Ante 200 mil fieles de los movimientos católicos que lo aclamaban, el papa Francisco dijo que los líderes globales, en la crisis actual, “se preocupan por los bancos y no por las familias que se mueren de hambre”.

“La política se ocupa de finanzas y de bancos, no de los que tienen hambre. No interesa si la gente no tiene nada ”, agregó Francisco frente a la más grande multitud reunida en el Vaticano en sus dos meses de pontificado.

El Papa habló a la multitud y prefirió improvisar saliéndose del texto previamente preparado.

“Si caen las inversiones, los bancos, todos dicen que es una tragedia. Si las familias están mal, no tienen para comer, no importa …¡Esta es nuestra crisis!”, dijo el Papa.

“La Iglesia pobre para los pobres está en contra de esta mentalidad”, agregó haciendo explotar el entusiasmo de los miles de jóvenes que agitaban pañuelos y gritaban: “¡Francesco, Francesco!”, “¡Francisco, Francisco”!

Novedad y unidad

A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, quiso reflexionar el pontífice sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

"La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control (..). Y esto nos sucede también con Dios.

El papa añadió: "Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos".

"Preguntémonos -continuó-, ¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios"?¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo?. ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?".

La segunda idea es, explicó el papa Francisco, que el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, "porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía".

En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo, dijo.

Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad, refirió.

Y advirtió: Cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, "provocamos la división"; y añadió: Cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, "terminamos por imponer la uniformidad, la homologación".

Si, por el contrario -continuó-, "nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia".

Por último, el papa recordó que los teólogos antiguos decían que el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar y la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu.

Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante, aseveró.

El Espíritu Santo -sostuvo- nos introduce en el misterio del Dios vivo, "y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo".

El papa argentino señaló que lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar.

"El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión", concluyó.

"Sirven los testimonios y no los maestros"

El Papa apareció desde una de las puertas sobre la plaza parado a bordo de un jeep y recorrió los senderos abiertos entre la multitud. Con un carisma que crece y atrae como un imán a los fieles, Jorge Bergoglio saludó desde el “papamóvil” blanco y abierto, lo hizo detener para estar cerca de los discapacitados, besó los bebés y chicos que le acercaban sus custodios que caminan y trotan a su lado.

El “papamóvil” siguió su recorrido y vino la fiesta del encuentro directo de Francisco con los fieles. La “vuelta olímpica” de Jorge Bergoglio, como la llaman, finalizó en la explanada y comenzó la ceremonia de la vigilia de Pentecostés, cuyo momento culminante fueron el discurso del pontífice y sus respuestas a cuatro o cinco preguntas que le hicieron los representantes de los movimientos católicos.

Francisco destacó que contra la mentalidad del mundo financiero que se muestra egoísta “debe ir la Iglesia”. Lo debe hacer “con su testimonio, porque sirven los testimonios y no los maestros”.

El discurso y las improvisaciones duraron 38 minutos, su más larga intervención en su papado. Cuando se sale hacia la gente “puede ocurrir algún incidente, pero prefiero una Iglesia accidentada antes que una Iglesia enferma, cerrada como una habitación a la que en un año entero no entra el aire”, comentó.

Condenó “una Iglesia encastrada en su inseguridad y en sus estructuras caducas, que hacen prisionero al mismo Cristo”. Y llamó a encontrarse “con los que no piensan como nosotros, los que no tienen nuestra fe”, sin que ello signifique “negociar nuestra pertenencia”, sino enaltecer la conciencia de que “todos tienen algo en común: son la imagen de Dios”.