimos y desánimos que fácilmente palpamos en la cotidianidad de nuestra sociedad. Unos lo hacen celebrando victorias y anunciando conquistas en un futuro por llegar y otros lanzando maldiciones desde un pasado que los atrapa y los aprisiona sin tener nada que ofrecer más que los cantares desentonados de una fatalidad enfermiza que los derrota en la medida que desbocadamente lanzan maldiciones contra lo que sea y contra quien sea y eso es peligroso porque algunos, en ese afán destructivo, están llegando hasta la locura y no hay nada más peligroso que un loco.

El éxtasis de la victoria y la agonía de la derrota es un concepto o término muy utilizado en los deportes, pero si lo transpolamos a la política nicaragüense, es muy fácil determinar que aquí hay un equipo que, viniendo de atrás, luchando contra circunstancias muy adversas, enfrentando al arma más potente de los cobardes como es la mentira, la amenaza o la muerte misma, se levantó del suelo para vencer a quienes ya se miraban en el poder porque llegaron a verse como dueños de las calles, porque llegaron a paralizar al país, algunos de ellos hasta proclamaron ser un gobierno de transición como sucedió en Masaya y en consecuencia hasta ya habían armado el gabinete ministerial, ya eran los nuevos diputados, magistrados, contralores, alcaldes y concejales y por supuesto no faltó quien, por haber tenido un medio de comunicación desde el que destilaba odio y se promovía el caos, hasta decía estar dispuesto a sacrificarse y asumir la presidencia de la república y por eso en las marchas violentas que terminaban en quemas de instituciones públicas y privadas hasta caminaba y saludaba como presidente y la esposa lo hacía como primera dama porque creyeron el cuento de que tenían el poder.

Cuando aquella pantomima de diálogo en el Seminario de Fátima fracasó, después de hacerse una y otra vez llamados para que se liberaran las carreteras y los pueblos de tranques; después de haber oído las brutalidades de un empleado de colombianos que decía que aquí la economía no era lo importante; después de aquella violencia, de las muertes y las torturas, la paciencia sobre la cual el presidente Daniel Ortega advirtió que tenía un límite, se acabó y la policía que había estado recluida en sus estaciones, a exigencia de los comandantes del golpe contra el estado, los obispos Silvio Báez, Leopoldo Brenes, Rolando Álvarez y Abelardo Mata, recibieron la orden de salir a liberar al pueblo que había sido secuestrado por los terroristas e ir al rescate del orden y la estabilidad que teníamos antes del 18 de abril del 2018 y a partir de ese momento aquellos que creyeron haber colocado a Nicaragua como un estado más en la bandera de las barras y las estrella empezaron una agonía dolorosa y espantosa porque no hay mayor tormento que sentirse despreciado, ignorado, descubierto y señalado por el inmenso daño que inmerecidamente hicieron contra nuestra querida Nicaragua.

Haber entrado en ese estado de muerte lenta y ser testigos de que los que volvieron a nacer como el Ave Fénix son los dueños de la razón, ante un pueblo que sabe de qué lado está la verdad que vive el país, es para los golpistas, los terroristas, los puchos, los comejenes, los regala patria, las charbascas, los residuos, las minucias y toda expresión que los reduzca a lo que son, la nada, porque la nada, nunca podrá contra un todo, devastador.

La agonía de la derrota conduce a quien la padece a la desesperación y la desesperación nunca permite la más mínima cercanía con la realidad, porque dejas de pensar en frio, porque solo te hace ver el problema y te distancia de la solución, porque te saca de quicio cuando vez que otros actúan responsablemente y vos no, porque envidias y maldices el éxito de los demás, porque te concentras en la venganza contra aquellos a los que tratas como enemigos y a los que llegas a desear tanto mal que al final quien termina siendo envenenado por el odio es quien visiblemente lo muestra y hay que admitir que hay quienes se sobran a la hora de proyectarlo desde esos medios de comunicación que conocemos.

La victoria es ganar y se gana en los deportes o en la guerra. Si alguna vez ganaste algo, lograste una victoria. Los ganadores de las elecciones, los partidos de fútbol, los partidos de ajedrez, todos los que los han ganado, han logrado victorias. En la guerra militar o política, también hay victoria (al menos eso dicen). Las personas que superan una enfermedad como el cáncer también lo consideran una victoria.

Alcanzar la victoria es también haber perdido batallas, es haber retrocedido, es haber cedido, es haber dado más valor a la razón que a la fuerza, pero la derrota, que además es huérfana, porque nadie quiere cargar con ella, es otra cosa porque aun sabiéndote totalmente derrotado no lo admites y entonces entras en una nebulosa donde solo das lástima y es cuando empiezas a desvariar, a decir sandeces y locuras que te salen de un hígado cirrótico que te pinta como un individuo cancerígenamente podrido y desahuciado por el que ya no se puede hacer nada y al que hay que concederle piadosamente, aunque quizá no lo merezca, que se vaya a morir ciudadanamente a cualquier parte porque la metástasis del odio ya lo invadió todo.

