Han pasado ya poco más de dos meses desde que tuve el honor de haber estado en la celebración en Managua de los 40 años de la Revolución Sandinista. Con intención y con dificultad dejé que pasara tanto tiempo para escribir estas líneas antes de comentar mis impresiones. No me gusta escribir recuerdos embargado de emoción, prefiero hacerlo con la pausa que debería dar paso a la razón. Pero no. No. La exaltación sigue intacta en mí. Y la razón le da la razón a mi emoción: el 19 de julio de 2019 ha quedado fijado en mi ser como uno de los más grandes momentos de mi historia vital.

Estuve en la celebración como representante del Partido Comunista de Finlandia -del que soy vicepresidente- y del Partido de la Izquierda Europea. Pero nada de esto hubiera sido posible sin la amable invitación del Gobierno de la República de Nicaragua, al que transmito mi más profundo agradecimiento.

Bajo un alegre sol, pero sin un calor muy severo, la inmensa Plaza La Fe estaba abarrotada de decenas de miles de personas. Nicaragüenses de todos los departamentos del país y delegaciones internacionales de América Latina y del mundo reunidos para conmemorar uno de los eventos sociales y políticos más importantes de la historia de nuestra América Latina. Es de resaltar la excelente organización, el tempo y contenido de los discursos y la alegría marcada con la música y el baile. Una fiesta de un pueblo valiente que está más unido que nunca entorno al FSLN y al comandante Daniel Ortega. Era evidente que este pueblo no se dejará sorprender otra vez por el imperialismo de los Estados Unidos ni por la complacencia cobarde de la mayoría de los países europeos. Sin embargo, después de la celebración me embargo una duda: a pesar de que son miles las personas reunidas en esta plaza ¿puedo de alguna manera extrapolar a toda la población del país este claro apoyo al Sandinismo?

Ya había decidido quedarme unos días más después de la celebración, no solamente para el disfrute emocional y espiritual de la belleza de la patria de Sandino. Pero ahora estos días extras se convirtieron en una misión para conocer gente, para tener más datos que corroboraran la impresión que tenía de que Nicaragua está con Daniel, de que el país está más que nunca con el Sandinismo y sus valores actuales.

Descubrí a un pueblo profundamente religioso que al mismo tiempo comulga con los valores teórico-prácticos de la izquierda. Esto es algo que a los europeos sorprende: ellos creen que ser de izquierdas, ser socialista implica abandonar el misticismo, la espiritualidad, el sentir del alma y el ritual religioso. No creo equivocarme si digo que la vicepresidenta Rosario Murillo es un ejemplo claro de esta justa -y para mí lógica y necesaria- combinación de una moral piadosa y el humanismo revolucionario.

Descubrí también a una juventud alegre, moderna y políticamente muy preparada. Una vez más me es inevitable comparar Europa y Nicaragua. En Europa la juventud tiene una cultura política que me atrevo a llamar bipolar: o bien se preocupan por el medio ambiente o lo hacen por la inmigración y sus consecuencias. En ambos casos el punto de vista parte de un pesimismo casi apocalíptico. Tienen los europeos una visión atrapada en un pensamiento cerrado, agónico, ansioso y afligido que los lleva a proponer soluciones que son muchas veces exageradas y extremas y, por ende, equivocadas.

La juventud nicaragüense me parece más cosmopolita que la europea, conoce mucho más allá de lo que pasa dentro de su frontera. Es capaz de unir cabos y buscar conexiones lógicas entre hechos aparentemente inconexos. Entiende la política allende los parámetros derecha-izquierda. Es crítica, pero no concluye bajo el dictado del desánimo y la desilusión. Vive el presente, pero tiene visión de futuro. Una visión donde no se está solo o sola, sino como perteneciente a un colectivo, a una sociedad con valores éticos y morales comunes. Y esta juventud encuentra en el Sandinismo un marco dentro del cual puede expresarse, aportar y poner en práctica nuevas ideas útiles para toda la sociedad. Aprovecho aquí, con la modestia que un simple profesor de una universidad nórdica debe profesar, recomendar al gobierno nicaragüense que no escatime en recursos para garantizar la máxima calidad en los estudios, desde la infancia hasta las universidades, sin olvidar la formación profesional y de capacitación. Estos jóvenes perfectamente preparados y ya como profesionales deberán también recibir una remuneración adecuada al papel y responsabilidad que tengan. Háganse todos los esfuerzos posibles para que no tengan que emigrar, para que puedan cumplir con su misión, obligación y con la vivificante tarea de seguir construyendo Patria.

