Sin preparación académica, sin grandes conocimientos técnicos acerca de la producción de aves de corral, e incluso sin el respaldo -en algunos casos- de sus esposos, estas mujeres han logrado sacar adelante un proyecto que hoy es digno de ejemplo en toda la isla.

“La Flor del Progreso”, nombre que lleva la cooperativa, sintetiza en pocas palabras las esperanzas que estas isleñas cifraron en el proyecto.

Con un fondo inicial de 630 mil córdobas donados por el programa COSUR, que ejecuta el Gobierno del Presidente Daniel Ortega, a través del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), en el departamento de Rivas, hoy la gran avícola marcha viento en popa.

La propiedad donde se ubica la granja no es muy grande. Si acaso tiene unos 20 metros de ancho por unos 40 metros de largo, pero allí, en un galerón que abarca más del 60% del terreno crían unas 600 gallinas ponedoras.

La producción, según cuentan las 14 socias de la cooperativa, es muy buena ya que diariamente sacan un promedio de 12 cajillas de huevos, con lo cual abastecen una pequeña parte de la cada vez más creciente demanda de la isla.

En la sección izquierda de la propiedad, en un pequeño cuarto a medio construir, se ubica una planta procesadora de alimentos balanceados. Esta fue donada también por el programa COSUR y la esperanza de las socias es que ayude a disminuir los costos productivos.

Destacan apoyo económico y asistencia técnica

Las emprendedoras cuentan que para sacar adelante el proyecto ha sido fundamental no sólo el apoyo económico, sino también las capacitaciones técnicas que les impartió el IDR, acerca de la producción avícola.

“Vimos las condiciones y las ventajas que nosotras como mujeres podíamos tener con un proyecto como éste. Hemos aprendido muchas cosas. En un principio nos ayudaron los técnicos, pero ahora todo lo hacemos nosotras solas”, dijo con orgullo Yahaira Alemán Mora, presidenta de la cooperativa.

Alemán aseguró que los ingresos de la granja superan actualmente los 30 mil córdobas mensuales, lo cual podría duplicarse en un futuro cercano, ya que tienen proyectado comprar próximamente 400 aves de corral más, con lo que estarían llegando a 1 mil gallinas ponedoras.

Crecimiento personal

Un aspecto que destacan estas mujeres es el crecimiento personal, pues antes de fundar la cooperativa dependían ciento por ciento de sus maridos. Hoy no solamente tienen sus propios ingresos, sino que también se han convertido en soportes fundamentales de la economía de sus familias.

“Esto nos ha ayudado a valorarnos a nosotras mismas. Nuestra autoestima se ha levantado. Aquí tenemos mujeres que han peleado incluso con los maridos porque ellos no querían que dedicaran tiempo a la granja”, afirmó la presidenta de la cooperativa.

Un ejemplo de esto último es Norma Ortiz Potoy, de 42 años. Ella cuenta que su marido era contrario a la idea de la cooperativa, pero que poco a poco se fue convenciendo de la importancia de la misma.

“Este proyecto ha representado algo muy bueno para nosotras y nuestras familias, antes no teníamos nada, ahora tenemos esto que es nuestro. Mi marido al principio estaba renuente, pero en el trayecto él ha llegado a apoyarme e incluso me acompaña acá en el trabajo”, destacó.

La edad tampoco es impedimento para involucrarse en las labores de la granja. María Hipólita Alemán Carrillo, de 60 años, es un claro ejemplo de ello.

“Nosotras trabajamos 24 horas. Limpiamos los animales, les damos comida, y hacemos todo lo haya que hacer”, indicó Alemán.

“Yo siempre he trabajado como agricultora sembrando maíz, arroz y frijoles. Pero esto (la cooperativa avícola) mejoró mi economía. He visto el cambio, gracias a nuestro gobierno que nos apoyó a sacar adelante este proyecto”, añadió.

Entre las expectativas de la cooperativa está ingresar al mercado del destace y venta de pollo, algo en lo que han incursionado con mucho éxito en los últimos meses, aunque aún de manera esporádica.