Desvarían los que están en el lecho agónico de la derrota cuando por ejemplo hacen uso frecuente de frases como estas:

“LA POLICÍA ESTÁ ASEDIANDO”:

El asedio es un bloqueo prolongado como la etapa previa a un asalto y aquí quienes asedian constantemente a Nicaragua son los que van a Washington a pedir sanciones que tengan como fin pulverizar la economía de Nicaragua y de sus ciudadanos. Del otro lado de la mentira lo que realmente existe es la disposición vigilante de nuestros azulitos para dar seguridad al país de que aquí el terrorismo no nos asediará más.

“LA POLICÍA SECUESTRA”:

Solo aquí los derrotados pueden parir una frase tan brutal y tan ignorante como la referida. Un secuestro es un delito contra la libertad porque priva de ella, de forma ilícita, a una persona o grupo de personas, normalmente durante un tiempo determinado, con el objetivo de obtener un rescate o el cumplimiento de otras exigencias en perjuicio del o los secuestrados o de terceros extorsión.

Las personas que llevan a cabo un secuestro se conocen como secuestradores o plagiadores, no son ciudadanos honestos menos aún “prisioneros políticos” y, en consecuencia, aun habiendo cometido cualquier otro delito, la policía los detiene, no los asedia y si la policía se los lleva detenidos no los secuestra, simplemente van presos para ser investigados y de ser culpables van a juicio y si los condenan por su crimen pues van a un hotel con todos los gastos pagados que en nuestro caso se llama Sistema Penitenciario.

“LA DICTADURA SANDINISTA”

Que concepto ese de dictadura el que tienen. Oír eso es una patada a la inteligencia y se la pegan incluso a individuos que internacionalmente repiten como lora una mentira que por sí sola se cae. Para mi gusto, por muchísimo menos de lo que estos terroristas nos hicieron en una dictadura sin pruebas y sin juicio los tendría hospedados en la cárcel y si lo que ha pasado aquí hubiese sucedido en el imperio, Donald Trump, que es un paradigma para los peleles criollos, ya los hubiera puesto en la silla eléctrica.

“LA DIÁSPORA NICARAGÜENSE”

La diáspora es la dispersión por el mundo de grupos humanos que se han visto obligados, por distintas causas, a abandonar su lugar de origen. Esas causas existieron cuando los somocistas de ayer se dieron a la fuga y después de estos otros, por efecto de la guerra de los ochentas y luego aquellos que por la situación económica del país siempre estuvieron migrando y emigrando y después del 18 de abril, otros somocistas que aterrorizaron al país y que también se fueron huyendo por el peso de sus crímenes, se fueron mezclar con los que ya estaban en Miami y Costa Rica y ahora los que ya perdieron le llaman a eso, manipuladamente, “La Diáspora” cuando en realidad se trata de una figura a través de la cual gentes que ya conocemos hacen negocios con los indigentes que duermen en las calles de San José, Costa Rica o andan posando en la llamada capital del sol y para sus efectos ahí está el delincuente de Álvaro Leyva, usurpando el nombre de la desprestigiada ANPDH y ahí está Gonzalo Carrión, que se le fue arriba a la Vilma Núñez de Escorcia porque la “diáspora, es un negocio más que efectivo para algunos oportunistas.

“VAMOS GANANDO”

De todas las frases locas que uno escucha sin lugar a dudas esta es la que más llega a Condorito. La repite valientemente desde un poltrón en Miami, Jaime Arellano, en un programa vía Internet que ante la palmazón quiere cobrar U$ 24.00 dólares por mes, a quien lo quiera ver y es paradójicamente una ametralladora que apunta más a quienes ya están derrotados, que aun sandinismo victorioso que no se detiene a escuchar pingüinadas que generalmente terminan en llantos a moco tendido.

Vamos ganando, dice Jaime Arellano y otro montón de auto engañados que se creen, de tanto repetirlas, sus propias mentiras.

¿Pero qué es lo que van ganando?

La ira de los nicaragüenses; la indignación y la repulsa de todo un pueblo; los verbos que les lanzan por habernos tumbado lo bien que andaba nuestra economía; La lástima con que el mundo los empieza a observar pues al final terminaron siendo estafadores, porque embaucaron a gobiernos serios con el cuento de que Nicaragua era un infierno y ahora se dan cuenta que era una vil y criminal mentira.

Gracias al Creador aquí hacemos caminos en medio del mar. Aquí la justicia divina nos asiste al mantenernos en pie y eso es lo que nos hace disfrutar del éxtasis de la victoria para ver con la piedad del perdón, a los que a pesar de tanto daño que nos hicieron, hoy padecen la agonía de la derrota.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.