I

El mundo recibió como una excelente noticia que John Bolton, el último desfasado ultramacartista de enorme influencia en la Casa Blanca, haya sido corrido con un tuitazo fulminante al hígado, que es de donde salen los odios más obstinados y las guerras insensatas.

Fueron apenas 21 palabras que acabaron con la soberbia y el enaltecimiento de un tipo que se creía dueño de la verdad, de la democracia, de los “valores occidentales y cristianos”, y de cómo deben “comportarse” los presidentes, las naciones y los pueblos de la Tierra.

Cae, pues, uno de los semidioses de la megaderecha local. La mentira está de duelo y la verdad de fiesta.

El General Augusto César Sandino, en su Manifiesto del 1 de julio de 1927, rechazó meridianamente lo que algunos comandantes, cuadros y ministros –que posteriormente abandonaron el sandinismo– se complacieron en practicar durante su arrogante paso por el poder en los años 80: “Nadie en la tierra tiene derecho a ser semidiós”.

Y lo que suena muy bien para Bolton y la ultraderecha, por supuesto que también incluye a la izquierda, a cualquier tendencia ideológica, y cargos, no importa rango y nivel, si es gubernamental o no gubernamental; civil o militar.

Bolton contribuyó desde los tableros de mando de los ultraconservadores republicanos como Reagan y Bush, a que el planeta fuera más convulsionado. De hecho, es uno de los progenitores directos de la radicalización de integristas islámicos que derivaron en el llamado ISIS, tras los conflictos alentados por sus endemoniados consejos en calidad de trastornado asesor guerrerista.

Es, además, un ejemplo de cómo la mentira sirve para deshacer,  destruir y empeorar todo. ¿Acaso no fue montado sobre la montaña de difamaciones y embustes que sujetos sin escrúpulos ni representatividad nacional apuntalaron el fallido golpe de Estado entre abril y julio de 2018?

¿Cuántas vidas se hubieran salvado si la derecha radicalista, “célica” y mundana, no hubiera atropellado el VIII Mandamiento de la Ley de Dios?

Jesucristo revela quién es el instigador de la falsedad. Dirigiéndose a los fariseos de ayer y al sanedrín de hoy, les espetó en su cara, sin recurrir al infernal lenguaje sibilino de los mata-riendo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

Nótese que el malvado ejercitado en la calumnia no tiene reparos en provocar muertes, porque para él no importan los medios, sino el fin. Jesús utiliza el término “homicida”, para darnos el identikit preciso.

II

Las agencias noticiosas que antes tomaban como artículo de fe lo que dijera Bolton, ahora se desmarcan del funesto purgado: “Bolton fue uno de los promotores del falso argumento sobre las armas de destrucción masiva que llevó a la invasión de Irak en 2003”.

Y quien miente una vez, y no se arrepiente, hace de la máscara y la falacia parte sustancial de su ruin existencia.

Como todo mentiroso, incapaz de ser medianamente original, Bolton sacó su furibunda narrativa no de sus neuronas –a ese nivel solo trabaja la bilis y otros órganos de la miseria humana– sino de Ronald Reagan y los Bush. Así, en un tosco plagio, sin ningún matiz para su encumbrada posición, tomó aquello del “eje del mal” que justificara las operaciones en Corea del Norte, Irán e Irak, para reciclarlo en 2019: “eje” por "troika” y “mal” por “tiranía”, en alusión a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Como se ha comprobado en Nicaragua, los que más quieren la guerra son los más cobardes a la hora de ponerse al frente. Cuando el odio y el rencor –y las víctimas de las mentiras arrojadas en las redes sociales degradadas en cloacas– se aliaron para imponer los tranques armados, los señoritos del cálculo, la ingratitud y la codicia no llegaron a rebajarse tanto. Sus “tranques divinos”, según la jerga del señor Báez, eran las pasarelas mediáticas, las poses, la demagogia y las portadas.