Pues sí, sin duda concluyo que la juventud que estaba en Plaza La Fe era en gran medida representativa de la juventud en general. Pero, no todos eran jóvenes. En el acto de celebración había mucha gente con una edad ya más cercana a la de quien escribe esta remembranza. Y con ellas y ellos también hablé dentro y fuera del ámbito de la celebración para intentar saber que tan cerca se sentían del Sandinismo. La proximidad en la longevidad me permitió comparar sus experiencias en 40 años con las mías. Coincidimos en que la Revolución ha tenido sus altos y sus bajos. Altos por su eficacia al mantener los principios fundamentales del socialismo y bajos cuando se alejó de ellos o cuando se apoltronó en la comodidad del que cree que el trabajo está hecho. No comparto la idea de que “no hay mal que por bien no venga” que varios me expresaron para argumentar que ahora la Revolución está más fuerte que nunca debido al intento de golpe de abril del año pasado y los actos de violencia que se alargaron durante tiempo. Para mí y para cualquier defensor de la paz y los canales diplomáticos, aunque solo hubiera habido una sola víctima (fueron muchas), sea esta inocente o no, no puede servir de argumento para relanzar los ideales revolucionarios. La traición interna auspiciada y apoyada por los Estados Unidos fue la consecuencia lógica de lo que sucede cuando un proceso de izquierda revolucionaria flirtea con el capitalismo, quizás por inocencia, buenismo o por abandono del estudio del marxismo. Dicho esto, es incuestionable que la Revolución Sandinista está si no más fuerte que nunca, en un punto cálido de su historia. Y aprovecho este vocablo “cálido” para introducir otro aspecto que quizás a muchos lectores y lectoras encuentren atractivo: Nicaragua, su gente y su naturaleza.

Es absolutamente deplorable la propaganda en contra de Nicaragua que tenemos que sufrir aquellos que no tenemos la suerte de despertar cada día allá donde nació el Príncipe de la lengua castellana. Garantizo que Nicaragua es un país seguro para el turista, para el extranjero, para aquel que por una razón u otra visite la patria de Rubén Darío. Emplazo a todo el que esté leyendo este escrito a que trabaje por hacer llegar al mundo este mensaje: bienvenido a Nicaragua, los y las nicaragüenses están esperando con los brazos abiertos. La gente es amable, risueña, afectuosa, de una cordialidad tal que sorprende, especialmente al europeo que está rodeado de personas egoístas y malhumoradas. Es un país ideal tanto para el viajero urbano como para aquel que prefiere escaparse en la naturaleza. Ideal también para el viajero solitario o solitaria, así como para aquel que viaje en familia con niños. Y, permítaseme un toque informal y romántico: es un lugar excelente para aquellas parejas que deseen inspirar sus deseos en un ambiente de extraordinaria sensualidad ya que ¡Nicaragua es caliente! Los sentidos son puestos a prueba de la mejor manera y siempre se acaba experimentado algo que se quiere volver a sentir.

Hay ciudades coloniales como Granada que sería el lugar ideal de retiro para cualquier extranjero. O para la o el joven aventurero que desee pasar un razonable período de tiempo en el país y, por ejemplo, aprender español. Por cierto, los nicas tienen un riquísimo vocabulario, una muy peculiar forma de verbalizar sustantivos que le da una modernidad a la lengua de una forma que no se escucha en la patria de origen del idioma.

León es también encantadora, ahí con el encanto del mar cercano. Si lo que atrae al extranjero es el mar, pues Nicaragua tiene dos océanos y decenas de islas que son sencillamente paradisíacas. Y todo limpio, seguro y muy accesible al presupuesto de cualquier turista. Dedicaría muchas líneas a hablar de la comida, pero lo resumo en dos palabras: pescado y maíz. En cuanto a la bebida sabía ya de las bondades del ron y del café. Lo que no sabía es que en Nicaragua hubiera tan buena cerveza.

Nicaragua te marca, deja en uno una huella. Tras haber pasado unos días, a nuestro ser se le incrusta dentro un trocito de Nicaragua. Y eso me pasó a mi y no estaba seguro si era algo pasajero por la emoción de la experiencia de la celebración revolucionaria. Pasaron dos largos meses, me asenté en la rutina de mi hogar que está en esta fría Finlandia y quise aparentar que mi estancia en Nicaragua era como cualquier otro de mis tantos viajes de carácter político. Pero no, así no fue.

Nicaragua se quedó en mi como uno de sus volcanes. A veces está durmiente pero activa, otras hace erupción y sale con todo su esplendor humano envolviéndome de alegría y de ganas de de volver a vivirla, incluso más allá de la política.


Jyväskylä (Finlandia) 20/9/21019

* Profesor universitario encargado de los Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Jyväskylä, Finlandia. Vicepresidente del Partido Comunista de Finlandia (SKP)

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