Envueltos en papeles brillantes parecieran pequeñas barras de oro y plata, pero en realidad son deliciosos chocolates que un grupo de jóvenes mujeres, socias de la Cooperativa La Campesina, ubicada en el municipio de Matiguás, elaboran a base de cacao orgánico.

La materia prima es aportada por otro grupo de 30 productoras, quienes desde las plantaciones de ese cultivo, reconocen la importancia de su contribución para el desarrollo económico en el municipio y en sus hogares.

En sus comunidades estás mujeres son vistas como emprendedoras y gracias a ellas la cooperativa La Campesina, de la que todas son socias, está diversificando su oferta en el mercado local con miras a incursionar con un nuevo producto en el mercado internacional.

En las zonas rurales de Matiguás, las mujeres son el sostén de sus hogares y han logrado integrar a cada miembro de sus familias a las labores productivas del cacao, cuidando siempre de no destruir el medio ambiente, ni derrochar los recursos naturales.

En la finca El Edén, en la Comunidad Maceras II, doña Josefa Pravia, recuerda que antes el cacao era un rubro que no generaba muchos ingresos a la familia.

Sin técnicas de manejo apropiado de las plantaciones, la inestabilidad de los precios internacionales y el acoso de los intermediarios, hacían que el grano no fuera bien pagado a los productores.

Pero con el nacimiento de la cooperativa La Campesina, la realidad de muchas mujeres dueñas de pequeñas y medianas parcelas cambió.

Por medio de la organización cooperativa las mujeres fueron capacitadas y con el acompañamiento de instituciones de Gobierno como el Marena, Inta, Magfor y Ministerio de la Economía Familiar, han logrado aumentar considerablemente la renta de la siembra de ese producto.

La diferencia la están marcando las mujeres, quienes entusiasmadas por su empoderamiento como productoras y generadoras de ingresos, han logrado integrar a todos los miembros de la familia en los trabajo de siembra, mantenimiento de la plantaciones, recolección del cacao y el proceso posterior de preparación del grano para convertirlo en chocolate.

“Ahora que el cacao nos está generando buenos ingresos, estamos empeñados en que nuestros hijos conozcan todo lo relacionado con su manejo. Aquí con mis hijos e hijas vamos a trabajar en las plantaciones a darle mantenimiento, a cortar el fruto y eso nos ayuda a toda la familia para que vivamos mejor ahorita y en el futuro, porque todo esto va a ser de ellos”, explica doña Josefa.

Abner Páez, hijo de doña Josefa, asegura que con el cacao la familia ha logrado salir de la pobreza, “es un cultivo alternativo viable que ha mejorado los ingresos familiares”, aseguró.

De igual manera, Abner está consciente que la incorporación de las mujeres al trabajo en las plantaciones, está generando más que buenos resultados.

“Se le está dando el lugar que la mujer merece, no solo está en la cocina o haciendo los quehaceres, ahora es tomadora de decisiones, y está a la par de los hombres viendo los problemas de la producción y buscando las soluciones en conjunto”, comentó.

A juicio de doña Josefa las mujeres ahora sí contribuyen al desarrollo económico del país, “porque compartiendo el trabajo se genera más ingresos y se logra una mayor inserción de la familia”.

Desde la finca hasta la planta de procesamiento ubicada en la Cooperativa La Campesina, un grupo de 8 jóvenes mujeres trabajan de sol a sol para preparar un delicioso chocolate que comercializan bajo la marca Mussy.

En la pequeña planta las mujeres se encargan de todo el procedimiento, que comienza con granos de cacao que son tostados y luego procesados en diversas maquinarias para transformarlo en chocolate.

Elieth Sosa, coordinadora del grupo de jóvenes, asegura que las mujeres se sienten agradecidas porque se les ha confiado el procesamiento del cacao, que es la materia prima de la cooperativa.

“Nos dieron la oportunidad de procesarlo y llevarlo al producto terminado que tememos el chocolate y esa es una gran responsabilidad ya que se trata de un producto alimenticio para consumo de muchas familias nicaragüenses”, comenta.

“Es una oportunidad grande porque como somos personas jóvenes y mujeres, es un mundo nuevo ya que no teníamos conocimiento de cómo elaborar chocolate”, explica Elieth, detallando que en el emprendimiento laboran unas 40 mujeres.

Damarilis Chavarría, otra joven emprendedora que trabaja en la cooperativa, explica que la experiencia con el procesamiento del cacao contribuye a su formación profesional y a generar ingresos para la manutención de su familia.

“Antes no teníamos opciones de trabajo, pero este emprendimiento nos ha permitido ampliar nuestras capacidades, desarrollarlas y fortalecerlas conllevando desarrollo profesional a nosotras y beneficios económicos a nuestras familias”, aseguró.