Por eso Bolton goza de la admiración de las conciencias subalternas en nuestro país. En su insípida biografía, medios internacionales ofrecen este patético detalle: “se alistó en la Guardia Nacional, pero no fue a la guerra de Vietnam y se le atribuye la cita de que  ‘no quería perder la vida en el arrozal de ningún país asiático’”.

Se le ha considerado un “ideólogo”, pero eso es demasiado estatus para un bravucón, quien solo piensa en resolver todo no con la cabeza, sino con el casco; no con la verdad, sino con la infamia, no en la mesa de negociaciones, sino en las trincheras estúpidas del diablo: la guerra.

Tan maligno y falto de sensibilidad humana es Bolton que enfiló sus baterías contra la Corte Penal Internacional y las Naciones Unidas.

En 1994 dijo algo que solo a Hitler y a las hienas de esa estirpe se le pudieran imputar. Tal idea perversa también valida su calidad de coautor de los terroristas ISIS. Si los predecesores del Estado Islámico no  se lo agradecen, al menos se saben los resultados de la inspiración que supusieron sus palabras para planificar los ataques a Las Torres Gemelas: “no pasaría nada si desaparecieran diez pisos del edificio de la ONU en Nueva York”, publicó la prensa.

Si del calibre de ese misil es su desprecio a la vida humana, la que se vive nada menos que en Nueva York y la sede de la ONU, ¿cuál es su “tierno” aprecio para los países latinoamericanos?

III

Bolton fue uno de los artífices de la agenda para asesinar la reputación de Nicaragua, sin que nuestro país se constituya en una “amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos”. El “peligro” nicaragüense es tan real como el mismo que “sufriría” la Unión Americana en manos de los Boy Scouts.

El Ejército Nacional es más pequeño que el de Costa Rica. Este cuenta con mayor volumen de tropas, armas y fuego. Ya en 2017 una investigación del periodista Miguel Ángel del Hoyo revelaba que el presupuesto destinado a mantener la leyenda folklórica de la “abolición” de las Fuerzas Armadas, superaba por mucho la suma de todos los egresos en esa materia en Centroamérica.

¿Qué son US$ 84.4 millones (2019) del EN del país de lagos y volcanes frente a los US$ 950 millones que en 2016 recibió la Seguridad Nacional de Costa Rica?  Y los gastos militares aumentan cada año.

Profesional de la mentira con dormida adentro, Bolton no representa con semejante antivalor al pueblo de los Estados Unidos, y sin duda tampoco a muchos altos cargos en la Casa Blanca, el Capitolio y agencias.

Si fuera lo contrario, no hubiera amenazado con dejar sin empleo a los que no se sometieran a su vasto catálogo de engaños.

Las informaciones indican que cuando asumió la teoría del “eje del mal”, mantuvo bajo presión al Departamento de Estado y la CIA “para despedir a quienes no validaran las acusaciones más radicales contra esos países, según un análisis de documentos oficiales que hizo, en 2008, John Prados, de la Universidad George Washington”.

El finado escritor, Carlos Fuentes, al comentar la guerra prefabricada contra la antigua Mesopotamia, consideró: “El elector de EEUU, al fin, se dio cuenta de que la guerra de Irak se basó en un rosario de mentiras. Sadam no tenía armas de destrucción masiva, lo que tenía era petróleo y el vice Cheney es tributario permanente de la poderosa petrolera Halliburton”.

Pero, qué decía el deshonesto Bolton en un discurso en 2002: “Estamos seguros de que Sadam Husein ha escondido armas de destrucción masiva”.

Estas son las credenciales del Señor Patraña. Todo el discurso contra Nicaragua se ha tejido con esa abominable madeja: la de la vileza.

El propio presidente Trump, con nueve palabras, resumió en mayo pasado (NYT) el espíritu inmundo de Mr. Lie; espíritu que respiran los ultraderechistas de Nicaragua:

Si dependiera de John, ya estaríamos en cuatro guerras”.

Con cuatro Bolton más fuera de la Avenida Pensilvania se desinfla la chimbomba de “la crisis de Nicaragua”.